sábado, 9 de enero de 2016

Caminantes

Ahora camina.
Como un cowboy anda por la casa a paso lento.
La veo irse a la cocina, alejarse de mí, despreocupada.

Pienso en las veces que quise ir a Luján
y no me tuve fe.
Esa vez que hubo paro y caminé como sesenta cuadras.
Los paseos por Colegiales con mi perra.
Mi viejo diciéndome piano piano...
El jefe que no quería pagarme viáticos,
pero me decía en cuánto tiempo debía caminar una cuadra.

Vuelve de la cocina.
Tiene una cebolla en cada mano.
Encuentra tesoros sin necesidad de mapas.
Cae sentada a mitad de camino.
Se ríe. Olvida las cebollas. Sigue.
Me agarra el dedo como si pendiera de un precipicio
y me lleva consigo.

Voy de su mano por la casa.
No me pierdo más.

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