viernes, 27 de abril de 2012

Entrevista en Nuestra Casa

Esta que publico fue la primera entrevista que me hicieron. Fue en 1996, un año después de haber sido seleccionada para integrar una antología de Ediciones Colihue que se tituló Veinte jóvenes ensayistas del Cono Sur. Veinte jóvenes que terminamos siendo trece (si ven el video, sabrán por qué).

Así pues, con diecisiete años, resulté invitada a Nuestra Casa, el programa que por aquella época conducía Virginia Hanglin en el canal de cable TVA. Me acompañó mi profesora de taller literario, Leonarda Borsellino, Narda, responsable en gran parte de esto que ahora soy, y en el estudio nos encontramos con la directora de la colección Leer y Crear, Herminia Petruzzi.

Recuerdo el viaje en el colectivo 168 (ex 90), que tomé por primera vez el día de la entrevista, y lo nerviosas que íbamos tanto mi profesora como yo. Al llegar al lugar, nos hicieron pasar a un pequeño camarín, donde esperamos. Allí apareció más tarde una maquilladora. A mi profesora la maquilló, pero a mí me puso un brillo en los labios solamente. «Sos muy chica para más», me dijo. En aquel espejazo que tenían, me miré con algo de desilusión.

Había ido preparada para responder todo tipo de preguntas, pero, al terminar la entrevista, me quedé con la sensación de no haber dicho nada interesante. Hoy, que he vuelto a verla, sigo con esa impresión. Me veo seria, en exceso, y lo más curioso es que, después de tantos años, sigo siendo así, aunque con la voz un poco menos grave.

De todas maneras, es para mí un recuerdo importante. El concurso que me llevó al programa definió el resto de mi vida. Secretamente, había jurado que, si lo ganaba, me dedicaría a escribir y estudiaría la carrera de Letras. Si perdía, significaba que no tenía pasta y me dedicaría a otra cosa. Recuerdo volver del colegio y revisar el buzón (el de la vida real, porque todavía no tenía correo electrónico) para ver si había llegado carta de la editorial. Puse toda mi fe en ese concurso, en que recibiría ese «sí, seguí escribiendo, dedicate a esto». Por fortuna, un día la carta llegó.

De la entrevista, no le dije entonces a nadie más que a mis dos mejores amigos y, claro, a mis padres, sin cuya autorización no habría podido ir. Mi amiga Natalia grabó la entrevista y me la regaló en un videocasete, que todavía tengo. Después de todos estos años, en 2011 se me ocurrió pasarla a DVD (que me regaló, en un gesto maravilloso, una de mis cuñadas), hoy pude pasarlo a otro formato y, finalmente, subirlo para compartir este momento de mi vida —y de mi escritura— con ustedes.


4 comentarios:

  1. :) Me encantó la entrevista. Gracias por subirla.

    ResponderEliminar
  2. Ay, Vero! Esa costumbre tuya de pensar!
    (Qué ternura los 17!)

    ResponderEliminar
  3. ¡Gracias, María!

    Un beso grande y hasta el jueves.

    ResponderEliminar