lunes, 6 de febrero de 2012

Guillén para salvar la vida

Hace un par de noches soñé que ocurría una catástrofe y que el secreto para frenar la destrucción del mundo y, claro, mi propia muerte era recitar a Nicolás Guillén (nada más lejos de Hollywood, ya lo sé).

En el sueño, recordaba un cuadernito de hojas blancas, con anillado negro, en el que tenía anotados de puño y letra poemas propios y de otros autores (que existe en la vida real). Allí tenía el maravilloso poema Pas de téléphone, de Guillén y yo necesitaba encontrarlo y leerlo porque solo recordaba fragmentos y el mundo no se salvaba con versos, sino con todo el poema. El cuaderno nunca aparecía. Desperté con gran angustia, con un verso de Guillén anudado en la garganta.

Hoy recordé el sueño y decidí contárselo. Como solo recuerdo fragmentos del poema, me puse a buscar el cuadernito. Busqué en mi mesa de luz, pero nada. Busqué en mis cajones... Nada. ¿Entre mis papeles? Nada.

El cuadernito había quedado en mi biblioteca, entre libros, casi oculto. Lo hojeé hasta llegar al poema, que, por supuesto, recité. Tal vez no lo sepan, pero el mundo peligró por un rato. Nos salvamos gracias a Guillén.

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