miércoles, 30 de enero de 2013

Dominar la temperatura


El helado se me adelanta y cambia de forma en la compotera.
El periodista mira a cámara desde una fundición en Salta.
Transpira y está colorado. Hierro maleable,
pero le pagan bien, se ve.
Dejo la cuchara. Tintín pegajoso.
No sirve la ventana abierta.

Un compañero de trabajo
anunció ayer a la mañana:
con control mental domino la temperatura.

¿Cuántos perros tendrán las lenguas largas
en este momento?
¿Cuánta jubilada pituca con abanico?

¿Dónde está el antídoto?
¿En los garajes
con sus bocas de penumbra?
¿En las entradas de edificio,
siempre húmedas?

Estiro las piernas, tanteo el piso errática
hasta las ojotas.
Acomodo los pies.
Llevo la compotera a la bacha de la cocina.

Me está fallando el yoga.

viernes, 25 de enero de 2013

Diálogo real: No tengas miedo, mamá

Eran las siete y media de la tarde. En el barrio, un fuerte viento levantaba polvo y sacudía las ramas de los árboles. De un momento a otro, una gran cantidad de insectos llenó las veredas. Con algo de torpeza, saltamontes y aguaciles entraban en los locales a refugiarse.

—Qué asco, cuidado, hijo.
—No tengas miedo, mamá. ¡Son aguavivas! Vuelan, no hacen nada.

martes, 22 de enero de 2013

Incompatibilidad

Estaba en el subte hoy, leyendo a Sabato. Entraron unos músicos en el vagón y comenzaron a tocar temas de salsa.

Leer a Sabato y escuchar salsa al mismo tiempo es una paradoja. Es imposible, incompatible, al menos para mí. Sabato me conduce a un lugar oscuro del alma, lleno de muerte, angustia y desesperación; la salsa me llena de alegría, ganas de vivir. Cuando uno quiere bailar, se siente vivo, gloriosamente vivo.

Preferí cerrar el libro.

La biblioteca

Anoche soñé con una biblioteca ancha, luminosa, colorida. Había cajones grandes llenos de libros sobre una mesa. Iba con alguien, pero no sé con quién. Yo tocaba los libros, les pasaba la mano por el lomo, como si fueran perros. De pronto, encontraba un ejemplar de Las uvas y la zorra. Vida de Esopo, de Gilherme Figueiredo. Lo sacaba del cajón: era el mismo que yo había leído unos días antes. Quiero decir el mismo ejemplar, pero también era otro. Sonreí pensando en Borges.

Entre los libros, encontraba una figura de madera, del tamaño de mi antebrazo. Era la caricatura de un niño. Tenía la cabeza muy grande y cabello rubio, pintado de un amarillo bien chillón. Abajo del niño había un cartel, con letras de colores también de madera: «CONJUGAR MOLA». Deducía entonces que estaba en una biblioteca española. ¿En serio? ¿Conjugar mola? Bueno, por algo el niño tenía la cabeza tan grande.

viernes, 18 de enero de 2013

Sabato: Sobre el escritor

«El escritor debe ser un testigo insobornable de su tiempo, con coraje para decir la verdad, y levantarse contra todo oficialismo que, enceguecido por sus intereses, pierde de vista la sacralidad de la persona humana».
Ernesto Sabato, Antes del fin.

miércoles, 16 de enero de 2013

Poema de la oscuridad

Apague la luz.
Cierre los ojos.
Tome una bocanada ancha de aire.

Recuerde eso que todavía carga
que le da vergüenza
que nadie sabe.

Ahora le escribo un poema
que se alimenta de eso
que podría convertir en luz toda su gangrena.

Goce del instante.

Recuerde de pronto que está a oscuras
y en silencio
que no puede leer el papel que le estoy dando.

Olvide para siempre cómo abrir los ojos.
Comience a temblar.

martes, 15 de enero de 2013

Palabras soñadas

Sueño conversaciones, diálogos enteros. Los gestos de la gente de los sueños me llegan con precisión. Es curioso. Conozco gente que no recuerda nada al despertar. Deja todo en la materia indescifrable de la noche, deja que los sueños, los diálogos y la gente sean en la oscuridad y ya.

Anoche soñé con una mujer de cabello largo, a quien conozco en la vigilia, pero con la que no tengo relación, al menos buena. Fue extraña, entonces, la familiaridad con la que me hablaba en sueños, cruzada de piernas, distendida, como en plena charla de café.

De la charla, me llegó una frase en particular a esta mañana: «No hay como el sol de Roma. Cuando vayas, te vas a enamorar de ese sol. No es como el de acá».

En mi sueño, partía al día siguiente a Italia. Partía en micro, claro, porque en los sueños no hay lógica posible. Al día siguiente me iba a Italia y me desperté pensando en ese bello sol que me esperaría allá y en esta mujer que por fin estaba en paz conmigo y que me deseaba un viaje feliz.

Un sueño, pero ¿por qué no?

Jesse Flores y su tienda de máquinas de escribir

Jesse Flores tenía una tienda de reparación de máquinas de escribir en Highland Park, un barrio de la ciudad de Los Ángeles, California, EE. UU.

Este corto documental [en inglés] cuenta la historia de Flores y su tienda, que hoy continúan sus hijos.


jueves, 10 de enero de 2013

Va queriendo

Hoy mi editor me envió la primera prueba de galera de Cuarto oscuro. Es muy reconfortante ver cómo va tomando forma el libro.

Oh, felicidad.

lunes, 7 de enero de 2013

Esos libros que llevo conmigo

Dice Stephen King en Mientras escribo:
«Los libros son la magia más portátil que existe. Yo suelo escuchar uno en el coche (siempre en versión completa, porque las lecturas de textos abreviados me parecen el colmo), y en general nunca salgo sin un libro. Nunca se sabe cuándo apetecerá tener una válvula de escape: colas kilométricas en los peajes, las salas de embarque de los aeropuertos, las lavanderías automáticas en tardes de lluvia, o lo peor de todo: la consulta del médico cuando se retrasa y tienes que esperar media hora para que te torturen una parte sensible del cuerpo. En ocasiones así me parecen indispensables los libros».
 Y yo pienso en mi madre, que siempre recomienda ir con medias bien zurcidas y ropa interior limpia por si a una le da un patatús en plena vía pública y tienen que llevarnos a un hospital.

Adonde vaya, llevo libros. Es toda una carga, digo, literalmente. Mi bolsa floreada, que me acompaña en estos tiempos, soporta el peso de tres o cuatro libros que llevo por las dudas, casi siempre de poesía, por si me surgen ganas de leer, por si debo hacer tiempo, mejor dicho, por si debo aprovecharlo.

Ahora estoy leyendo Mi vida junto a Pablo Neruda, de Matilde Urrutia. Estoy en las últimas treinta páginas, más o menos. Siento una pena inmensa, como cada vez que estoy por terminar un libro que me gusta. Entonces me inclino por los recursos infantiles. Lo leo despacito, de manera entrecortada, para que dure más. Igual que los chocolatines, que lamía lentamente cuando era niña.

A veces creo que terminar un libro es un acto inconcebible. La orfandad que queda al terminar uno es verdaderamente insoportable. Si el libro es bueno, terminarlo se parece mucho a la muerte y uno se pregunta, como familiar supérstite, qué habrá más allá.

Qué bien comparás, Stephen

Cuando sea grande, quiero comparar como vos, Stephen, my dear.

«Mi energía a primera hora de la tarde es como la de una boa constrictor después de haberse tragado una cabra».
Stephen King, Mientras escribo.

viernes, 4 de enero de 2013

Nuevo nombre y dominio para el blog

En sus inicios, este espacio se llamó Diario de poesía, luego mutó un poco y pasó a ser Diario verusciano (no tan diario, no solo poesía). Hoy, al fin, le he dado su nombre definitivo: Poesía es revelación.

Espero que les guste.

miércoles, 2 de enero de 2013

La mosca

La mosca negra
                vibratoria
                      buscadora
            da vueltas
en la casa.
Esquiva
      la ventana
            a medio abrir
                  un par de veces.

Afuera es todo nube, todo gris,
altura pura inalcanzable.

Le abro la ventana
de par en par.
                             Ella sale.
Ahora
es un punto
negro,
rotundo
y zumbador
que se aleja,
           que va
                     hacia
                         la nube.

Y la miro desvanecerse, irse lentamente,
casi igual que el viejo año.