martes, 30 de junio de 2015

Nocturno II

De niña, leía a la noche
con una pequeña lámpara.
La nocturnidad estaba llena de letras
mientras el resto de las habitaciones dormía.

He andado de luna en luna
durante mucho tiempo.

De noche,
la mano sigue tanteando
de memoria
la pequeña y tibia luz del pasado.

Leo hacia atrás
—como los árabes—.

Salteo los finales.
Regreso.
Voy a los comienzos, las gestaciones.
La poderosa raíz asombra más que el roble.

Duda

La duda es un cuchillo
que aferramos con fuerza.
Buscamos asfixiarla.
Pero corta por la hoja y por el mango.

miércoles, 24 de junio de 2015

Nocturno

La noche es una cueva
con una piedra blanca en la entrada.
Piedra que brilla.
Piedra lunar.

Los hombres somos lobos.
Aullamos desde adentro.
Queremos salir,
resucitar.

Y nadie nos llama.
Nadie remueve la piedra.
El encierro perdura.
Solo queda aullar.

jueves, 18 de junio de 2015

Reseña: Poesías en camisón




Poesía
Poemas en camisón
Alicia Márquez
Edición de la autora
92 páginas
ISBN: 978-987-33-4148-9

¿Cómo es la poesía puertas adentro? ¿Qué máscaras caen en la intimidad? En su último libro, Alicia Márquez propone una mirada lírica despojada de toda vestidura —pero no por ello desnuda o descarnada—. Los poemas emergen naturales, sin maquillaje, fieles a eso que somos cuando estamos en casa, «en camisón». Lo íntimo está presente en todo el libro, desde la encuadernación artesanal, hecha a mano, a la vieja usanza, la tirada pequeña (de solo sesenta ejemplares), hasta la voz que se hace oír en cada poema con palabras simples, directas, cotidianas.

La mirada de Márquez es una, pero, a decir verdad, son múltiples las voces que resuenan en el libro. Las minorías y los marginados, los silenciados se hacen escuchar en poemas como «Apareció el bebé perdido», «Quebrao de pescado seco», «Lapidaciones» y «Mujeres», un verdadero himno a la belleza femenina real.

Noticias del diario, viejas fotografías, postales, cuadros, melodías, personas..., nada, por muy pequeño que sea, escapa a la mirada profunda de Márquez. Un poema dedicado a la naftalina («Acomodé todo el invierno en cajas / y arrojé, como quien no quiere la cosa, / blancas, redondas e inapelables bolitas. / Pero se me fue la mano») resulta un viaje al pasado del que no se sale indemne. Una visita a la ferretería («La ferretería es, a mi olfato, / el más delicado mercado persa, / con sus tapas de inodoro / laqueadas / y sus cepillos con los pelos de punta») termina en acto de magia. En una sala de espera («La gente no saluda. / Todos están suspendidos en el limbo»), hay perdedores y vencedores.

Por otra parte, la mirada exterior y la interior no se diferencian, más bien se confunden, se combinan. No hay límites claros. El afuera paisaje no es más que un claro reflejo del adentro humano, pero no a la manera de los románticos, sino a la manera marqueciana, atravesada por la ironía y el humor. Y estas últimas son salvíficas; sin ellas, la crudeza de lo cotidiano y el dolor propio de la realidad serían intolerables. El humor se convierte entonces en una redención: por el humor, lo trágico de la vida se vuelve amable y, en la oscuridad más cerrada, es posible que la palabra eche luz.

Poemas en camisón es un libro generoso: no pide nada al lector y, a cambio, se lo da todo. No exige bibliotecas enormes a cuestas ni consultas urgentes al diccionario; el fraseo es llano, accesible, franco. No esconde ni tergiversa. En pocas palabras, trata al lector de igual a igual, como un amante que, a punto de sacarse la última prenda, invita al juego del placer (acaso qué otra cosa es la poesía).

miércoles, 17 de junio de 2015

La SEA y la tecnología

Cuando se busca enfrentar la palabra a la tecnología, se pierde. Y no lo digo porque la tecnología sea mejor o más fuerte, sino porque no son opuestos. Se pierde por no comprender. La tecnología ha generado nuevas formas de discurso y no reconocerlas es grave, es no ver la totalidad. No reconocerlas es negar la realidad tal como es.

Odio (y no hay palabra mejor) que los escritores se pongan en un pedestal y digan cosas como: «Somos los guardianes de la palabra» o «No hay quien escriba mejor que nosotros». Yo misma lo he hecho en algún momento y ahora me arrepiento. Me censuro si el mero pensamiento amaga. No está bien. Los escritores somos alfareros. Hacemos vasijas de palabras, nada especial. No es una actividad mejor que la del panadero que hace obras de arte con harina, vamos.

Por eso, cuando me llega un mensaje como el que sigue de parte de la SEA, me hierve la sangre. Pararse en ese lugar y decir lo que dicen es no entender nada de la escritura.

Dicen, a modo de saludo por el Día del Escritor (las negritas son mías):

«Cuando la humanidad entera parece encaminarse a un lenguaje de ruidos, signos, caritas e interjecciones, obligada por programas de computación y comunicación tiranos, la literatura adquiere una significación socialmente aún más relevante que la que siempre tuvo. La revalorización constante de la palabra bien escrita es uno de los fines, también, de las organizaciones de quienes escriben. Y una de las maneras de celebrar al lenguaje escrito, bien escrito, es distinguir a sus cultores. Así lo venimos haciendo desde los primeros tiempos de a SEA en esta fecha del Escritor. Este año nuestro reconocimiento es para Luis Gregorich, Silvia lparraguirre, Paulina Juszko y Tomás Abraham, nuevos Socios Honorarios de la institución».
Mensaje de la SEA por el Día del Escritor (ya transcripto)

viernes, 12 de junio de 2015

Testigos

Dos mujeres arrastran un changuito
hasta la avenida.

Polleras recatadas, confeccionadas en casa.
Camisas desempolvadas con cuello bordado.

Arrastran una fe que se expresa en folletos
y aseguran
advierten
prometen
el fin del mundo.

El renegrido cabello, recogido.
Mechones rebeldes bajo invisibles.

Las dos mujeres son testigos
de la finitud.
Esperan de pie
con paciencia gatuna
e imposible optimismo.

Me pregunto si les gusta
el cine catástrofe,
si conocen a Moebius y su cinta,
si hacen reservas en los restoranes,
si van pagando una fosa en cuotas.

Conversan quedo y casi sin gestos.
La gente pasa de largo.
Siempre la misma cantidad de folletos.

Algún día,
entre una mañana y otra igual,
el fin del mundo abrirá su boca.
Será un cambio.
Y, mientras los demás corran, griten, lloren,
ellas romperán todos su folletos
liberadas,
tirarán papelitos.

miércoles, 10 de junio de 2015

Sobre la luz

Qué maravilla es la luz cuando está: forma sombras, se vuelve recta, diagonal..., atraviesa persianas bajas, pone color, anima a los vivos. La luz debería estar en la canasta básica. Artículo de primera necesidad.