sábado, 6 de agosto de 2011

Paradoja natatoria

Los pies se aferraron al borde del trampolín; la tabla bajó, subió y quedó vibrando. El hombre totalmente afeitado y en pantaloncito deportivo se estiró como una flecha y luego encorvó la espalda, escondió la cabeza, plegó las piernas. En cuatro círculos mortales, vio al público, a los jueces. Lleno de miedo y excitación, tragó, pero le faltó el aire, estaba atorado. Quiso toser, pero a esa altura solo atinó a aspirar el agua llena de cloro de la pileta.

A pesar del ahogo, sus notas fueron altas. Una pena que tuvieran que tirarse a rescatar al campeón.

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