viernes, 11 de mayo de 2012

Diálogo real: La voz de la conciencia


Ayer me senté en un banco del andén del subte. En el extremo del banco, había un paraguas negro, con mango de plástico. No era mío y no había nadie cerca. «Se lo olvidaron. Qué lástima», pensé y me puse a leer.

Al rato, una señora rubia muy bien puesta, con zapatos y cartera de cuero carísimos y al tono, se nos acercó (a mí y al paraguas).

—Linda, ¿ese paraguas es tuyo?
—No —contesté enfática, mientras la señora se acercaba al paraguas.
—¿Entonces no es tuyo? —insistió.
—No, no es mío.

Mientras el subte llegaba a la estación, la señora lo tomó como quien no quiere la cosa (pero quería). Yo no lo podía creer. Subí al vagón indignadísima y me la encontré nuevamente a la señora. Nos sentamos casi enfrentadas. La miraba y no lo podía creer.

Mi conciencia me habló con voz muy fuerte. La situación me superaba. Me sentía responsable de no haber defendido ese paraguas. Miraba a la mujer constantemente, no podía evitarlo. Pensaba todo el tiempo que esa mujer lo había robado.

Ya estaba llegando a la estación, cuando me levanté y fui a su encuentro.

—Señora, ese paraguas no es mío, pero tampoco es suyo —le dije y me fui a la puerta, para bajar.

La señora bajó conmigo y mientras salíamos del vagón, me dio mil explicaciones: que le pasa a todo el mundo, que ella sabía que no era suyo, pero que no había por qué dejarlo ahí, que ella había perdido mil paraguas en los colectivos... Entonces no la miré ni le hablé más, y dejé que avanzara entre la gente hacia la escalera de salida, paraguas en mano.

La señora sostenía ya el elemento antilluvia con cierta incomodidad, cuando vio a una jovencita, con un abrigo celeste medio raído y el pelo desgreñado, que bajaba la escalera.

—Tomá este paraguas. Te lo regalo.
—Gracias —dijo la muchacha y bajó contenta a la estación.

1 comentario:

  1. Jeje, Vero, buen relato.

    Cuando tengas tiempo, pasa por mi blog.

    Saludos

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