sábado, 27 de abril de 2013

Orquesta

El director sale a la terraza.
Mira al público de los edificios linderos.
Grave, de pantalón, zapatos oscuros
y camisa impecable.

Reverencia hasta el suelo
(hasta los broches).

Cierro los ojos, preparada.
Intuyo la música que sale de sus manos.
Ahora se acerca a la orquesta
montón de prendas blancas rectangulares.

Oh, ya mueve los brazos,
sube, baja, se posesiona

y la música ondea con el viento.

Abominable

Era una mujer abominable. Le faltaban los dientes y el cabello. No tenía lengua. No veía ni podía oler. Tan flaca, tan flaca que el sol no lograba proyectar su sombra. Tan liviana, ¡tanto! que en la playa no dejaba su huella en la arena. Nadie pronunciaba su nombre. Nadie la había amado. ¿Y qué decir de su vientre, que no gestaba descendencia alguna? Era abominable, pero un lector, al menos uno, la está imaginando.

miércoles, 24 de abril de 2013

Ratatatá

ratatatá, carrito de bebé
ratatatá, mujer de piernas largas
BUM cracracrac, amis
bumbumtachá, país

flores rojas, cabum
en la tierra, tachún
en la plaza del barrio, TUMB TUMB
en las calles, fiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiu
en las casas, uiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
en los refugios, BLUM TRAC


la nada

                el vacío

                             ¡EL DESGARRO!

[oh, y la sordera
la ceguera
la respuesta del miedo]

RATATATÁ


jueves, 18 de abril de 2013

Cajita de fósforos


La muchacha, que tenía una katana tatuada en el brazo derecho, entró en el viejo edificio maquinalmente. Eran las 10.28 de la mañana y llegaba tarde. El recibidor de planta baja era amplio y brillante. Estoy harta de esta mierda. Presionó el botón del ascensor y, finalmente, subió a la caja metálica. Podría estar en casa, escuchando música. Con esfuerzo, se acomodó la tira del bolso negro que llevaba.

Piso 1.



Piso 2.



Piso 3. Salió. Vio a la secretaria de la recepción. Maldita idiota; puta de oficina.


—Hola, Olguita. ¿Cómo te va? Qué cara...

Auriculares puestos. Metallica, Enter Sandman. Volumen 12. Buena canción para entrar en la oficina un día como ese. Lo sé. Hoy se termina todo.

—Ahí estás, Olga. Dejá tus cosas y vení a la oficina.
—No, así estoy bien.
—Como quieras. Decía porque vas cargada. Pasá, que necesito hablar con vos. Cerrá la puerta y sentate, por favor. ¿Qué tal el fin de semana?
—Bien.
—Claro, claro. Bueno..., te pedí hablar porque la empresa está pasando por un momento muy duro. La situación del país... Ni lápices tenemos. Bueno, vos y yo sabemos bien lo que está pasando. La cuestión es que... la empresa decidió llevar adelante algunas reformas. Para subsistir en el mercado, ¿viste? Vamos a reducir personal.
—¿Lo van a echar? Me alegro.
—No, qué decís, ja, ja... ¿Qué decís?

La muchacha se miró los borcegos y pasó la mano por el cierre del bolso que llevaba.

—Olga, Recursos Humanos te mandó el telegrama esta mañana. Se te va a pagar todo en regla. Indemnización, todo. ¿Me estás escuchando, querida? Esos auriculares... ¿Olga? Pero ¿qué tenés en el bolso? Hablemos, es mejor. Olga... Olga, serenate, por favor. Olga, ¿me escuchás? Calmate, querida, dejá ese bidón, te lo pido. Todo se va a resolver. En serio, por favor. Basta, Olga. Basta, te lo ruego. Yo no decidí el despido. ¡No tengo nada que ver! Hice lo imposible, de verdad. Olga. ¡Escuchame, Olga! Tengo hijos chiquitos, Olga. ¡Por favor!

Caja de fósforos. Metallica, Fight fire with fire. Volumen 12. Carrera hasta el recibidor.

Piso 2.


Piso 1.


Planta baja.

Cajita de mierda. ¡Cajita de mierda! ¡Todos usados! La puta que los parió.

Vamos las bandas, que hay mucho que escribir

Esta mañana, escribía un artículo con los auriculares puestos. Metallica, bien fuerte. Esa es la única manera que tengo para concentrarme en un texto, tanto para escribir cuanto para corregir: aislarme del mundo. Más tarde leí esto en Mientras escribo, de Stephen King:

Yo trabajo con la música a tope (siempre he preferido el rock duro, tipo AC/DC, Guns’n Roses y Metallica).

Sí, sí... La hormiga se sonríe porque come las mismas hojas que la jirafa.

Inspiración, la más deseada

La inspiración no es una actividad pasiva. El poeta no está sentado en una silla como Alexandra Alex Owens y la inspiración le cae de arriba como un sensual baldazo de agua. La cosa no funciona así.

Lo mejor es que te encuentre trabajando. ¿Un lugar común? Bastante a esta altura, especialmente en los talleres literarios. Lugar común entre estudiantes y lugar común entre coordinadores y docentes, pero parece no haber otra salida que esa.

A mí, por ejemplo, me inspira conversar con otras personas. Las conversaciones son maravillosas para escuchar lo que piensan los demás, para captar la visión del otro, las imágenes, sus palabras. El otro, en definitiva, es el que termina estando en el reverso del papel o de la pantalla. Hay que salir de uno para crear, conectarse. Hay que ponerse en acción. Sí, sí, trabajar... Pero no un trabajo de fichar la entrada a las ocho y la salida a las seis de la tarde. Es más bien como el trabajo fino de un tipo enamorado. Hay un deseo, una atracción hacia la palabra, tan fuerte que no se puede pensar en otra cosa.

A veces no sabemos dónde está la inspiración, pero la buscamos. La amamos y por eso queremos pasar todo el tiempo con ella, aunque a veces se haga la difícil. Y por amor hacemos las cosas más extraordinarias. Asistimos a cursos. Probamos el alcohol. Nos encerramos en una habitación. Leemos como desesperados. Hablamos con la gente y nos obsesiona conocer sus secretos. Sacamos fotos. Coleccionamos señaladores. Vamos a reuniones literarias. Leemos blogs sobre literatura y crítica. Gastamos las letras del teclado. Acumulamos infinitos archivos en nuestras computadoras. Buscamos palabras en el diccionario. Nos ponemos anteojos de marco grueso y pantalones de corderoy. Nos metemos en política. Hacemos dibujitos en cuadernos. Gestamos inmensas bibliotecas. Nos reímos solos. Puteamos, pero con glamour. Hablamos otros idiomas. Corregimos con insistencia ciertas frases. Alimentamos a los gatos. Perdemos la mirada en los paisajes.

Hacemos todo eso, que es una forma de acicalarnos y aprender prometedoras posturas sexuales, ...y ni siquiera sabemos si le vamos a gustar a la inspiración. Lo hacemos. Tenemos que hacerlo. Tal vez... ¿Quién dice? Tal vez, cuando bailemos, seamos su tipo. Y si no, ¿quién nos quita lo bailado?

miércoles, 17 de abril de 2013

Diálogo real: azúcar amargo

Entré en una tienda de golosinas. Las estanterías estaban llenas de caramelos de todos los colores, alfajores, chocolatines. Todo allí era dulce, silencioso y tentador. Recorrí rápidamente el lugar en busca de un paquete de galletitas; en tanto el vendedor estaba al teléfono.

De pronto, escuché la voz entrecortada del chico que atendía:

—No, no..., por favor no te vayas a Paraguay. ¡No te vayas! ¿Qué hago yo... si te vas? ¡Me... muero! ¡No te vayas! Por favor...

Cuando llegué a la caja, el chico ya había colgado el teléfono. Dejé el local pensando en la crueldad del oxímoron.


Alfabeto TOC

a Edward Gorey

A de alcohol, que protege de los gérmenes, de la suciedad, de la muerte.
B de barrer el piso hasta sacarle lustre.
C de cerrar la puerta de casa y abrirla y cerrarla y volver a abrirla y
D de desodorante para pies para neutralizar la existencia.
E de ensalada cortadita en cubitos perfectos, iguales, simétricos, contados.
F de frascos transparentes, brillantes, vacíos y en fila, a la izquierda, en el estante.
G de guantes ajustados de tela blanca para tocar (no tocar) el teclado.
H de horror, horror, HORROR ante la mancha en el piso de parqué.
I de inglés británico, única lengua posible para dirigirse al perro del vecino cuando ladra a deshora (cuando ladra)
J de juguemos a los palitos chinos, pero sin mezclarlos.
K de kilómetros de ansiedad.
L de libro en biblioteca, que no se presta, nunca horizontal, nunca subrayado, ubicado alfabéticamente.
M de medias tres cuartos color rojo, que traen suerte, que protegen, que combinan.
N de nunca pisar los bordes de las baldosas.
Ñ de Ñandubaysal, balneario con playas con fondo de barro que nunca torturarán este pie desnudo.
O de ómnibus, vehículo hacinado del infierno donde no se debe viajar.
P de pantalones, azules todos, con raya, planchados con apresto.
Q de qué criatura horrenda puso ese libro horizontal en la biblioteca.
R de reloj despertador, al que se le da cuerda a las nueve y veintiocho de la noche.
S de sofá bermellón de dos cuerpos, de tela suavísima, pero con funda de plástico, amortajado.
T de teclado que solo se utiliza con guantes ajustados de tela blanca.
U de uñas cortas y limpias, limpias, limpias y limadas, pero nunca en público.
V de volumen del televisor y del estéreo configurado secretamente en número par.
W de Washington, pomada para lustrar zapatos derechos los días miércoles e izquierdos los sábados.
X de xilofobia en pleno Palermo.
Y de yo estoy bien, aunque no lo crean, el caos no existe.
Z de zona de confort y cada vez más estrecha, estrechísima.

martes, 16 de abril de 2013

Abril: La Serendipia

«LA SERENDIPIA»
Encuentro de escritores

Sábado 20 de abril 18.30

Centro Cultural Mordisquito
Pje. Discépolo 1830, CABA (a metros de Corrientes y Callao)


PARTICIPAN
Nilda Barba
Miguel Madrid
Cynthia Rascovsky
Teresa Vaccaro

MÚSICA
Diego Souto (STICK)

COORDINAN
María Julia Druille y Liliana Lapadula

VIII Festival Internacional de Poesía


lunes, 15 de abril de 2013

Modus Operandi

 
Ya tengo mi ejemplar nuevito de Modus Operandi, la novela gráfica de Carina Maguregui y Muriel Frega. Un libro que se las trae.

domingo, 14 de abril de 2013

Inundación

Soy un pararrayos de interior en el medio de la casa.
No sé de dónde la inundación
ni por qué lo cubre todo y me ahoga.

Para evitarlo
trago de un solo trago
el agua torrencial.

Y ahí el descubrimiento:
malditas goteras
en los malditos ojos.

viernes, 12 de abril de 2013

Las Pretextas, sábado 13 de abril de 2013


CAFÉ LITERARIO - BUENOS AIRES


Este sábado el 13 de abril, 17:00.
Seguimos celebrando esta querida cita
de todos los meses durante tantos años.

Con estos queridos invitados especiales:
 Ana Silvia Mazía
«Risas como flores / como trombas / como alas / como tambores.
Risas de ja / de je / y de ji. / De soltar todo / De tembromé / De mejodí».
 Germán Cavallero
«... y allí donde miran inundan, / (...) y allí donde ruedan / apisonan
y templan / y hacen de la vida un escenario perfecto».
 Cynthia Rascovsky
«Duele  despertar / y la soledad cala mis heridas
y en cada una de mis arrugas penas / pactándose en la memoria».
Vengan preparados todos para el espacio de micrófono abierto,
para compartir la ansiedad de la cuenta regresiva,
para verse con amigos, ¡y traigan barra!
Todos los presentes participan del sorteo de libros
gentileza de Ediciones El Mono Armado,
y de quienes quieran sumar.
 En Pub Sadem, Av. Belgrano 3665.
Ayúdennos a difundir. ¡Gracias!
 
Nos acompañan, nos hacen posibles, siempre:

    
Ediciones El Mono Armado - Sindicato Argentino de Músicos 
     
Escuela Popular de Música - Instituto Superior de Música Popular

¡LOS ESPERAMOS CON EL ENTUSIASMO DE SIEMPRE!
¡Y prepárense que ya estamos ahí nomás
del mejor abrazo que podrán recibir!
Del 2 al 5 de mayo, en Buenos Aires
Pedidos de fichas y consultas: pretextas@gmail.com.ar
o personalmente, el sábado, en el café.
Alicia Márquez - Bibi Albert - María Laura Coppié - Mariana Toniolo

viernes, 5 de abril de 2013

Dobby me spamea

Me llegó un mensaje de spam, con un enlace que probablemente era un virus. Me genera ternura el fragmento de texto (siempre aleatorio en este tipo de mensajes) que me tocó.

¡Ah, si Harry Potter supiera...! —gimió Dobby, mientras le caían más lágrimas en el viejo almohadón—. ¡Si supiera lo que significa para nosotros, los parias, los esclavizados, la escoria del mundo mágico...! Dobby recuerda cómo era todo cuando El-que-no-debe-nombrarse estaba en la cima del poder, señor. ¡A nosotros los elfos domésticos se nos trataba como a alimañas, señor! Desde luego, así es como aún tratan a Dobby, señor —admitió, secándose el rostro en el almohadón—. Pero, señor, en lo principal la vida ha mejorado para los de mi especie desde que usted derrotó al Que-no-debe-ser-nombrado. Harry Potter sobrevivió, y cayó el poder del Señor Tenebroso, surgiendo un nuevo amanecer, señor, y Harry Potter brilló como un faro de esperanza para los que creíamos que nunca terminarían los días oscuros, señor... Y ahora, en Hogwarts, van a ocurrir cosas terribles, tal vez están ocurriendo ya, y Dobby no puede consentir que Harry Potter permanezca aquí ahora que la historia va a repetirse, ahora que la Cámara de los Secretos ha vuelto a abrirse...
Hay mensajes de spam considerados.

La inundación y Pushkin

A pocos días de la inundación que asoló las ciudades de La Plata y Buenos Aires, leo El jinete de bronce, un poema narrativo de Alexandr Pushkin y pienso que los grandes escritores trabajan con la palabra en un lugar y un tiempo determinados, pero trascienden todos los límites, todas las fronteras. Si hablan de un hombre, en ese hombre está la humanidad entera.

Así una inundación que ocurrió en San Petersburgo en 1824, narrada con maestría en esta nouvelle en verso publicada en 1833, llega a mí como una corriente que resopla de cerca y cada verso me conmueve hasta lo más hondo. Un moscovita lejano en el tiempo y en la geografía habla de aquella y de esta inundación. En definitiva, la desesperación por la pérdida es igual para todos.

¿Qué queda cuando se ha perdido a la mujer amada? ¿Qué queda de los sueños, de los proyectos, cuando los seres queridos no están? ¿Cómo se vive con esa ausencia? Más aún, ¿cómo es el momento exacto, desolador, en que se la conoce?

El desgraciado
atraviesa la calle conocida,
que le lleva a a parajes familiares,
pero en ellos no reconoce nada.
Todo está destruido y arrasado:
casuchas ladeadas, desplomadas,
otras arrebatadas por las olas,
el suelo salpicado de cadáveres
como en el campo de batalla. Eugenio,
que no comprende nada, se apresura,
desfalleciente y torturado, al sitio
donde, como una carta bien sellada,
le aguarda la sorpresa del Destino.
Ya ha llegado al lugar: este es el golfo;
la casa ha de estar próxima. ¿Qué ocurre?

Se detiene, se vuelve, avanza, mira.
He aquí el lugar donde la casa estuvo.
El sauce aún está allí. Falta la valla.
Pero busca la casa y no aparece.
Envuelto en sus siniestros pensamientos
da vueltas y más vueltas, habla en alto
consigo mismo y, dándose en la frente
un golpe con la mano, de improviso
se echa a reír.
Pushkin, A. (2010). El jinete de bronce. (E. A. Luengo, Trad.). Madrid: Ediciones Hiperión.

jueves, 4 de abril de 2013

Diálogo real con un librero resignado

El hombre, un robusto Churchill porteño, se acercó con un libro en alto al mostrador de informes de la librería Yenny-El Ateneo.

—Cóbreme —le pidió al empleado que estaba detrás.
—Pase por caja, por favor, señor.
—¿No es aquí? —acotó Churchill con evidente sorpresa.
—No. Es allá, donde está el cartel que dice «CAJA» —. El empleado le señaló el lugar y Winston se fue refunfuñando. Yo me reí; no pude contenerme.

Entonces el librero me miró, cómplice.

—Es increíble. Estamos en una librería ¡y la gente no lee los carteles!