jueves, 8 de noviembre de 2012

Semana dura y cambios

Esta semana ha sido muy dura para mí ya que di cierre, unas semanas antes del cierre oficial del ciclo 2012, a mis talleres literarios de poesía y narrativa, al menos en los días y horarios en que los dictaba. La razón es laboral: comenzaré a trabajar como correctora en el Ministerio de Educación y eso ha implicado un cambio total y radical de mis actividades actuales.

A ambos grupos les dije que ha sido la decisión más difícil que tomé en mi vida y es así: peor que una separación, peor que mudarme, peor que elegir qué poemas publicaré en mi primer libro, peor que decidir el vestido con que me casé. He pedido consejo a mis más íntimos, lo he pensado quinientas veces y he llorado durante días antes de dar el sí. Sí, lloré. Le lloré a mi marido, le lloré a mi madre, le lloré a mi padre. Llorisqueé con mis mejores amigas. No ha sido fácil, nada fácil.

Es que tuve la enorme satisfacción durante casi dos años, con el taller de poesía, y durante medio año, con el de narrativa, de conocer escritores talentosos, con ganas de compartir sus textos y de disfrutar de la escritura de sus compañeros, pero, sobre todo, tuve el honor de conocer personas buenas, generosas y alegres, que —me atrevo a decir— me han enseñado más a mí de lo que yo a ellos.

Estar al frente de un taller literario no es planificar clases, corregir errores y dejar tarea para el hogar. El coordinador de un taller está a cargo de un grupo humano, con sueños, expectativas, temores y orgullos, que no siempre elige compartir y darse como lo han hecho los integrantes de mis dos talleres.

Con el grupo de los martes, entendí que personas muy distintas entre sí, como Karina, Martín, Ricardo, Leticia y Josefina, pueden soñar con escribir con la misma intensidad, que escuchar al resto es tan importante como leer el propio texto, que los martes a la mañana, justito antes del almuerzo, es un buen momento para que muera un personaje (o varios), para cerrar los ojos para disfrutar los fantasmas y una copa, para tener un gato por sombra, para sentir contracciones por primera vez o para que otro gato negro haga de las suyas en un falso policial. Descubrí que hay quienes quieren explicar y quienes prefieren no hacerlo, que una niña despiadada puede ser motivo de risa y que reír es mejor, muchísimo mejor, en grupo.

Con el grupo de los jueves, conocí la felicidad de abrir una puerta, aún con hambre, con sueño, con frío o con calor, esa felicidad de que María, Susi, Ale, Karina y Nati Wannas fueran llegando al fogón de la palabra como si nos conociéramos desde hace mucho, mucho tiempo. El grupo fue creciendo con la lentitud de los árboles más fuertes y echó raíces en mí. Adoré mirarlos dudar cuando les preguntaba quién quería leer primero. Adoré que quisieran festejar el cumpleaños de María como si fueran niños y que tramáramos juntos la sorpresa. Eso me dio la pauta de que el taller había pasado a ser algo más que literatura, que habíamos pasado juntos el umbral de la amistad.

En el último tiempo, me dediqué a estudiar como nunca para poder estar a la altura de estos dos grupos, porque es verdad eso de que el buen alumno supera al maestro, y Karina, Martín, Ricardo, Leticia, Susi, Josefina, María, Ale y Nati Wannas me superaron cuando sus preguntas superaron las mías, cuando sus versos y sus frases superaron los míos y cuando su análisis y su participación en los debates me asombraba con aportes que no había previsto.

Estos alumnos me dieron felicidad durante dos años y, claro, es muy difícil querer cambiar lo que ha tomado tanto tiempo construir. Me encariñé. De este lado de la clase, se ven sus gestos, sus silencios, sus caras de pánico y su modestia, se ve todo. Se ve la ansiedad y la tristeza traída de afuera, se ve la felicidad de tener un espacio para hacer lo que les gusta, se ve cómo disfrutan los desafíos. Los he mirado mientras escribían, los he admirado con todo mi ser.

Hace años, en épocas de la facultad, una compañera me dijo que una conocida suya, coordinadora de talleres literarios, había dejado de dictarlos porque sentía celos de sus alumnos (hace tiempo hablé de esto acá). Sigo sin entenderlo. Si hay algo que los alumnos talentosos generan es inspiración. Definitivamente contagian ese entusiasmo, esa felicidad por escribir, ese ímpetu, esas ganas. Y así uno no escribiera, ver tamaña felicidad en otros es una manera de ser feliz uno, de rejuvenecer. Son incontables las veces que dejé la sala de Punto y Aparte llena de ideas, de ganas de escribir, con reflexiones nuevas y profundas, en fin, feliz.

¿Cómo no encariñarse si esta gente saca lo mejor de uno?

Para mí, el sustantivo más terrible del mundo es «abandono» y, en consecuencia, el peor insulto es «abandónico/a». Es curioso, entonces, que ambos grupos hayan coincidido en llamarme así y que hayan llamado a este cambio de actividades un abandono. Me hicieron reír mucho el martes y me emocionaron profundamente hoy. Mis alumnos me hicieron saber así lo que sentían por el espacio que habíamos creado juntos, me demostraron un cariño inmenso justamente con la palabra más dura que se me podía ocurrir. Y con eso me enseñaron una lección.

A partir del sábado 17, dictaré un nuevo taller en Punto y Aparte, que será mixto, porque será de narrativa y de poesía. Formará parte de mi mundo nuevo, será distinto y sé que extrañaré a todos los que no puedan reunirse en ese horario.

Hace cosa de un mes, una alumna estaba muy afligida porque no podría continuar con el taller. En ese momento, le dije que lo que la poesía unía nada podía separarlo, que los lazos no se rompían así. Hoy ella me lo recordó a mí y me llegó hasta el tuétano.

Por todo esto, quiero decirles a todos ustedes, mis amados alumnos, mis admirados alumnos de taller, ¡MUCHAS GRACIAS! Los quiero mucho.

2 comentarios:

  1. Querida Vero:
    No se qué esperaba
    cuando llegué al taller,
    animarme a algo, supongo.
    (Ni Cristo quería a los tibios)
    Siempre se llega con un deseo privado,
    para uno.
    Pero el jueves a las dos
    se volvió pasión colectiva,
    poesía y afecto
    juego y disfrute.
    Ahora que parece que
    el formato 3D del grupo deja de existir,
    siento que nos hizo tanta mella,
    que en todo caso,
    será como un presagio
    de cambio de era.
    Haremos un salto cuántico
    de la tercera dimensión
    a la quinta y seremos
    los primeros poetas fotónicos,
    en estado permanente de “éxtasis hora catorce”
    imantados de tu generosidad y belleza!
    Gracias, gracias, gracias!
    Todo es como tiene que ser!

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