jueves, 26 de marzo de 2015

Como una reina

La plaza.
Mira las palomas durante unos segundos.
El verano resiste todavía a mediados de marzo.
Está sentada en mi falda, pero yo no existo.
Solo esa paloma.
Y esa.
Y esa otra.
Y todas esas.
Qué hacen.
Qué milagro son esos animales.
A lo lejos, la calesita hace girar la infancia.
Su música llega entre bocinas y colectivos.
Ella estira las manos
quiere sentir el manojo de plumas
en su boca
lamer el ojo, el pico, las patas.
Las palomas siguen caminando
a sus pies.
No llega.
Por eso las ignora
como una reina
(todavía pequeña
en brazos
que no puede caminar).

Microficción al paso



Una genialidad en un transporte público.

Ayer me subí al colectivo. Pagué mi boleto, me senté y, ya descansada de la caminata previa, miré el techo. Allí decía, con la clásica letra temblorosa que se usa para los títulos de terror: «El último bondi. Fin».