jueves, 19 de septiembre de 2013

Chau, Anna

Ya escribí en este espacio sobre muertes memorables. Hoy sumo otra a la lista. Hoy murió para mí Anna Karenina. Me enojó mucho su locura, su desesperación, que se encerrara en sí misma y cortara lazos con el exterior. Su suicidio me resulta desagradable e injusto para los demás personajes, no una venganza como ella creía. Cuán equivocada estaba, cuán perdida. Y sí, fue una mujer perdida, pero no por haberse entregado a Vronski estando casada, su mente era la perdida, su corazón estaba perdido.

Al lado de ella, la figura de Levin se alza, se agiganta, copa todos los resquicios. La integridad es lo que verdaderamente seduce de un hombre; todo lo demás es vacío...

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