viernes, 17 de junio de 2011

La calandria

La rana vio que había viento. El aire de la charca llevaba hojas marrones. Más arriba, algo blando se movía en círculos.

—¿También hay viento allí?—preguntó a la avecilla en ranés.
—Claro —aseveró la calandria también en ranés.
—¡Hablamos el mismo idioma!
—Conozco tu lengua, pero el calandrés es mejor.

La rana miró a la calandria, que danzaba altísima. Es una pena. Habla como yo, pero no habla conmigo, pensó y se sumergió en silencio.


Nota: Es el tercero de la serie, escrito hoy, nueve años después. ¡Espero haber mantenido el estilo y no decepcionarlos!

4 comentarios:

  1. que lindoooooo :)
    (te lo diria en ranés si supiera)
    Eri.

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  2. Y el tercero no desentona para nada: es muy bueno. Me alegra que te animarás a continuar la serie. Dicen los teóricos que la frontera entre microrrelato y poesía son, con frecuencia, difusas: creo que es un terreno propicio para vos, para muestra valen estas ranitas ;)

    Saludos.

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  3. Gre, ¡la linda sos vos! Gracias por estar en los momentos clave para mi escritura.

    Eri, gracias por tu comentario acá y en FB. Estoy segura de que ya conocés el ranés (al menos el perritograndescribanés) ;-)

    Gabriel, gracias por guiarme y darme ánimo en estos primeros pasos en el microrrelato. Realmente me has hecho redescubrir la narrativa, mirarla con otros ojos (no porque no me gustara -que ese ha sido un amor de toda la vida-, sino porque encontré un espacio en el que me siento cómoda narrando). Y se lo debo enteramente a tu blog.

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