lunes, 22 de julio de 2013

Finitud

Esa aciaga noche, el anciano filósofo miró a los familiares reunidos al pie de su cama. Muchos de ellos habían viajado kilómetros y kilómetros para verlo antes del final. Acongojado por ellos, pensó qué debía decirles en un momento así. Entreabrió los labios y todos se acercaron a él, en respetuosa actitud de escucha. Solo una mosca revoloteó en las alturas cuando el filósofo compartió su última reflexión.

—Si la vida es finita, ¿la muerte... es gruesa?

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