lunes, 7 de enero de 2013

Esos libros que llevo conmigo

Dice Stephen King en Mientras escribo:
«Los libros son la magia más portátil que existe. Yo suelo escuchar uno en el coche (siempre en versión completa, porque las lecturas de textos abreviados me parecen el colmo), y en general nunca salgo sin un libro. Nunca se sabe cuándo apetecerá tener una válvula de escape: colas kilométricas en los peajes, las salas de embarque de los aeropuertos, las lavanderías automáticas en tardes de lluvia, o lo peor de todo: la consulta del médico cuando se retrasa y tienes que esperar media hora para que te torturen una parte sensible del cuerpo. En ocasiones así me parecen indispensables los libros».
 Y yo pienso en mi madre, que siempre recomienda ir con medias bien zurcidas y ropa interior limpia por si a una le da un patatús en plena vía pública y tienen que llevarnos a un hospital.

Adonde vaya, llevo libros. Es toda una carga, digo, literalmente. Mi bolsa floreada, que me acompaña en estos tiempos, soporta el peso de tres o cuatro libros que llevo por las dudas, casi siempre de poesía, por si me surgen ganas de leer, por si debo hacer tiempo, mejor dicho, por si debo aprovecharlo.

Ahora estoy leyendo Mi vida junto a Pablo Neruda, de Matilde Urrutia. Estoy en las últimas treinta páginas, más o menos. Siento una pena inmensa, como cada vez que estoy por terminar un libro que me gusta. Entonces me inclino por los recursos infantiles. Lo leo despacito, de manera entrecortada, para que dure más. Igual que los chocolatines, que lamía lentamente cuando era niña.

A veces creo que terminar un libro es un acto inconcebible. La orfandad que queda al terminar uno es verdaderamente insoportable. Si el libro es bueno, terminarlo se parece mucho a la muerte y uno se pregunta, como familiar supérstite, qué habrá más allá.

6 comentarios:

  1. Vero, creo que los libros realmente buenos, no terminamos de leerlos nunca.

    ;)

    Abrazo!

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  2. En un reportaje que leí o vi -ya no lo recuerdo- Ana María Shua dijo que se lee en los intersticios, es decir, en todos esos lugares que, sin los libros, nos aburrirían o nos quitarían tiempo. Terminar de leer un buen libro en esos sitios se parecería bastante al infierno ¿no? Buena semana, Vero.

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  3. Matías, suena muy lógico: no hay libro que me haya gustado que no haya releído al menos una vez...

    Un abrazo.

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  4. Gastón, qué bueno lo de Ana María Shua, es tan cierto. Por lo menos en mi caso, se aplica totalmente. Por eso, siempre afirmo que todos tenemos tiempo para leer. Poner la falta de tiempo como excusa es mentir: no se lee porque no se quiere.

    Buena semana para vos también.

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  5. Voy a ser breve (no empuje, señor, ya me corro). Yo trabajo en una distribuidora de cigarrillos y últimamente me llevo al baño a Roland Barthes y Shopenhauer.
    Es tanta la miseria y agresión verbal diaria, que leer y escribir, más que un goce intelectual, es una necesidad.
    Les dejo saludos.
    Diego

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