martes, 31 de enero de 2012

Atahualpa Yupanqui: Te dicen poeta



Hoy se cumple el 104.º aniversario del nacimiento de don Ata y Google Argentina le ha hecho un homenaje con el doodle (logo conmemorativo de Google) del día. Me ha alegrado muchísimo porque Atahualpa Yupanqui es uno de nuestros grandes poetas y cuanto más gente conozca su arte, mejor.

Hace un tiempo les hablé de los poetas de la naturaleza. Para mí (y esto es solo una opinión personal), los buenos poetas deben mirar la naturaleza y partir de ella para escribir. Tomarla como punto de partida. Quienes son sensibles a las estaciones, a la tierra que los alimenta, al animal que pace y el que les ladra, ellos pueden convertirse en poetas. El resto es artificio, escritura superflua. El artificio solo no alcanza. Hay que tener la humildad de sentirse chico al lado de la tierra. Si no, uno se cree que anda en las alturas solo porque escribe.

Son poetas de la naturaleza (como yo los llamo) don Ata, Teuco Castilla, Neruda, Storni, Lorca, por poner algunos ejemplos.



Este poema-canción es un metapoema, es decir, un poema sobre la poesía, también llamado arte poética. Leerlo es dulce (pueden leerlo aquí), pero escucharlo de boca del propio don Ata es un premio para el alma. Qué bueno que exista YouTube y permita rescatar estas joyas.

miércoles, 25 de enero de 2012

El arte de la pérdida

Hoy pude ver por primera vez la película En sus zapatos (In her shoes) entera. Hay una escena muy bella en la que Maggie, una de las protagonistas, lee el poema One Art, de Elizabeth Bishop a pedido de un maestro anciano. El poema trata la pérdida con una simpleza honda y sensible. Iluminó mi tarde. Pueden leerlo en inglés aquí.

martes, 24 de enero de 2012

La nota sobre la pila de libros

I
 
¡Pero la puta madre! ¡No se me ocurre nada! Para peor el café ya se enfrió. Al menos siento el sol con la ventana abierta. ¡Eso! Ventana es una buena palabra. La vieja técnica: parto de un sustantivo y llego a los personajes. Bien, primero escribiré algunas ideas. La ventana está abierta.

¿Y eso? ¿Quién habrá gritado así? Me asomo al balcón, pero nada. Árbol de mierda. Ojalá lo poden de una buena vez. Era voz de mujer. ¿Será la vecina de la planta baja? Un grito… Es una buena idea, ¿no? Grito

Bueno, ya tengo un personaje para darle forma. Casi lo puedo tocar. Tonteo un rato con la birome. Es una de mis rutinas físicas para liberarme. La acción física me lleva a la acción mental. ¿Dónde estaba? Ah, sí, el torso de una persona (no tengo muy definida todavía la cabeza). ¿Qué estilo de ropa? No, este no, aquel tampoco. ¡Ya sé! Una mujer vestida de negro. Es viuda, por eso grita. de dolor.

Ya puedo ver el grupo de gente que avanza lentamente hacia el coche fúnebre. Los autos negros. El primer auto enciende el motor y se marcha. ¿Un viejito, un hombre apuñalado, un joven envenenado con cianuro, un suicida? Me gusta. Ya tengo la materia prima del cuento.

Ya mismo pongo fecha a estas notas así puedo evaluar mis avances y cuánto tardo en escribir todo el cuento. A la tarde lo sigo y, si no tengo tiempo, tal vez, mañana. Hora de relajarme. Guillermo Martín Ayala. 24 de marzo.

Dejo el papel sobre la pila de libros del escritorio y me voy a la cocinita a buscar café. Ya tengo a la viuda. Mm, qué delicia, esto sí que es café. La viuda y el cortejo… Es de día entonces. ¿Lo anoté ya? Me tengo que fijar en las not... ¿Con qué mierda tropecé? Voy a tener que limpiar este desastre. ¡Casi me voy de crisma! No sé si la mancha va a salir y la taza no se puede salvar, está quebrada por la caída. Caída, caída… ¿Y si ubico la acción en Alemania? Y que el final de la historia coincida con la caída del muro. Lo agrego: Todo termina con la caída.

La viuda es un personaje perfecto, lleno de dolor, rico en facetas y en contradicciones. La sensación de vértigo ante la muerte. Es genial. La caída es la imagen perfecta para el dolor.

¿Otra vez? ¿Quién grita así? ¿Podré ver algo desde el balcón? No hay nadie. Epa, el cielo se puso raro, casi amarillo. ¿Vendrá la lluvia? Cierro los ojos, apoyado en la baranda, respiro tranquilo. Costó, pero vencí el bloqueo. Respiro. Hay que saber conectarse con el entorno. Viene bien el cuento. Respiro. La viudita… ¿Qué edad tiene mi viudita? Cuarenta y… Veinti… ¡Qué viento, mamma mía!


II

La ventana se cerró de un golpe y Ayala se sobresaltó. La caída fue breve, pero efectiva.

En el departamento, los peritos encontraron la taza rota, el café derramado y la nota sobre la pila de libros. «El bloqueo de escritor causa estragos», dijeron a cámara los periodistas cuando la ambulancia forense dejaba la escena con los restos del escritor. «Ayala tenía depresión y no seguía ningún tratamiento», repetían.

Pocos días después, cerraron el caso.