jueves, 29 de diciembre de 2011

Año Nuevo

Llega la tarde a Barrancas
y con ella una blusa verde con pollera amplia
nena de cinco y varón de siete.
Caminan hasta el colectivo
para volver a la pensión.
Ha ocupado el día
rasqueteando inodoros,
puliendo hornallas,
ahuyentando como bruja
el polvo ajeno.
Tiene un monederito tan chico
como una moneda
y delgado como tobillos
de gacela pobre.
La mano en la espaldita de los chicos
suave, constante.
No se separen que ya nos vamos.
Está cansada
pero el falta mucho la despierta.
Les arregla la ropa.
Le acomoda la trenza a la nena
parecida a la de ella,
la hebillita.
Conversa con voz pequeña,
les cuenta que esta noche comen bife
(que le sobró al mediodía a la señora
el bife envuelto que lleva en la bolsita
con las pantuflas gastadas que le dio el patrón
feliz Año Nuevo, querida).

El colectivo llega.
Hoy pasaron el día juntos.
Suben contentos.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Julio Jaramillo: Amémonos

Buscaba mi alma con afán tu alma,
buscaba yo la virgen que a mi frente
tocara con sus labios dulcemente
en el febril insomnio del amor.

Buscaba yo la mujer pálida y bella
que en sueños me visita desde niño
para partir con ella mi cariño,
para partir con ella mi dolor.

Como en la sacra soledad del templo
sin ver a Dios se siente su presencia,
yo presentí en el mundo tu existencia
y como a Dios sin verte te adoré.

No preguntaba ni sabía tu nombre,
dónde iba a encontrarte lo ignoraba,
pero tu alma cerca de mi alma estaba,
más bien presentimiento que ilusión.

Amemonos, mi bien, en este mundo
donde lágrimas tantas se derraman,
las que vierten quizá los que se aman
tienen un no sé qué de bendición.

Amar es empapar el pensamiento
en la fragancia del edén perdido.
Amar es amar, quedar herido
por un dardo celeste el corazón.

Es tocar los dindeles de la gloria,
es ver tus ojos, es escuchar tu acento,
es en el alma llevar el firmamento
y es morir a tus pies de adoración.

 
 
Queridos lectores veruscianos, hoy me caso. Va a ser un día muy feliz. Por eso, les traigo este vals tan lindo y alusivo para compartir este momento tan importante de mi vida con ustedes.

A partir de esta entrada, escribiré como una señora casada, así que tendré que fingir algo de seriedad... Sepan entender.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Los nombres de las cosas

Una breve anotación para invitarlos a visitar el blog Los nombres de las cosas, de María González, poeta que tuve el gusto de tener como alumna este año en mi taller de poesía presencial.

Pasen, lean, comenten... En fin, disfruten.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Presentación de La lenta obsesión. Parte II

El sábado pasado fue la presentación de La lenta obsesión, de Editorial Dunken, antología en la que está incluido mi poema La canaria. Creo que fue la que más me gustó de todas a las que asistí.


Entre los presentes, se contagiaba el espíritu festivo; los familiares se convertían en fotógrafos improvisados; los autores se ponían nerviosos en los minutos previos, la gente de la editorial ocupándose en los últimos detalles...

César Melis, el antologador, leyó la introducción que escribió para el libro y agregó una que otra cuota de humor. Al final, leyó algunos poemas de la antología y tuve suerte de que eligiera el mío, entre otros.

Y me reencontré con la poeta Rosana Martínez Flecha, a quien conocí un par de antologías atrás.

¿La verdad? Se portó Dunken el sábado. Y yo disfruté.



viernes, 2 de diciembre de 2011

De cómo la vida está llena de poesía

Yo creo que la vida está llena de poesía, de momentos vívidos que uno quiere guardar para siempre, como un poema, y memorizar. Hay momentos (estarán de acuerdo, estoy segura) que se viven con una intensidad tal que parecería que uno está a punto de morir. O de nacer de nuevo.

En estos tiempos en que estoy preparando el casamiento, mi mente está supercreativa, no para la escritura, eso sí. Por eso, tan pocos poemas en las últimas semanas. Sepan que han sido días agitados, llenos de nervios, insomnio (algo raro en mí) y presiones de todo tipo. Ayer, por ejemplo, amanecí a las cinco de la mañana y a las doce menos algo de la noche seguía dando vueltas. No es vitalidad, es que la cabeza anda de acá para allá, intentando resolver una y otra cosilla, tal y cual detalle de decoración o diseño.

Es que se me ha ocurrido hacer yo misma las cosas del casamiento. Léase centros de mesa, invitaciones, menús, adorno para la torta, ramo de novia... Bueno, crecí con Utilísima antes de que fuera un canal de televisión, mi madre siempre ha sido creativa y de hacer manualidades, al igual que mi tía y madrina, mi abuela hacía trabajos de costura... y yo salí queriendo hacer las mismas cosas. Y como soy una valiente (o una temeraria, según se vea), aquí estoy.

Ayer tuve mucha poesía. Me llegaron de Estados Unidos de América unos sellos de goma que había encargado en Etsy. Estoy fascinada. Hace poco, a raíz de mi casamiento, descubrí la moda vintage y mi mente hizo un quiebre. Me enamoré. Lo hecho a mano, las letras, los sellos, los pajaritos (como mi dulce Baldomero)...

En realidad, siempre fui un poco anticuada. Cuando leí Una niña anticuada de Louisa May Alcott, la autora de Mujercitas, me sentí tan identificada que el libro parecía escrito para mí. Y ahora la moda vintage, justo para mí. No veo la hora de poner mis sellitos nuevos a mis tarjetas de fin de año y mis papeles del corazón.

Ayer también dediqué una buena parte de la tarde a mis alumnas del taller presencial de poesía, para quienes hice un comentario-informe sobre su evolución. Esta tarea me hizo revivir muchos momentos del taller, algunos graciosos, otros reflexivos, otros lúdicos, pero todos llenos de poesía. Voy a extrañar mucho los encuentros de los jueves.

Y hoy, en unas horas, la poesía sigue. Es la presentación de La lenta obsesión, el libro en el que Dunken publicó mi poema La canaria. Estoy algo ansiosa por leerlo en papel.

Mientras tanto, tarareo una y otra vez esta canción. Soy una afortunada. La poesía ilumina mi vida.



jueves, 1 de diciembre de 2011

El pote

Ayer fui a la tienda.
«Cola vinílica, por favor».
Y tengo aquí sobre mi mesa
un pote blanco,
con letras azules
que no dicen nada.

Este pote no sabe
de mi abuelo ebanista,
que la cola que él usaba
para que mesas y sillas
crecieran
como unos críos
en su taller
estaba en una lata
y parecía caramelo
para el flan.

Este pote no sabe.
¡Qué mierda!
No sabe
lo que es extrañar.


(Para leer con esto de fondo).

El verde es un lugar

 
Y al final encontrarán la luz
Invitación al pie descalzo

Muchas hojas, una hoja

Habitante

La tentación

Continuidades

Vida pequeña y muerte grande

Y ninguna flor
Tomé estas fotos en el bellísimo Museo Larreta en 2009.