martes, 13 de noviembre de 2012

Muertes memorables

Hay eventos que nos impactan de una manera tan honda que no olvidamos el contexto en que se dieron y, para los que somos lectores, también los eventos de la literatura pueden resultarnos memorables, tanto que la situación de lectura se vuelve importante.

Así mi querido Dumbledore, personaje de la saga Harry Potter, murió una medianoche para mí. Yo estaba en la cama y tuve que llorar en silencio para no despertar a mi marido, que dormía a mi lado.

Y hoy también me emocioné con una muerte. Esta vez fue la de Pablo Neruda. Mi amado poeta murió para mí hoy a las 9.25 de la mañana, en plena estación Pueyrredón de la línea B de subterráneos de la ciudad de Buenos Aires. El subte estaba lleno y yo iba sentada, con mi vianda para el mediodía en una bolsa y la Ortografía de la lengua española en otra. Neruda murió en noviembre para mí y lo viví gracias a Matilde Urrutia, que lo cuenta en su Mi vida junto a Pablo Neruda (Memorias), editado por Seix Barral y que me regaló Susi, una de mis alumnas.

Muertes vivas, muertes que quedan para siempre en la retina de mi corazón.

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