viernes, 15 de noviembre de 2013

Niños y palomas



«Entonces vio algo muy placentero, que no volvería a ver jamás. Unos niños que iban a la escuela; palomas de color gris azulado que volaban desde los tejados a la acera, y unos panecillos espolvoreados con harina, que una mano invisible dejara expuestos en una ventana. Los panecillos, las palomas y los dos niños eran seres prodigiosos: un muchacho corrió hacia una paloma y, sonriendo, miró a Lievin; la paloma sacudió las alas y se elevó brillando al sol, entre el fino polvo de la escarcha, y un aroma a pan caliente llegó desde la ventana donde estaban expuestos los panecillos. Había tanta belleza en este sencillo cuadro, y era todo ello tan conmovedor, que Lievin, en medio de su alegría, sentía que las lágrimas asomaban a sus ojos».
Tolstoi, Anna Karenina

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