sábado, 31 de mayo de 2014

Sobre hablar bien o hablar mal

«—No puedo hablar bien —dijo Naoko. Me pasa desde hace un tiempo. Cuando intento decir algo, solo se me ocurren palabras que no vienen a cuento o que expresan todo lo contrario de lo que quiero decir. Y, si intento corregirlas, me lío aún más, y más equivocadas son las palabras, y al final acabo por no saber qué quería decir al principio. Es como si tuviera el cuerpo dividido por la mitad y las dos partes estuviesen jugando al corre que te pillo. En medio hay una columna muy gruesa y van dando vueltas a su alrededor jugando al corre que te pillo. Siempre que una parte de mí encuentra la palabra adecuada, la otra parte no puede alcanzarla».
Murakami, H. (2010). Tokio blues. Norwegian Wood. Buenos Aires: Tusquets Editores.

domingo, 18 de mayo de 2014

Fertilidad

A Julia Ema.

Me está creciendo una planta en el ombligo.
Va sacando hojas
tallos
alguna flor.
Todo va creciendo en secreto
bajo los pliegues de la ropa.

Me cubren las hojas
escalan por mi carne como por una pared.
Buscan aire y sol,
se elevan.

Puedo sentir los pequeños sonidos
de la savia en la noche,
el temblor de los tallos al estirarse,
la sombra verde y fresca.

Durante el día,
los tallos vigorosos,
el telar vivo de los brotes,
la promisoria clorofila.

El futuro lleno de pájaros.

lunes, 5 de mayo de 2014

Untref: conferencia de Jacques Ancet


La ambulancia

Extraño viaje
en el mar del tránsito.
De babor a estribor.
De estribor a babor.

El enfermo, quieto y asustado,
flota como un ahogado
sobre la camilla.

Y, entre los autos, avanza la sirena.
Ella canta,
pero todos la esquivan.
¿Con cera se tapan los oídos?

Sin cola
sin larga cabellera
y sin mitos,
hoy
su voz es melodía de dolores
que riman con la muerte.

Canto lleno de sal
que no seduce.

viernes, 2 de mayo de 2014

«La sirena», de Manuel Mujica Láinez (fragmento)



«Entonces la Sirena comienza a cantar para seducir al impasible, y las bordas de los tres navíos se pueblan de cabezas maravilladas. Hasta irrumpe en el puente Domingo Martínez de Irala, el jefe violento. Y todos imaginan que un pájaro está cantando en la floresta y escudriñan la negrura de los árboles. Canta la Sirena y los hombres recuerdan sus caseríos españoles, los ríos familiares que murmuran en las huertas, los cigarrales, las torres de piedra erguidas hacia el vuelo de las golondrinas. Y recuerdan sus amores distantes, sus lejanas juventudes, las mujeres que acariciaron a la sombra de las anchas encinas, cuando sonaban los tamboriles y las flautas y el zumbido de las abejas amodorraba los campos. Huelen el perfume del heno y del vino que se mezcla al rumor de las ruecas veloces. Es como si una gran vaharada del aire de Castilla, de Andalucía, de Extremadura, meciera las velas y los pendones del Rey». 
Mujica Láinez, M. (s/f). La sirena. 1541. Misteriosa Buenos Aires.