martes, 15 de enero de 2013

Palabras soñadas

Sueño conversaciones, diálogos enteros. Los gestos de la gente de los sueños me llegan con precisión. Es curioso. Conozco gente que no recuerda nada al despertar. Deja todo en la materia indescifrable de la noche, deja que los sueños, los diálogos y la gente sean en la oscuridad y ya.

Anoche soñé con una mujer de cabello largo, a quien conozco en la vigilia, pero con la que no tengo relación, al menos buena. Fue extraña, entonces, la familiaridad con la que me hablaba en sueños, cruzada de piernas, distendida, como en plena charla de café.

De la charla, me llegó una frase en particular a esta mañana: «No hay como el sol de Roma. Cuando vayas, te vas a enamorar de ese sol. No es como el de acá».

En mi sueño, partía al día siguiente a Italia. Partía en micro, claro, porque en los sueños no hay lógica posible. Al día siguiente me iba a Italia y me desperté pensando en ese bello sol que me esperaría allá y en esta mujer que por fin estaba en paz conmigo y que me deseaba un viaje feliz.

Un sueño, pero ¿por qué no?

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