jueves, 18 de abril de 2013

Inspiración, la más deseada

La inspiración no es una actividad pasiva. El poeta no está sentado en una silla como Alexandra Alex Owens y la inspiración le cae de arriba como un sensual baldazo de agua. La cosa no funciona así.

Lo mejor es que te encuentre trabajando. ¿Un lugar común? Bastante a esta altura, especialmente en los talleres literarios. Lugar común entre estudiantes y lugar común entre coordinadores y docentes, pero parece no haber otra salida que esa.

A mí, por ejemplo, me inspira conversar con otras personas. Las conversaciones son maravillosas para escuchar lo que piensan los demás, para captar la visión del otro, las imágenes, sus palabras. El otro, en definitiva, es el que termina estando en el reverso del papel o de la pantalla. Hay que salir de uno para crear, conectarse. Hay que ponerse en acción. Sí, sí, trabajar... Pero no un trabajo de fichar la entrada a las ocho y la salida a las seis de la tarde. Es más bien como el trabajo fino de un tipo enamorado. Hay un deseo, una atracción hacia la palabra, tan fuerte que no se puede pensar en otra cosa.

A veces no sabemos dónde está la inspiración, pero la buscamos. La amamos y por eso queremos pasar todo el tiempo con ella, aunque a veces se haga la difícil. Y por amor hacemos las cosas más extraordinarias. Asistimos a cursos. Probamos el alcohol. Nos encerramos en una habitación. Leemos como desesperados. Hablamos con la gente y nos obsesiona conocer sus secretos. Sacamos fotos. Coleccionamos señaladores. Vamos a reuniones literarias. Leemos blogs sobre literatura y crítica. Gastamos las letras del teclado. Acumulamos infinitos archivos en nuestras computadoras. Buscamos palabras en el diccionario. Nos ponemos anteojos de marco grueso y pantalones de corderoy. Nos metemos en política. Hacemos dibujitos en cuadernos. Gestamos inmensas bibliotecas. Nos reímos solos. Puteamos, pero con glamour. Hablamos otros idiomas. Corregimos con insistencia ciertas frases. Alimentamos a los gatos. Perdemos la mirada en los paisajes.

Hacemos todo eso, que es una forma de acicalarnos y aprender prometedoras posturas sexuales, ...y ni siquiera sabemos si le vamos a gustar a la inspiración. Lo hacemos. Tenemos que hacerlo. Tal vez... ¿Quién dice? Tal vez, cuando bailemos, seamos su tipo. Y si no, ¿quién nos quita lo bailado?

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