jueves, 27 de agosto de 2015

Después

Cuando el viejo murió
fueron sus hijas en comitiva a la casa
a sacudir
a plumerear
a barrer la muerte de las baldosas.

Pusieron en bolsas negras
40 pulóveres apolillados
32 partes rotas de muebles
19 tiques de compras de tornillos.

Bajo la mesada
en el fondo del estante de abajo
encontraron una licuadora
con el plástico engrasado
lleno de moho.

Qué abandono, por favor.
Cómo podía vivir así.

Limpiaron todo y volvieron satisfechas a sus casas.
Y durmieron.

Lo harán tranquilas tantas noches
mientras el moho oscuro crece y crece
mientras la grasa escondida y miserable
espera
espera
espera el día
para ser revelada.

lunes, 17 de agosto de 2015

Mil combinaciones

Las noticias llegan.
El teléfono suena cada vez más amargo.
Primero el tumor y luego
los estudios, el tratamiento, la quimio, los rayos
y los hay que tener fe.

La última vez
estabas flaca como un junco.
Me regalaste un huevo de Pascua.
Habías hecho varios para ganarte unos pesos.
Me mostraste tu patio nuevo.
Estas son mis plantas, dijiste.
Verdes y tupidas, llenas de vida.
Hablabas del futuro
y tenías mil planes para ser feliz.

Ya no atendés el teléfono,
por eso te hablo por poema.
¿Escuchás cuántas personas
arrastran los pies por los pasillos?
¿Cuántos tubos de luz brillan
en tu cielo internado?

Pasé el domingo buscando fotos.
Ninguna de cuando te conocí.
Y nada de esa vuelta
cuando no pude abrir una valija
y probamos todas las combinaciones del candado.
Apenas una de la extraña postura
con que cebás mate, de parada,
otra de un Año Nuevo
muertas de risa, con estrellitas en la mano
y esta otra desde la ventanilla
mientras despedías mi micro en la terminal.

Mil planes que todavía resuenan en tu casa,
pero el futuro es un candado trabado.
Seguimos probando una a una las mil combinaciones.
Se nos acaban los números.
El futuro está roto aunque tengamos fe.