viernes, 1 de julio de 2016

El taxista



Estoy apurada, con el gas vencido.
Son las dos.
Atienden hasta la tres.

Sos como yo, me dice el taxista,
se me vence todo.

Es un pibe con esposa e hija.
Le cortaron gas y luz varias veces.
Tiene el parqué levantado por un arreglo del consorcio.

Por el espejito retrovisor torcido
me promete llegar y acelera.

Una vez la suerte estuvo de su lado.
Su mujer sin trabajo, él con poco.
Un bolso olvidado en el asiento de atrás.
Veinte mil pesos, me dice,
y una imagen de la virgen.

Todavía cree que fue una señal divina
para cargar ese termotanque inalcanzable
en un changuito,
pagarlo en caja
instalarlo él mismo con orgullo,
bañarse, al final del día, como un rey.