sábado, 27 de abril de 2013

Abominable

Era una mujer abominable. Le faltaban los dientes y el cabello. No tenía lengua. No veía ni podía oler. Tan flaca, tan flaca que el sol no lograba proyectar su sombra. Tan liviana, ¡tanto! que en la playa no dejaba su huella en la arena. Nadie pronunciaba su nombre. Nadie la había amado. ¿Y qué decir de su vientre, que no gestaba descendencia alguna? Era abominable, pero un lector, al menos uno, la está imaginando.

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