lunes, 5 de noviembre de 2012

Todo queda en familia

Obra: En familia
Autor: Florencio Sánchez
Adaptación y dirección: Eva Halac
Elenco: Agostina Degasperi, Monina Bonelli, Ariadna Asturzzi, Michel Noher, Carlos Scornik, Gabriel Rivas, Guillermo Pfening, Natalia Señorales
Música: Sergio Vainicoff
Dirección de arte: Micaela Sleigh
Funciones: Viernes y sábados a las 21; domingos a las 20
Sala: Complejo Cultural Teatro 25 de Mayo (Triunvirato 4444)

¿Hasta dónde puede arrastrar a su familia un hombre jugador y alcohólico? ¿Qué hace una familia con sus valores cuando pasa hambre y pobreza? Con un realismo crudo y conmovedor, Florencio Sánchez responde a estas preguntas con su obra En familia, escrita en 1905 y llevada a escena bajo la dirección de Eva Halac.

La obra presenta a una familia de clase media venida a menos que vive en una casa grande, donde conviven los padres y cuatro hijos (dos mujeres, dos varones). La acción comienza con el regreso del sur de Damián, el quinto hijo, que llega a la casa y se entera por boca de su madre de la pobreza en que vive su familia y la decadencia moral en que han caído: robos, engaños, estafas...

Damián, lleno de valores y con una moral intachable, decide establecerse en la casa junto a su joven esposa y poner las cuentas en orden. Lo que no sabe es que su padre se ha vuelto alcohólico y jugador y lo que no ve es que sus hermanas son superficiales e irresponsables, que su hermano Eduardo es un vago y que el pequeño Tomasito se ha vuelto ladrón. Su nobleza se lo impide ver.

La puesta respeta bastante el original de Florencio Sánchez (aunque con un pequeño giro al final), con muy buenas actuaciones de Guillermo Pfening, en el papel de Damián; de Carlos Scornik, como Jorge, el padre, y de Natalia Señorales, como Delfina, esposa de Damián.

Pfening le da vida a un Damián sensible, optimista, ingenuo y con altos ideales, con el que es fácil identificarse, muy bien secundado por Señorales, con una Delfina sumisa al principio pero cada vez más sagaz y directa a medida que avanza la historia.

Scornik se lleva todos los aplausos, con un padre ludópata, alcohólico y mentiroso tan palpable en su decadencia como en su humanidad. Por el contrario, el personaje de la madre, interpretado por Monina Bonelli, conmovería más aún si fuera más sufrido y menos grandilocuente.

Setenta y cinco minutos de teatro del bueno que vale la pena presenciar.

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