martes, 30 de agosto de 2011

Podría ser poeta

Acabo de ver la presentación del nuevo libro de poesía de una editorial. Están en plena difusión, por lo que armaron un video del poeta en el que se lo escucha recitar uno de los poemas del libro al tiempo que pasan imágenes relacionadas. Pero prácticamente no pude escuchar las palabras que recitaba. Su manera de recitar era tan ineficiente que no pude dejar de pensar en I could be a poet (Podría ser poeta) de Taylor Mali.

Hace poco publiqué la versión de Poesía Estéreo de ese poema de Taylor Mali. Ahora publico la original. No tiene subtítulos y está en inglés, pero si no conocen el idioma, pueden escuchar primero a Poesía Estéreo y luego a Mali y van a entender. La entonación de Mali es insuperable.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Fe

Quiero esa fe de las moscas,
que andan en la mierda y sin embargo
golpean rebeldes los cristales
y se alejan
y golpean otra vez
seguras
de que algún día
desaparecerán para siempre
las ventanas.

24/08/11
(Más un pensamiento que un poema, mientras una mosca está en mi cuarto).

martes, 23 de agosto de 2011

La planchadora

Rosa trabajaba como planchadora en casas de familia. No limpiaba, no lavaba, no cuidaba niños ni ancianos, solo planchaba ropa. Llegaba, abría la tabla, enchufaba la plancha y comenzaba. No se le escapaba una arruga, era prolija y rápida, pero una de sus mejores virtudes era ser obediente. Si una patrona le decía: "Quiero que planches los cuellos así", ella lo hacía. Si otra patrona le pedía las remeras de tal otra forma, ella lo hacía. Todos quedaban conformes y la recomendaban siempre. Por eso a Rosa nunca le faltó el trabajo.

Cuando conoció a su nueva patrona Estefanía, Rosa se enteró de que trabajaba en un hospital y que por eso no podía planchar su propia ropa. Era médica de guardia. Siempre estaba apurada.

—¿Quiere darme alguna indicación en particular? Yo plancho como usted me diga —dijo Rosa.
—Planchá todo. No es tanto. El tiempo te tiene que alcanzar —contestó y señaló el cesto de ropa. Estefanía le dejó un juego de llaves, le dio un beso rápido y se fue.

Una vez sola, Rosa abrió la tabla, enchufó la plancha y miró el hermoso comedor donde trabajaría: muebles finos, alfombras, cuadros, jarrones con flores. No todos tienen mi suerte. Rosa recordó el tiempo que tenía para planchar, hizo cuentas y comenzó su tarea. Primero fueron las veinticinco prendas que estaban en el cesto, mucha ropa de trabajo y ropa blanca. Después siguió con el mantel rojo que estaba puesto en la mesa. A continuación, las cuatro macetas con potus de la casa, que le llevaron algo de tiempo ya que tenían muchas hojas y tallos, pero lo logró. Después, la pared de salpicré, que quedó lisa como la seda, las patas torneadas de la mesa y las sillas, los almohadones de seda arrugada y la alfombra peluda. Se encargó en el baño del papel higiénico, que tenía unas rugosidades impresentables; bajó la temperatura de la plancha para esto. En la cocina encontró un par de coliflores blancos, algunas naranjas y kiwis, que dejó lacios y prolijos; también las bolsas de polietileno, que estaban hechas un bollo, y unas galletitas de miel, que tenían unas grietas importantes. Todo marchaba bien. Rosa estaba muy contenta, si seguía así el tiempo le alcanzaría.

El problema fue la esponja de acero, que la esperaba enrulada junto a la pileta de la cocina. O tal vez fue la plancha, que no era de vapor sino de las viejas de metal. Lamentablemente, Rosa nunca quiso admitir que hay cosas que deben quedar como están.

jueves, 18 de agosto de 2011

Bolsa

"Muchas maravillas hay en el universo;
pero la obra maestra de la creación es el corazón materno."
Ernest Bersot

La embarazada de nueve
con calcita fucsia de tiro bajo
y colaless
no aguanta más.

Ey,
salgo a tirar la basura,
¿me oís?

El plástico redondo
está lleno
y hiede.
Le da cosa.

La bolsa se rompe en la esquina.
Un perro duerme.
Y allá adentro
en la casilla
está la mano
que hace cantar los cardenales
y evita que se escapen.

La basura ha quedado
derramada
en el piso.
Hace demasiado frío esta noche.
Seguro pasará algún basurero
y se llevará
este grito pequeño
y rosado
recién parido.

lunes, 15 de agosto de 2011

Habitación 409

Jacinta
(que en otros tiempos fue
mujer de boca fácil,
pezones dulces,
y habitaciones breves)
no sabe en qué día está, solo su nombre.

Los enfermeros vienen a tocar su cuerpo viejo,
manosean sus pañales, huelen, miran,
a ver si hay deposiciones,
excrementos,
caca,
mierda.

A Jacinta le gusta el enfermero rubio,
que viene a revisarla a las diez treinta,
que le cambia los pañales y le canta
soy ese vicio de tu piel
que ya no puedes desprender
soy lo prohibido
al ritmo de la gota
del suero que cuelga.

Está muy lejos, Jacinta. Está perdida.
Pero la mujer de ochenta mira al médico,
mira la pared, no dice nada.
Ya se lo han dicho a los veinte las mil manos,
los hombres que llovieron en su cuerpo,
las vecinas que temían su presencia.

Jacinta mira la tevé y espera.
La silla de visita está vacía y qué importa.
No sabe bien qué día es; ella sonríe.
Son diez y cuarto y dios va a venir a verla.

jueves, 11 de agosto de 2011

A vaca lechera no se le miran los dientes

-¿Por qué las vacas lecheras tienen esa mirada húmeda tan característica?
-Es el terror.
-¿Terror?
-Claro. Ponen esa cara cuando les mirás los dientes.
-¡Qué decís!
-Los dientes de leche, querido. ¿No sabés que se caen? Eso y desangrarse es lo mismo para una vaca lechera.

El sueño de la pileta y los microrrelatos

Ya van dos noches seguidas que sueño que escribo microrrelatos. Son cortos, cortísimos y geniales. Los disfruto al escribirlos; los olvido por completo al despertar.

Anteanoche soñé además que estaba en una pileta cubierta. Era muy parecida a la del club donde aprendí a nadar, pero, como sucede en los sueños, no era la misma. Esta pileta era ocre, no azul. Yo nadaba y, más o menos cuando estaba en la mitad, el agua comenzaba a levantarse en unas olas gigantes, que avanzaban en cámara lenta hacia mí. Esa lentitud era más aplastante que las olas mismas. Yo debía nadar de vuelta y cuando la ola estaba por estallar y ahogarme, yo me aferraba a una de las ventanas, a las rejas (que curiosamente estaban del lado de adentro). La ola estaba cerca, pero tardaba. Entonces me ponía a charlar con otra chica que estaba aferrada a la ventana de al lado. Por último, tomaba aire, y no recuerdo nada más.

Tal vez morí en el sueño y no había paraíso, ni infierno, ni purgatorio, ni nada de eso. O tal vez todo eso sea despertar. Tal vez todo eso sea escribirlo después.

martes, 9 de agosto de 2011

Teresita

alguien quiso que fuera teresita
alguien quiso ese diminutivo
que le queda chico
que le ajusta como una camisa
de hace diez años

teresita
hilvana palabras
y hace collares larguísimos
como una mujer griega

ella sabe
odiseo no va a volver
si las cuentapalabras y el hilo
no llegan
no lo guían de regreso
a ítaca

sábado, 6 de agosto de 2011

Paradoja natatoria

Los pies se aferraron al borde del trampolín; la tabla bajó, subió y quedó vibrando. El hombre totalmente afeitado y en pantaloncito deportivo se estiró como una flecha y luego encorvó la espalda, escondió la cabeza, plegó las piernas. En cuatro círculos mortales, vio al público, a los jueces. Lleno de miedo y excitación, tragó, pero le faltó el aire, estaba atorado. Quiso toser, pero a esa altura solo atinó a aspirar el agua llena de cloro de la pileta.

A pesar del ahogo, sus notas fueron altas. Una pena que tuvieran que tirarse a rescatar al campeón.

viernes, 5 de agosto de 2011

Micro

"Voy a escribir un micro, pero esta vez será un modo totalmente nuevo", pensó el reconocido narrador de minificciones. Esa misma tarde se mezcló entre la gente de la terminal de ómnibus de Retiro, aerosol en mano.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Diálogo real: La amada de Dante según el Trivial

Reunión de amigos en casa. El tablero del Trivial (juego de preguntas y respuestas) en el centro de la mesa y dos parejas en pugna.

—¿Quién amaba a Beatriz en la Divina Comedia?
—¡Esa es fácil! Dejame contestar a mí —le digo a Sergio. —La respuesta es Dante.
—No, Virgilio. Perdieron el turno.
—No puede ser. Es Dante.
—Dice "Virgilio".
—¡Pero es Dante!
—Estarás confundida, Vero.
—No, ¡Dante y Beatrice!
—Dante es el autor, por eso te confundirás.
—Dante era el autor, pero también uno de los personajes.
—...
—Mejor sigamos jugando, es largo de explicar...