jueves, 23 de agosto de 2012

Idiomas lejanos

El calor me inspira y hoy hizo calor en Buenos Aires. Un calor que, de alguna manera, se adelantó a nuestro septiembre primaveral y me dio mucha alegría. Está llegando la etapa del año que más me gusta.

Esta tarde venía en el colectivo garabateando versos, explorando palabras inventadas, tomando un poco de la misma medicina que les di a mis queridas alumnas del taller, cuando un hombre se sentó a mi lado y comenzó a leer en mi cuaderno algunos versos de Cranto, el poema que publiqué hace instantes.

Yo seguí probando los versos, forzándolos a decir lo que quería, anoté alternativas, conté las sílabas, verifiqué el ritmo... En tanto, el hombre leía de reojo mi cuaderno cada vez con mayor curiosidad. Por dentro, me hizo gracia. ¿Entendería mis versos ese hombre? ¿Entendería la idea subyacente? ¿Entendería el juego de las palabras inventadas? Pensé que no —sentí culpa por subestimarlo— y continué con lo mío.

Muchas cuadras más adelante, el hombre me habló.

—Disculpame, ¿qué estudiás?

Le di una respuesta. Él, con su pregunta, también me dio una respuesta a mí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario