domingo, 22 de septiembre de 2013

Anotaciones en el margen de Anna Karenina, de Lev Tolstoi



El mundo de Anna es el mío. Todos se sonrojan eventualmente.

La imagen del abogado que consulta Karenin sobre los trámites de divorcio se parece a la actual imagen popular de abogado (aunque no siempre cierta, claro está): un tipo que solo quiere hacer dinero a costa de las miserias ajenas.

Levin observa lo infinitamente grande (las estrellas) y lo infinitamente pequeño (un escarabajo). Claramente, Tolstoi leyó a Pascal. Por lo que leí en el diario de Sofía Tolstoi, ella leyó Pensamientos. ¿Acaso compartirían ambos esposos el mismo ejemplar o tendrían cada uno el suyo? Yo no lo compartiría. La necesidad de lectura personal me lleva al egoísmo librístico. Más aún con ese libro, que tanto amo.

La perra Laska piensa. ¡Chapó!

Anna «lee» a Vronski a partir de sus gestos y miradas, pero no lo escucha, no escucha sus palabras. Por eso, termina malinterpretándolo la mayoría de las veces.

El juego del secrétaire entre Kitti y Levin supera ampliamente en sensualidad la escena de sexo de Anna y Vronski.

Viendo la versión cinematográfica de 1935 de la novela, en la que Greta Garbo interpretó a Anna, noto apenas comienza que presentan a Levin y a Anna en el baile. ¡Los presentan! Pensar que en la novela se conocen al final.

Anna muere. ¿Acaso importa? Levin vive y él solo vale la obra entera.


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