jueves, 4 de abril de 2013

Diálogo real con un librero resignado

El hombre, un robusto Churchill porteño, se acercó con un libro en alto al mostrador de informes de la librería Yenny-El Ateneo.

—Cóbreme —le pidió al empleado que estaba detrás.
—Pase por caja, por favor, señor.
—¿No es aquí? —acotó Churchill con evidente sorpresa.
—No. Es allá, donde está el cartel que dice «CAJA» —. El empleado le señaló el lugar y Winston se fue refunfuñando. Yo me reí; no pude contenerme.

Entonces el librero me miró, cómplice.

—Es increíble. Estamos en una librería ¡y la gente no lee los carteles!

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