martes, 24 de enero de 2012

La nota sobre la pila de libros

I
 
¡Pero la puta madre! ¡No se me ocurre nada! Para peor el café ya se enfrió. Al menos siento el sol con la ventana abierta. ¡Eso! Ventana es una buena palabra. La vieja técnica: parto de un sustantivo y llego a los personajes. Bien, primero escribiré algunas ideas. La ventana está abierta.

¿Y eso? ¿Quién habrá gritado así? Me asomo al balcón, pero nada. Árbol de mierda. Ojalá lo poden de una buena vez. Era voz de mujer. ¿Será la vecina de la planta baja? Un grito… Es una buena idea, ¿no? Grito

Bueno, ya tengo un personaje para darle forma. Casi lo puedo tocar. Tonteo un rato con la birome. Es una de mis rutinas físicas para liberarme. La acción física me lleva a la acción mental. ¿Dónde estaba? Ah, sí, el torso de una persona (no tengo muy definida todavía la cabeza). ¿Qué estilo de ropa? No, este no, aquel tampoco. ¡Ya sé! Una mujer vestida de negro. Es viuda, por eso grita. de dolor.

Ya puedo ver el grupo de gente que avanza lentamente hacia el coche fúnebre. Los autos negros. El primer auto enciende el motor y se marcha. ¿Un viejito, un hombre apuñalado, un joven envenenado con cianuro, un suicida? Me gusta. Ya tengo la materia prima del cuento.

Ya mismo pongo fecha a estas notas así puedo evaluar mis avances y cuánto tardo en escribir todo el cuento. A la tarde lo sigo y, si no tengo tiempo, tal vez, mañana. Hora de relajarme. Guillermo Martín Ayala. 24 de marzo.

Dejo el papel sobre la pila de libros del escritorio y me voy a la cocinita a buscar café. Ya tengo a la viuda. Mm, qué delicia, esto sí que es café. La viuda y el cortejo… Es de día entonces. ¿Lo anoté ya? Me tengo que fijar en las not... ¿Con qué mierda tropecé? Voy a tener que limpiar este desastre. ¡Casi me voy de crisma! No sé si la mancha va a salir y la taza no se puede salvar, está quebrada por la caída. Caída, caída… ¿Y si ubico la acción en Alemania? Y que el final de la historia coincida con la caída del muro. Lo agrego: Todo termina con la caída.

La viuda es un personaje perfecto, lleno de dolor, rico en facetas y en contradicciones. La sensación de vértigo ante la muerte. Es genial. La caída es la imagen perfecta para el dolor.

¿Otra vez? ¿Quién grita así? ¿Podré ver algo desde el balcón? No hay nadie. Epa, el cielo se puso raro, casi amarillo. ¿Vendrá la lluvia? Cierro los ojos, apoyado en la baranda, respiro tranquilo. Costó, pero vencí el bloqueo. Respiro. Hay que saber conectarse con el entorno. Viene bien el cuento. Respiro. La viudita… ¿Qué edad tiene mi viudita? Cuarenta y… Veinti… ¡Qué viento, mamma mía!


II

La ventana se cerró de un golpe y Ayala se sobresaltó. La caída fue breve, pero efectiva.

En el departamento, los peritos encontraron la taza rota, el café derramado y la nota sobre la pila de libros. «El bloqueo de escritor causa estragos», dijeron a cámara los periodistas cuando la ambulancia forense dejaba la escena con los restos del escritor. «Ayala tenía depresión y no seguía ningún tratamiento», repetían.

Pocos días después, cerraron el caso.

3 comentarios:

  1. Está muy bueno, Vero. Tenés que seguir rescatando estos cuentos, valen el trabajo. De éste me gusta la voz del personaje, la secuencia de palabras, y que todo termine, como lo anunció el prota, con la caída.

    Saludos

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  2. Gracias, Gabriel. Me quedan todavía algunos cuentos viejos. Este fue publicado en la revista Gramma N.° 30 en 1998. Le he hecho varios cambios, el principal es el narrador. No sé si ha sido para mejor o peor. La primera persona protagonista, si no está trabajada, puede resultar poco creíble. Si lo leés (está en la página 48), decime qué te parecieron los cambios.

    Un beso.

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    1. Hola Vero, disculpá la demora en contestar. Primero, gracias por la oportunidad de comparar ambas versiones, se aprende mucho de esa forma. Ahora sí, te cuento: me gusta más la nueva versión, siento que la primera persona hace más cercana la acción (como suele suceder) sin limitarla (como también suele pasar). El cambio de primera a tercera al final “te obliga” a dividirlo en dos, pero funciona bien. El texto antiguo también está bueno aunque quizás algunas de las frases están un poquito recargadas, no demasiado. Lo que sí me ha gustado, y tal vez rescataría para la presente versión, es el escribir las frases en cursiva en renglón aparte y dejando los espacios. Lo hace aún más visual y rítmico. El final de la versión nueva me parece mucho más logrado; sólo un apunte si me permitís. Cuando decís: «Ayala tenía depresión y no seguía ningún tratamiento», repetían. A ese repetían tal vez se le podría agregar los vecinos, repetían los vecinos (viste que en las notas siempre se los entrevista en casos así).

      Espero que te haya servido y que me disculpes la intromisión en tu texto.

      Saludos

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