lunes, 15 de diciembre de 2014

Una conferencia de Vargas Llosa sobre el Inca Garcilaso

Mi balance 2014

Llega diciembre y, con él, los balances. Mi año estuvo cargado de emociones. El nacimiento de mi primera hija, Julia Ema, me movilizó por completo. De eso, en verdad, se trató mi año.

En cuanto a lo literario, puedo decir que terminé de escribir mi segundo libro, cuya publicación sigue pendiente por el momento; asistí a varias lecturas de poesía, entre las que la de Las Pretextas sigue siendo mi favorita; fui a un par de presentaciones de libros de poetas amigas.

Pero se pueden hacer todavía otro balance literario: me puedo preguntar cuál fue el mejor libro que leí este año. No he leído tanto como hubiera querido, pero leí. Descubrí a Murakami. Leí con admiración Papeles al día, el segundo libro de Verónica Peñaloza. Me adentré en La cautiva, de Esteban Echeverría. Me enamoré de Poemas en camisón, de Alicia Márquez. Sin embargo, el libro que me deslumbró fue escrito hace añares, en el siglo XVI: La araucana, de Alonso de Ercilla.

Lo destaco por tres motivos:
  1. el autor tenía más de treinta años cuando publicó la primera parte (se puede publicar a cualquier edad);
  2. el autor era soldado, no escritor (cualquiera puede escribir, no es una actividad propia de quienes estudian la literatura académicamente);
  3. el autor era buen lector (prueba de que la lectura es la base de una buena escritura).
La factura de este poema narrativo es magnífica. Me encantaría escribir así, con esa fluidez narrativa, con esos versos tan naturales...

sábado, 13 de diciembre de 2014

Ella

Creció en mí.
No sé de qué patria ha venido.

A veces se queda mirando el aire
y sonríe.
Pienso en mis ancestros,
en la hermana que no llegó a conocer.
Sonríe a la nada. Ríe y mira
el rincón vacío.

Conoce mis entrañas más que yo.
Y no sé de dónde viene.

Se supone que soy su guardiana, su perra guía...
pero estoy ciega.

¿De dónde?
Sonríe otra vez.
Qué patria.

¿Sabrá de todos los barcos que encallaron
antes de su llanto vigoroso?
¿Sabrá de antemano nuestros nombres?
¿Sabrá la manera en que por las noches
echamos nuestros cuerpos corroídos por el día,
el olor secreto de nuestras almohadas?

Horadó mi vientre hasta hacer su nido
y ahora con ojos de pájaro
le hace muecas al aire,
a ese rincón.

Se supone que soy su guardiana,
un faro antiniebla, estrellita de Belén.
Pero qué sé de abrir caminos yo.

Ahora ella me mira.
Me mira.
Yo simplemente ladro, muevo la cola.