jueves, 29 de diciembre de 2011

Año Nuevo

Llega la tarde a Barrancas
y con ella una blusa verde con pollera amplia
nena de cinco y varón de siete.
Caminan hasta el colectivo
para volver a la pensión.
Ha ocupado el día
rasqueteando inodoros,
puliendo hornallas,
ahuyentando como bruja
el polvo ajeno.
Tiene un monederito tan chico
como una moneda
y delgado como tobillos
de gacela pobre.
La mano en la espaldita de los chicos
suave, constante.
No se separen que ya nos vamos.
Está cansada
pero el falta mucho la despierta.
Les arregla la ropa.
Le acomoda la trenza a la nena
parecida a la de ella,
la hebillita.
Conversa con voz pequeña,
les cuenta que esta noche comen bife
(que le sobró al mediodía a la señora
el bife envuelto que lleva en la bolsita
con las pantuflas gastadas que le dio el patrón
feliz Año Nuevo, querida).

El colectivo llega.
Hoy pasaron el día juntos.
Suben contentos.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Julio Jaramillo: Amémonos

Buscaba mi alma con afán tu alma,
buscaba yo la virgen que a mi frente
tocara con sus labios dulcemente
en el febril insomnio del amor.

Buscaba yo la mujer pálida y bella
que en sueños me visita desde niño
para partir con ella mi cariño,
para partir con ella mi dolor.

Como en la sacra soledad del templo
sin ver a Dios se siente su presencia,
yo presentí en el mundo tu existencia
y como a Dios sin verte te adoré.

No preguntaba ni sabía tu nombre,
dónde iba a encontrarte lo ignoraba,
pero tu alma cerca de mi alma estaba,
más bien presentimiento que ilusión.

Amemonos, mi bien, en este mundo
donde lágrimas tantas se derraman,
las que vierten quizá los que se aman
tienen un no sé qué de bendición.

Amar es empapar el pensamiento
en la fragancia del edén perdido.
Amar es amar, quedar herido
por un dardo celeste el corazón.

Es tocar los dindeles de la gloria,
es ver tus ojos, es escuchar tu acento,
es en el alma llevar el firmamento
y es morir a tus pies de adoración.

 
 
Queridos lectores veruscianos, hoy me caso. Va a ser un día muy feliz. Por eso, les traigo este vals tan lindo y alusivo para compartir este momento tan importante de mi vida con ustedes.

A partir de esta entrada, escribiré como una señora casada, así que tendré que fingir algo de seriedad... Sepan entender.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Los nombres de las cosas

Una breve anotación para invitarlos a visitar el blog Los nombres de las cosas, de María González, poeta que tuve el gusto de tener como alumna este año en mi taller de poesía presencial.

Pasen, lean, comenten... En fin, disfruten.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Presentación de La lenta obsesión. Parte II

El sábado pasado fue la presentación de La lenta obsesión, de Editorial Dunken, antología en la que está incluido mi poema La canaria. Creo que fue la que más me gustó de todas a las que asistí.


Entre los presentes, se contagiaba el espíritu festivo; los familiares se convertían en fotógrafos improvisados; los autores se ponían nerviosos en los minutos previos, la gente de la editorial ocupándose en los últimos detalles...

César Melis, el antologador, leyó la introducción que escribió para el libro y agregó una que otra cuota de humor. Al final, leyó algunos poemas de la antología y tuve suerte de que eligiera el mío, entre otros.

Y me reencontré con la poeta Rosana Martínez Flecha, a quien conocí un par de antologías atrás.

¿La verdad? Se portó Dunken el sábado. Y yo disfruté.



viernes, 2 de diciembre de 2011

De cómo la vida está llena de poesía

Yo creo que la vida está llena de poesía, de momentos vívidos que uno quiere guardar para siempre, como un poema, y memorizar. Hay momentos (estarán de acuerdo, estoy segura) que se viven con una intensidad tal que parecería que uno está a punto de morir. O de nacer de nuevo.

En estos tiempos en que estoy preparando el casamiento, mi mente está supercreativa, no para la escritura, eso sí. Por eso, tan pocos poemas en las últimas semanas. Sepan que han sido días agitados, llenos de nervios, insomnio (algo raro en mí) y presiones de todo tipo. Ayer, por ejemplo, amanecí a las cinco de la mañana y a las doce menos algo de la noche seguía dando vueltas. No es vitalidad, es que la cabeza anda de acá para allá, intentando resolver una y otra cosilla, tal y cual detalle de decoración o diseño.

Es que se me ha ocurrido hacer yo misma las cosas del casamiento. Léase centros de mesa, invitaciones, menús, adorno para la torta, ramo de novia... Bueno, crecí con Utilísima antes de que fuera un canal de televisión, mi madre siempre ha sido creativa y de hacer manualidades, al igual que mi tía y madrina, mi abuela hacía trabajos de costura... y yo salí queriendo hacer las mismas cosas. Y como soy una valiente (o una temeraria, según se vea), aquí estoy.

Ayer tuve mucha poesía. Me llegaron de Estados Unidos de América unos sellos de goma que había encargado en Etsy. Estoy fascinada. Hace poco, a raíz de mi casamiento, descubrí la moda vintage y mi mente hizo un quiebre. Me enamoré. Lo hecho a mano, las letras, los sellos, los pajaritos (como mi dulce Baldomero)...

En realidad, siempre fui un poco anticuada. Cuando leí Una niña anticuada de Louisa May Alcott, la autora de Mujercitas, me sentí tan identificada que el libro parecía escrito para mí. Y ahora la moda vintage, justo para mí. No veo la hora de poner mis sellitos nuevos a mis tarjetas de fin de año y mis papeles del corazón.

Ayer también dediqué una buena parte de la tarde a mis alumnas del taller presencial de poesía, para quienes hice un comentario-informe sobre su evolución. Esta tarea me hizo revivir muchos momentos del taller, algunos graciosos, otros reflexivos, otros lúdicos, pero todos llenos de poesía. Voy a extrañar mucho los encuentros de los jueves.

Y hoy, en unas horas, la poesía sigue. Es la presentación de La lenta obsesión, el libro en el que Dunken publicó mi poema La canaria. Estoy algo ansiosa por leerlo en papel.

Mientras tanto, tarareo una y otra vez esta canción. Soy una afortunada. La poesía ilumina mi vida.



jueves, 1 de diciembre de 2011

El pote

Ayer fui a la tienda.
«Cola vinílica, por favor».
Y tengo aquí sobre mi mesa
un pote blanco,
con letras azules
que no dicen nada.

Este pote no sabe
de mi abuelo ebanista,
que la cola que él usaba
para que mesas y sillas
crecieran
como unos críos
en su taller
estaba en una lata
y parecía caramelo
para el flan.

Este pote no sabe.
¡Qué mierda!
No sabe
lo que es extrañar.


(Para leer con esto de fondo).

El verde es un lugar

 
Y al final encontrarán la luz
Invitación al pie descalzo

Muchas hojas, una hoja

Habitante

La tentación

Continuidades

Vida pequeña y muerte grande

Y ninguna flor
Tomé estas fotos en el bellísimo Museo Larreta en 2009.

sábado, 19 de noviembre de 2011

El signo


A Susana, a María, a Karina,
por la poesía que hay en el té. 
 
Afuera el ciruelo resiste:
ha florecido en pleno invierno.
Adentro el anciano chino
escribe un poema y bebe té.

Una línea veloz cruza el cielo
de izquierda a derecha.
Un perfil delicado
de plumas verdes y pico rojo.

El anciano, que ha reconocido
el signo por la ventana,
se apura pues a terminar
sus cuatro o cinco versos.

En la tetera, un pájaro pintado
abandona la rama.
El anciano posado en la silla
emprende el vuelo también.

martes, 15 de noviembre de 2011

Presentación de La lenta obsesión. Parte I

La buena noticia es que la presentación de La lenta obsesión, antología de Dunken en la que podrán leer mi poema "La canaria", ya tiene fecha. Será el sábado 3 de diciembre de 2011 a las 12 en las instalaciones de la editorial.

¿Dónde? Acá van los datos:
Editorial Dunken
Ayacucho 357, Capital Federal
Tel/Fax: (011) 4954-7700 rot.
www.dunken.com.ar

Ahora bien, la mala es que solo puedo llevar tres acompañantes. No se preocupen, pienso llevar cámara de fotos. Después publico todo por acá.

Café Pretextos de noviembre

El sábado pasado fui al penúltimo Café Pretextos del año, organizado por el Grupo Pretextos. Lo pasé muy bien y me vine contenta porque, a pesar de haber escuchado nuevamente algunos poemas que se leyeron en el café de octubre, escuché por primera vez a una poeta que me interesó mucho, Verónica Peñaloza, y además lo vi en vivo a Máximo Ballester, a quien conocía solo por sus letras.

Esta vez leí Habitación 409 y El vecino. Algunas partes las recité de memoria. Si se me ha de juzgar por ello, sepan que es la primera vez que logro memorizar un poema mío, aunque sea un fragmento, y eso es todo un logro para mí.

viernes, 11 de noviembre de 2011

jueves, 10 de noviembre de 2011

Tacos

Estos tacos, altísimos para mi estilo cotidiano, son equivalentes a un «sí, quiero» y falta poco para que los calce...




miércoles, 9 de noviembre de 2011

Un vacío

Hoy leí esta frase en el blog de mi amiga Patricia: "Todo el pasado se iba y en su lugar no venía nada. Era un vacío que solo se llenaba conmigo". Poesía, fuerza y lucidez juntas. Jugué a darle forma, pero el texto es de ella.

Todo el pasado se iba
y en su lugar no venía
                                nada.

Era un vacío
que solo se llenaba
                              conmigo.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Gabriela Mistral: Dame la mano y danzaremos

Dame la mano y danzaremos;
dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más...

El mismo verso cantaremos,
al mismo paso bailarás.
Como una espiga ondularemos,
como una espiga, y nada más.

Te llamas Rosa y yo Esperanza;
pero tu nombre olvidarás,
porque seremos una danza
en la colina y nada más...

Canción de Gabriela Mistral y Teresita Fernández.

Fuente: http://www.cancioneros.com/nc/4920/0/dame-la-mano-y-danzaremos-gabriela-mistral-teresita-fernandez

viernes, 4 de noviembre de 2011

Pour toujours une poèsie

Una pequeña nota al paso para invitarlos a visitar el blog Pour toujours une poèsie, que Ricardo Zamorano, uno de mis alumnos de taller, abrió recientemente. Zamorano es un poeta jovencísimo (de tan solo 19 años), de escritura hermética, que tiene mucho por delante. De seguro, le harán bien sus visitas.

Alfonsina Storni: ¡Agua!

¡Agua, agua, agua!
Eso voy gritando por calles y plazas.
¡Agua, agua, agua!

No quiero beberla,
no quiero tomarla,
no es la boca mía la que pide agua.

El alma de seca, de seca
se rasga.

Por eso me lanzo por calles y plazas
pidiendo a destajo:
¡Agua, agua, agua!

Abridme las venas,
vertedles la clara corriente de un río.
¡Agua, agua, agua!


Gracias, María, por compartir esta joya conmigo y con el resto de los integrantes del Taller de Poesía.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Jacques Prévert: Este amor

Este amor
tan violento tan frágil
tan tierno
tan desesperado
este amor
bello como el día
y malo como el tiempo
cuando hay mal tiempo
este amor tan sincero
este amor tan hermoso
tan feliz
tan jovial
y tan pobrecito
trémulo como un chiquito en la oscuridad
y tan seguro de sí mismo
como un hombre tranquilo en lo más hondo de la noche
este amor que da miedo a los demás
que los hace hablar
que los hace palidecer
este amor acechado
porque nosotros lo acechamos
acosado herido pisoteado destrozado negado olvidado
porque nosotros lo hemos acosado herido pisoteado destrozado negado olvidado
este amor íntegro
tan vivo todavía
y pleno de sol
es el tuyo
es el mío
ese que ha sido
este algo siempre nuevo
y que no ha cambiado
tan verdadero como una planta
tan tembloroso como un pájaro
tan cálido tan vivo como el verano
ambos podemos juntos
alejarnos y retornar
olvidarlo
y después dormirnos
despertarnos padecer envejecer
dormirnos de nuevo
soñar con la muerte
despertarnos sonreír y reír
y rejuvenecer
nuestro amor sigue allí
obstinado como un borrico
viviente como el deseo
cruel como la memoria
absurdo como el arrepentimiento
tierno como los recuerdos
frío como el mármol
bello como el día
frágil como un niño
nuestro amor nos mira sonriendo
y nos habla sin decir nada
y yo lo escucho tembloroso
y grito
grito por vos
grito por mí
y le suplico
por vos por mí por todos los que se aman
y los que se han amado
sí le grito
por vos por mí y por todos
los que no conozco
quedate
allí donde estás
allí donde estuviste antes
quedate
no te muevas
no te vayas
nosotros los que somos amados
te hemos olvidado
pero no nos olvides vos
solo te teníamos a vos en el mundo
no permitas que nos volvamos indiferentes
cada vez mucho más lejos
y desde donde sea
danos señales de vida
mucho más tarde desde el rincón de un bosque
en la selva de la memoria
surgí de repente
tendenos la mano
y salvanos.

Fuente: http://vosquedepalabrasvives.blogspot.com/2008/01/este-amor-jacques-prevert.html.
Esta adaptación que hice al dialecto rioplatense está basada en la traducción de la fuente citada.

Leelo en francés: http://www.veraregina.com.br/cantinho/frances/poe-fran/08.htm

martes, 1 de noviembre de 2011

Coquena

Hace unos días conocí al guitarrista y compositor argentino Marcelo Coronel en una fiesta de cumpleaños. En esa oportunidad, tocó su obra Coquena.



El alma, que es una cuerda, vibra...

lunes, 31 de octubre de 2011

Deidad



La mujer sale al alba.
Flota blanquecina contra el viento azul.
La tierra reverdece bajo su planta
y nosotras rumiamos para que nazca el día.

La vemos irse.
El pelo rubio es en el aire un echadero.
El hombre oscuro de los ojos solos
ha dormido en él y sueña todavía.

Pasa la tranquera esa mujer.
Sale el sol y brilla como cinco monedas.
En el camino polvoroso, ya no vemos
cómo se ha perdido una deidad.

viernes, 28 de octubre de 2011

Espejo

Vio todo: el otro en el espejo, afeitándose; de golpe, las venas cortadas. "¡No me dejes solo!", gritó y repitió el gesto.

(Este hiperbreve es una reelaboración de mi cuento Pérdida).

Pérdida

Su única religión era levantarse temprano a la mañana, caminar aún dormido hacia la puerta del baño y mirarse concienzudamente en el espejo. Todos los días las mismas arrugas nuevas, las mismas canas que no antes no tenía. Se observaba guiñando los ojos, de reojo, mostrando los dientes, que gracias a Dios eran suyos, y luego de convencerse de que no sólo estaba vivo, sino además despierto, volvía a su habitación de una sola plaza para vestirse y salir a trabajar.

Aquella mañana se despertó asustado, con las manos sudorosas, la frente tibia y algo de frío en el pecho. Dio un par de vueltas en la cama sin abrir los ojos todavía. Abrazó la almohada e intentó descansar. El reloj despertador lo sobresaltó, sonó el teléfono. No supo qué hacer primero. Solo el teléfono dejó de sonar. Una mano se alargó lo suficiente y silencio. El teléfono otra vez. Atendió aunque temiendo recibir alguna mala noticia. Nadie llama a las seis de la mañana a menos que... Del otro lado ya habían cortado. Las sábanas le molestaban, por lo que decidió levantarse.

Con gran trabajo hizo que el techo dejara de ser una mancha oscura para ser algo ligeramente amarronado con esquinas descascaradas. Recordó el año en el que estaba y miró la mesita de luz. Un par de pastillas, la foto de su madre y el vaso de agua. Más allá estaba la silla donde la noche anterior había dejado la camisa planchada y el pantalón gris. Entre bostezos, un par de chinelas de tela cuadrillé lo llevó a la ventana. Levantó la persiana y la habitación se llenó de pájaros y brillos. Se tapó la cara con la mano, le dolía la luz.

Cuando entró en el baño, sonrió. No tenía ganas de verse, como si después de tantos años quisiera burlarse de ese otro. De todos modos, sabía que cuando menos lo esperara, se encontraría mirándolo. Siempre juntos en el baño, a la hora de las caras difíciles. El agua recorrió su cepillo, la pasta dental, sus dientes, las manos, la cara y entró con algo de jabón entre sus pestañas solo para molestarlo un poco. El pijama tenía unos arabescos amarillos y naranjas sobre un fondo azul. Menos mal que no lo veía nadie vestido así. Los dientes habían quedado bien. Sacó la navajita y se afeitó. Ni una sola cortadura, nada mal para un día de ojos jabonosos. Mojó el peine en agua tibia y se arregló el cabello. Aquel hizo lo mismo. Tal vez en sus miradas hubo algo, una voz, una respuesta. El peine cayó de sus manos.

En un primer momento creyó desmayarse. Le fallaron las piernas y su espalda golpeó contra la puerta del baño. La cabeza se mantuvo enhiesta para verlo todo (porque solo podía ver). Adivinaba el sonido del goteo del otro lado, la navaja caída (casi como su peine), la pileta manchada, derritiéndose de rojo y el otro, caído, abierto. Por primera vez vio en su espejo algo que se encontraba detrás de sí. Se acercó a la pileta. Las manos tocaron el borde del espejo y temblaron. Del otro lado, el otro estaría tibio, los ojos abiertos. Desde donde estaba no podía verlo. El mundo daba vueltas. Salió como pudo del baño y fue a la cocina a conseguir una silla. Se trepó y pegó su nariz al espejo. Entonces, la mano. Una mano, que le bastó aunque fuera lo único visible, la única parte del todo. Gritó su propio nombre un par de veces, pero nada pareció moverse. Nadie pareció moverse.

De vuelta en la cocina, acomodó la silla junto a las demás y se dejó caer en ella. No tenía dónde ir. No, en ese estado no podía ir a trabajar. Cruzó los brazos y susurró su nombre. El otro no escuchaba. Nunca más se volverían a ver . Con la vista nublada y húmeda volvió al baño. No verlo al entrar lo horrorizó. Sin el otro el mundo se le hacía demasiado grande. Los pájaros chillaban en la habitación, que daba a la calle.

Pensó en la ausencia y se le pareció insoportable. De ninguna manera abandonaría a su amigo. Tomó la navaja y lo siguió.

1998

jueves, 27 de octubre de 2011

Melancólica

Hace unos días encontré la página de Narbo, un poeta a quien conocí hace años en Reina Literatura, una lista de distribución de poesía. Me dio gusto encontrar en su página una sección con poemas míos. Me leí con la extrañeza que genera leer textos propios en tipografía ajena. Así fue que me reencontré con este texto, que ya tiene nueve años y pico. Pienso trabajarlo un poco; pronto publico una nueva versión.

Melancólica
La gata echada frente a la estufa
la computadora y los dedos fríos
muy fríos
tu foto
sonreímos
tan lindos los dos.
La gata se relame y no me mira
a veces
de reojo
me da el gusto.
Apuro el pequeño vaso de licor
Tan lindos nos veíamos
los dos.

16 Jul 02 18:15

miércoles, 26 de octubre de 2011

Selva

"¡Una araña en mi cabeza! ¡Qué asco; ayudame a matarla!", pidió la mujer. El cazador abrió la cartuchera y apuntó.

martes, 25 de octubre de 2011

La mer

La mer es una de mis canciones favoritas. La versión en inglés (Beyond the sea) es muy distinta de la francesa original. En inglés, la letra habla sobre el amor entre un marinero y una mujer que lo espera. En francés, habla solamente sobre el mar. Las dos tienen su encanto, pero prefiero la letra francesa, escrita por Charles Trenet.

lunes, 24 de octubre de 2011

Mal de altura

Formaste una pila altísima
con tus libros publicados
y te subiste.
Qué distintas viste las cosas.

Tus amigos escritores te envidiaron
tiraron piedras desde abajo
(como si existieran).

Pero lo sé,
yo soy baqueana,
sé que te apunarás en la altura
los libros perderán su equilibrio
(como si existieran).

Caerás.
Verás las sogas de palabras
que te tiraban los viejos amigos
desmadradas
en la intemperie de la piedra
que enrojará tu caída.

domingo, 23 de octubre de 2011

Estuve en Festival de Poesía Curandera

El viernes estuve en el Festival de Poesía Curandera. Empezó a las diez y pico de la noche, casi dos horas después de la hora a la que fue citada la gente (ocho y media). Indignante. Reconozco que soy impuntual, pero dos horas de tardanza me parecieron incluso a mí una falta de respeto, especialmente cuando me enteré de que siempre es así. Eso tiñó la velada de cierto desencanto.

De todos modos, escuché a un poeta que me sorprendió por la alta sensibilidad de sus textos, Diego Ravenna; me atrajeron los poemas largos y profundos de Claudia Masin, en particular uno sobre la lluvia, y cerró el festival el gran Leopoldo Castilla.

Castilla leyó poemas de Campo de prueba (Sobre la perspectiva, Sobre la perfección, Superficies) y de Manada (IV, VII, XXIII). Lo filmé. La acústica no era la mejor, pero algo pude registrar. Ayuda seguir la lectura con los poemas al lado.





viernes, 21 de octubre de 2011

Aldana

Aldana (alta, atractiva, audaz aunque apenas atontada) aborrecía arrugarse, aborrecía alquilarse.

Acostumbraba agacharse ante atónitos aspirantes a amantes: apagaba analmente ávidos apetitos. Aterrada, aprontando aberturas a apasionados anónimos, apagada, algo absolutamente acuchillado. Abominaba arrodillarse, asistir acabadas abundantes arrojadas al aire. Anhelaba ausentarse, alejarse. Aunque ansiaba aumentar adquisiciones amando a acaudalados: anestesistas, agrimensores, arqueros, arquitectos, algunos actores; asquerosas angustias aparecían ante Aldana.

Aldana, agobiada, acaparaba ahorros, aguardaba al amor, ansiaba abandonarse a alguien, abrazarlo. Amarlo.


18 de junio de 2000

lunes, 17 de octubre de 2011

José Martí: La niña de Guatemala



Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos,
y las orlas de reseda
y de jazmín: la enterramos
en una caja de seda.

...Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor:
él volvió, volvió casado:
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores:
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores.

...Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador:
él volvió con su mujer:
ella se murió de amor.

Como de bronce candente
al beso de despedida
era su frente ¡la frente
que más he amado en mi vida!

...Se entró de tarde en el río,
la sacó muerta el doctor:
dicen que murió de frío:
yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos:
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,
me llamó el enterrador:
¡Nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor!

jueves, 13 de octubre de 2011

Balcones

por su mirada alta.

Mirá, la viuda riega macetas
en su balconcito del centro.
Cerámica pintada a mano,
alegrías del hogar.

Más adelante ¡mirá! qué plantas.
Cómo reptan con frondoso celo
por entre rejas que niegan
el hospital de enfrente.

¡Aquel edificio! Una bicicleta
(erubescente sin asiento)
se protege a la intemperie
de unos pies que agonizan.

Mirame hundir la bombacha.
Pileta de mi balcón interno.
El encaje se frota con el jabón de pan,
y en oxímoron hierve.

Letras y músicas


miércoles, 12 de octubre de 2011

Flores del pasado de mi balcón

Estoy algo cursi. Flores, flores, flores. Hace poco publiqué a Jiménez. Es que les tengo aprecio a estas fotos que tomé en 2007 de una planta que entonces tenía. Entonces era verano y la misma planta daba frutos y flores.

Los poetas somos un poco así. Damos poemas flor que esperan el toque erótico de las aves y los abejorros lectores, damos uno que otro fruto duro de roer y, en simultáneo, se nos secan en la rama las palabras estériles, que no fueron nunca flor.

Diálogo real (con prólogo): La vendedora de libros y la poesía que no es literatura

Hace más de diez años, la librería y disquería Zivals, ubicada en Corrientes y Callao, era un remanso para mí. Recuerdo que había un par de libreros (que no meros vendedores de libros) que tenían una memoria digna de un personaje de Borges y que siempre sabían de qué libro les estabas hablando. Era un placer verlos trabajar. Vos ibas, le pedías el libro que buscabas y, sin mediar computadoras, iban hacia el lugar exacto de la librería donde esperaba el ejemplar. Eran libreros. Sabían de libros. Era una vocación.

Yo era asidua en épocas de la facultad. Me leía los títulos de las tapas, abría los libros que me interesaban, preguntaba precios... y, sobre todo, deseaba tener dinero para no tener que elegir. Casi siempre me compraba un libro, en general uno de los más baratos. Épocas del uno a uno.

Volví un par de veces hace unos años (por ejemplo, esta vez) y todavía estaba uno de los viejos libreros. Digo "viejo", pero no lo era; era un muchacho más bien. El librero se acordaba de mí y también de los libros que solía buscar. Un Funes realmente.

Ayer, que tuve que hacer unos trámites por el centro, caminé hasta Zivals. La encontré totalmente cambiada. En principio, los viejos libreros no estaban y además cambiaron la disposición de todo. Lamentablemente no es la misma librería que yo amaba. La sección de poesía solía ser vasta, variada. Tenían libros de editoriales independientes, alejadas del circuito comercial, como Eloísa Cartonera. Los anaqueles eran suculentos por sus novedades.

Ayer tuve que dar vueltas y vueltas para encontrar la sección de poesía. Tuve que preguntar, porque ni un cartelito había. Y me condujeron al fondo, al relegado sector donde esperaban los poemas.

Entonces se dio esta conversación con la vendedora que me atendía y con otra, a la que llamaré Cecilia, que estaba tras el mostrador. El nombre de Cecilia no es real, no recuerdo cómo la llamó la vendedora, pero, bueno, un nombre se merecía en este diálogo. O no. Ustedes dirán.

—Fijate acá. Está ordenado por apellido.
—Gracias.
(...)
—Estoy buscando algún libro de Leopoldo Castilla. El autor no parece estar acá. ¿Lo tenés?
—De Castilla no tengo nada. Publicó en Tusquets y no me quedó nada. Me fijo en la computadora igual.
—Perfecto. Yo sé que lo editó El Mono Armado.
—¿El Mono Armado? No le compro a esa editorial. Eh... Sí, tengo Manada.
—Qué bien.
—Te lo busco. Tiene que estar donde te dije, por apellido.
(...)
—A ver... No está.
—Yo tampoco lo encontré.
—¿Cecilia, vos viste el libro Manada, de Leopoldo Castilla?
—¿Qué libro?
Manada, de El Mono Armado.
—¿El Mono Armado? ¡Ja, ja, ja! Me hace reír tanto ese nombre. ¡El otro día lo vi y no podía parar de reír! Pero no lo encuentro.
—Cecilia, no es el nombre de un autor, es una editorial.
—Ah, por eso no lo encontraba. Ahora sí. Según la computadora, hay dos de ese libro. Tendría que estar ahí, por apellido.
—Pero no está. ¿No lo habrás mezclado con literatura cuando acomodaste?
—Ah, puede ser. Fijate.
(...)
 —¿Ves? Tomá, acá está. Lo habían puesto como literatura latinoamericana. ¡Mezclan todo!

domingo, 9 de octubre de 2011

Ayer leí en el Café Pretextos

Ayer a la tarde fui por primera vez al Café Pretextos, organizado por el Grupo Pretextos en el Pub de SAdeM (Sindicato Argentino de Músicos), Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Pasé un momento más que agradable con otros poetas y con Sergio, mi compañero fiel.

Leí Mamushka y Manzana. Aquí publico el video del segundo poema.


viernes, 7 de octubre de 2011

La canaria

La hermosa canaria del color del fuego
salió a buscar comida lejos del nido.

Y nosotros, con un hambre visceral,
(los picos abiertos, cerrados los ojos,
con un único pensamiento: ¡comer!),
gritamos vehementes, gritamos de frío.

Temblamos, nos hemos quedado tan solos.
La muerte se peina y canta su canción.

Pero la canaria está cerca, aquí llega,
sombra cálida que cubre de alimento,
plumaje nutricio que da muerte al hambre.
La canaria no es un pájaro, es un dios.

Nota: Poema seleccionado para la antología Lenta obsesión de la Editorial Dunken. 

jueves, 6 de octubre de 2011

Juan Ramón Jiménez: Eva

XX
Eva

I



¡La primavera, placer!
—Flores, flores, flores, flores—.
Sobre todos los olores,
¡qué inmenso el tuyo, mujer!



(¡La azalea de mi balcón ha florecido!)

Sobre la palabra "poesía"

Nombramos a la poesía con una palabra atroz. Esa ese que le quita fuerza, esas vocales abiertas que no forman diptongo... Nunca me canso de escribir este género, pero en ocasiones, como hoy, me canso de referirme a la poesía con un nombre tan desleído.

De ahora en más, debería llamarla "perro", para que venga fiel y presta en cuanto escuche mi voz. ¡Bueno sería!

miércoles, 5 de octubre de 2011

Balé nocturno

Media punta,
quatrième position.

Desde lo oscuro
se acerca otra voz.

Me envuelve,
me eleva como cáliz.

Pas de deux.

lunes, 3 de octubre de 2011

Mujer

yo era hombre

tenía diez años ese día
sentí el vacío encarnado en el vientre doloroso
la gravedad curvó los pechos lácteos y rotundos
un cuchillo mordió la fruta de mis labios
y liberó su jugo

ahora soy Mujer

viernes, 30 de septiembre de 2011

La canaria vuela

Ayer recibí una noticia que me alegró el día. Mi poema La canaria fue seleccionado para integrar la antología La lenta obsesión, de Editorial Dunken. Quería compartir la buena nueva con ustedes, que me leen siempre con tanta paciencia.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

El sueño del monje funambulista y la acusación de plagio

Hace unos días estuve conversando en un foro sobre parafrasear a un autor: cuándo es homenaje y cuándo es plagio. Mi postura fue definir el plagio desde la intención de ocultar el texto original:

A mi juicio, depende de la intención. Si la intención es trazar un vínculo, supongo que es homenaje. Si la intención es hacer pasar el texto original por propio, allí hay plagio.

El que plagia intenta ocultar el texto original, en tanto el que homenajea a un autor crea un vínculo con ese texto, trata de que se note.


Hace un tiempo vi la película
Rosencranzt y Guildenstern están muertos, basada en la obra de teatro del mismo nombre de Tom Stoppard. El dramaturgo toma dos personajes secundarios de Hamlet y los pone en el centro de la historia y vuelve a contar la historia de Hamlet desde el punto de vista de estos dos personajes. Es brillante. Y es un excelente homenaje a la obra de Shakespeare.

El caso es que anoche tuve un sueño en el que puse a prueba toda mi postura.

Soñé con un oscuro salón de techos bajos, que daba a varios pasillos construidos con arco de medio punto. Tal vez había antorchas; la luz hacía en las paredes y en todos los objetos un baile propio del fuego.

Del pasillo de la izquierda, venía un monje. Ya más cerca, descubrí que era Gabriel Bevilaqua. Con una mano firme y prolija, que salía de la manga de la túnica marrón, Bevilaqua me entregaba su último libro publicado, una novela (paradojas que hay en los sueños, sepan disculpar) titulada Rayuela. Me entregaba el libro y se alejaba de mí unos pasos.

La tapa era dura, de color ladrillo —y ahora que lo pienso, con esa forma y ese peso también—. Había una cara ilustrada, algo desleída. Así y todo, se veía claro que el de la tapa era Cayetano Santos Godino, alias el Petiso Orejudo. "Habrá crimen", recuerdo que pensé con cierta satisfacción.

En la zona oscura del salón, crecía una multitud; todos, escritores que yo no conocía. Desde donde estaba, no podía verles las caras, pero sabía que cada vez eran más. Susurraban al principio, después gritaban. Como en un coro medieval de voces graves, acusaban de plagio.

Bevilaqua, a pocos pasos de mí, no hacía caso a la turba que avanzaba. Se mantenía quieto, pacífico como un religioso recién salido de confesión, y a la espera. Me miraba.

Entonces me dirigía al coro, primero tímida y más tarde enérgica, con estas palabras:

—Bevilaqua traza un diálogo con el texto de Cortázar desde el título. No hay en el autor afán de apropiarse de un texto ajeno. Sería incapaz. ¡El libro es un homenaje! ¿Cómo no lo ven, monjes profanos?

Y desperté.

lunes, 26 de septiembre de 2011

viernes, 23 de septiembre de 2011

Reflexión: La envidia y la revelación

Ayer oí de María, una de mis alumnas de taller, una idea genial para componer una metáfora. Volví a casa feliz en principio por haber creado una consigna que la motivara tanto y, en particular, porque la metáfora en sí era genial y ahora existía para muchos lectores.

Entonces recordé partes de un recuerdo. Digo "partes" porque no logré armar el recuerdo entero. Si no me confundo, una compañera de mi vieja carrera de Letras, allá por los noventa, me había contado que una conocida de ella, que era docente de talleres literarios, había tenido que dejar de dictarlos, al menos por un tiempo, porque los textos de sus alumnos eran tan buenos que le provocaban profunda envidia. Carne de diván, literalmente, porque la docente en cuestión tuvo que recurrir a terapia.

"¿Envidia?", me pregunté entonces, sin entenderlo. Para mí, la anécdota mostraba a las claras las cualidades de esta docente al frente del taller. Ahora, con más años encima de experiencia al frente de varios talleres literarios, con alumnos de casi todas las edades, lo entiendo menos. En serio. Lo digo sin ponerme el disfraz de Madre Teresa.

La envidia es lo opuesto a la revelación, y la poesía es eso justamente. El poeta provoca la revelación en el lector. La revelación no puede existir sin el lector porque ocurre físicamente en él. Entonces, como lector, ¿cómo puedo envidiar algo que con palabras ajenas sucede en mí, es parte de mí? Es imposible.

Es imposible envidiar un poema. A lo sumo, la fama, el público, los premios de un poeta, pero ¿el poema? ¿El poema? Dejémonos de joder. El que envidia un poema no entiende nada de poesía.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Diálogo real: Beatus Ille y la hija adolescente

El padre llama a su hija adolescente para ver cómo ha pasado el día con su novio en una estancia.

—¿Cómo te fue?
—Rebien, papá. Comimos empanadas, vimos las vacas, cantamos un montón de zambas, todo lindo.
—¡Qué bien!
—Y lo mejor fue andar en yunque.
—¿En qué...?
—En yunque, papá. 
—¿...Y qué es un yunque?
—Un coso para pasear, tirado por caballos. ¿Cómo no sabés?
—¡Ah! Ya veo. ¡Un sulky, hija, un sulky! Ya me parecía que con el yunque no iban a llegar muy lejos.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Primavera sí, Vivaldi no

Es maravilloso Vivaldi, no hay dudas. No soy quién para negarlo, pero se ha convertido en un lugar común para los 21 de septiembre, al menos debajo de la línea del Ecuador.

Entonces con esta primavera decidí  rumbear para otro lado más campero...

martes, 20 de septiembre de 2011

Alzhéimer

Tus niños juegan a mi alrededor,
se cuelgan de mis brazos.
Fuerte como un árbol, hijo mío.

¿Nos viste anoche con      papá en el circo?
¡Tanto reíamos, reíamos!
Entereza de árbol, mi        querido.

Mamá
no me pasea como        antes.
Mejor doy una vuelta,
         el día está lindo.
El fresco mueve al árbol,
mi        vecino.

Que no,
que no es mi     casa,     ¡pelotudo!
Que yo vivo en el bosque,
           más allá.

Un árbol transplantado,

sí,     señor,

                 digno árbol

que brotó

                         en

                                   olvido.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Vaca, mucca

En italiano, una vaca es una mucca. ¡Mucca, mucca! La vaca rectangular, que según Castilla ahueca la llanura, muge en italiano desde el sustantivo.

La poesía en Yepeto, de Roberto Cossa

ANTONIO: Le escribí un poema a Cecilia.

PROFESOR (Irónico): ¿Pero, por qué, pobre chica? ¿Qué te hizo? (El profesor toma el papel, se cala los anteojitos y lee) No está mal, correcaminos... No está mal. Claro que "abandonado como un niño en el desierto...". No es muy feliz. No, no. En principio, "abandonado como...". Olvídalo. En 1924 Neruda escribió "abandonado como los muelles en el alba". No es una genialidad, pero hay que superar esa imagen.

ANTONIO: Pero yo no voy a escribir un buen poema...

PROFESOR: ¡Pero Cecilia te lo va a exigir! (Sigue leyendo) Mierda... mierda... (Lo mira compasivamente) ¿Cómo se puede poner la palabra "azabache"? Deberían prohibírsela hasta a los vendedores de artesanías. (Lee y se detiene) "Desde la profundidad de tu mirada oscura..." (A Antonio) Si es profunda es oscura. (Tacha, escribe y al mismo tiempo dice) "Desde la profundidad de tu mirada azul..."

ANTONIO (Protesta): Pero Cecilia tiene los ojos oscuros...

PROFESOR: ¡Y qué carajo importa Cecilia! ¡Estamos hablando de poesía! (Sigue leyendo) Alta mierda... alta mierda... (Se detiene y explota) ¡¿Qué es esto?! ¿Lunas redondas? ¿Las tetas? ¿Las tetas dos lunas redondas? ¡Es deplorable! André Breton escribió: "Mi mujer con senos de crisol de rubíes. Con senos de espectro de la rosa bajo el rocío". ¿Cómo podés llamarlas lunas redondas?

ANTONIO (Molesto): Para mí son dos lunas redondas...

PROFESOR (Indignado): ¡Entonces poné las tetas de Cecilia! ¡Las grandes tetas de Cecilia! ¡Y dejémonos de joder! (Estruja el papel y lo tira) ¡Esto es mierda! ¡Pura mierda! (Antonio ha quedado resentido. El profesor bebe. Lo mira un instante. Luego dice) ¿Para qué le escribiste un poema si podés hacerle el amor?

Fuente: http://abajoeltelon.blogspot.com/2007/04/roberto-cossayepeto.html

jueves, 15 de septiembre de 2011

Mi ficha en el directorio de REMES (Red Mundial de Escritores en Español)

Actualicé mi ficha en el directorio de REMES. Pueden consultarla desde aquí.

Algunos poemas de Griselda García

Sobreviviente
Amanezco con el pecho desnudo
junto a un soldado raso que fuma al sol.
Un bere bere me ofrece su pipa de kif,
los otros tripulantes
han sido enterrados de pie
junto a un muro.

¿Escuché, acaso,
el ulular de barcos en la tormenta,
el gemir de los ahogados,
el grito de los niños en el jardín?
Nada salvo el rumor del mar.

Bajo el mosquitero de una cama en Tánger
sigo con la vista la ruta de las arañas.
Me cura el sueño.
Con párpados pesados
me adormezco al sol,
inmóvil quién sabe hasta cuándo.

De La ruta de las arañas (Del Dock, 2005)


Vendaval
Noche cerrada y cruel,
espíritus hambrientos chillan
en las copas de los árboles,
el viento mueve las campanas
y el eco reverbera en la galería.

Con inmenso desdén
despediste a las mujeres del sake,
ordenaste quemar los cojines del templo.

De un momento a otro llegarás,
silencioso como un siervo,
camino al que flanquean cien álamos,

te moverás sigiloso,
tu extremo como la cabeza de una bellota,
sumiso besarás mis plantas,
viejas geishas te verán
mil veces hermoso
en lo oscuro acecharás,
animal extraño y nuevo,

después de la siembra no habrá descanso:
sangraré
y una cosecha entera quedará arruinada.

De La ruta de las arañas (Del Dock, 2005)

Descripción de un estado físico
Por la lengua, dientes, paladar
transita el sonido.
En la garganta, tráquea, glotis
mora la angustia.

El suceso imprime su huella.
Luego asfixia y mutismo.
Al final, quizás
la palabra.

En el medio
horas o años
de silencio.

La mente es un manojo
de espejos rotos
sin ninguna luz cerca.

De El ojo del que mira (La carta de Oliver, 2009)

Oración
Oigo sus levísimas campanas.
Reina está aquí.

Me arrastro a su encuentro
beso el suelo bajo sus pies.
Soy su mejor esclavo, dice
y en su palmada firme lo compruebo
en la presión de la suela sobre mi cabeza.

De rodillas soy de todos
el más fiel
el más solícito.

Reina
dame la dicha de seguir
bajo tu ley.

Dame la alegría máxima
de servirte
siempre, siempre.

De El ojo del que mira (La carta de Oliver, 2009)

Griselda García nació en 1979. Coordina talleres literarios y administra el blog http://griseldagarcia.blogspot.com.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Música

Afino de a una todas las palabras
hasta que vibran y van haciendo música
y crecen en poesía sonora y mansa
que resuena como selva en tus oídos.

Rasgueo las curvas de las consonantes.
Golpeo sílabas de madera negra.
Me detengo en el rumor de las vocales.
Hago antigua percusión con los silencios.

Yo puedo ver a los dioses levantarse
de la tierra con mi canto pasajero,
pero a veces las paredes de la casa
tan solo me devuelven huecos ecos...

jueves, 8 de septiembre de 2011

Jardín

Cayó la noche en el estanque
donde Eva nada.
La luna charola
uno a uno
los guijarros del fondo.

Un hombre
se acerca a beber.
Y la urgencia
hace cumbre en el cuerpo.

Adán
entra en el agua
al acecho
como un animal.

Los amantes se bautizan.
Dios, dios.
Y con su nombre
se despiden
a los gritos
del alto jardín.

08 Sep 11

Ravi Shankar y Philip Glass



No es novedad que me guste Philip Glass (de hecho, tengo muchas ganas de ir a verlo ahora en septiembre, que viene a Buenos Aires), pero este dúo que hizo con Ravi Shankar supera todo lo conocido. No exagero. Escuchen si no.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

a Sergio R. C.

Señor juez
no se sorprenda.

Es verdad
estoy de zapatillas
y sin velo
no pretendo fingir unos rulos
ni me saqué el delantal
algo manchado
con que cocino.

Vengo ante usted
como quien va
por un pasillo de oficinas
y se asoma
con un gesto de cabeza
o de mano
y sigue.
Soy una pasajera
y usted una parada
de colectivo
nada más.

Usted es un extraño
y no va a cambiar las cosas.
Sépalo.

A mi novio le dije que sí
hace ya mucho tiempo.

Julio Cortázar: El niño bueno

No sabré desatarme los zapatos y dejar que la ciudad me muerda los pies
no me emborracharé bajo los puentes, no cometeré faltas de estilo.
Acepto este destino de camisas planchadas,
llego a tiempo a los cines, cedo mi asiento a las señoras.
El largo desarreglo de los sentidos me va mal. Opto
por el dentífrico y las toallas. Me vacuno.
Mira qué pobre amante, incapaz de meterse en una fuente
para traerte un pescadito rojo
bajo la rabia de gendarmes y niñeras.


Fuente: http://www.los-poetas.com/b/corta1.htm#EL%20NI%C3%91O%20BUENO

lunes, 5 de septiembre de 2011

sábado, 3 de septiembre de 2011

Joaquín Giannuzzi: Poética

La poesía no nace.
Está allí, al alcance
de toda boca
para ser doblada, repetida, citada
total y textualmente.
Usted, al despertar esta mañana,
vio cosas, aquí y allá,
objetos, por ejemplo.
Sobre su mesa de luz
digamos que vio una lámpara,
una radio portátil, una taza azul.
Vio cada cosa solitaria
y vio su conjunto.
Todo eso ya tenía nombre.
Lo hubiera escrito así.
¿Necesitaba otro lenguaje,
otra mano, otro par de ojos, otra flauta?
No agregue. No distorsione.
No cambie
la música de lugar.
Poesía es la que se está viendo.

De Señales de una causa personal, 1977
Fuente: http://www.icarodigital.com.ar/numero14/poesia/gianuzzi.htm#poetica

viernes, 2 de septiembre de 2011

Turno noche

En el local
la noche prendió las luces
que arden
como una capilla.

El hombre
oscuro de traje
espera clientes
lee el diario
hace tiempo.

Afuera
la calle pasa lenta
autos intermitentes
alguna que otra ambulancia.

El hombre tiene sueño
saca un chicle
y masca haciendo ruido
quiere tapar el silencio
que pesa
sobre el mostrador.

En la sala del fondo
intenta dormir Juan Rodríguez
cuarenta años
cuatro hijos
enfermo cardíaco
pensionado PFA.

Mañana es el gran día.
Mañana viene Carlos
el chofer
ambo negro y pelo engominado.

Mañana viene la familia
y lloran y hacen coro.
Mañana Juan Rodríguez
que no ha pegado un ojo
en toda la noche
igual que él
se va a la Chacarita
a ver si puede
con cuatro tiros encima
descansar.

martes, 30 de agosto de 2011

Podría ser poeta

Acabo de ver la presentación del nuevo libro de poesía de una editorial. Están en plena difusión, por lo que armaron un video del poeta en el que se lo escucha recitar uno de los poemas del libro al tiempo que pasan imágenes relacionadas. Pero prácticamente no pude escuchar las palabras que recitaba. Su manera de recitar era tan ineficiente que no pude dejar de pensar en I could be a poet (Podría ser poeta) de Taylor Mali.

Hace poco publiqué la versión de Poesía Estéreo de ese poema de Taylor Mali. Ahora publico la original. No tiene subtítulos y está en inglés, pero si no conocen el idioma, pueden escuchar primero a Poesía Estéreo y luego a Mali y van a entender. La entonación de Mali es insuperable.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Fe

Quiero esa fe de las moscas,
que andan en la mierda y sin embargo
golpean rebeldes los cristales
y se alejan
y golpean otra vez
seguras
de que algún día
desaparecerán para siempre
las ventanas.

24/08/11
(Más un pensamiento que un poema, mientras una mosca está en mi cuarto).

martes, 23 de agosto de 2011

La planchadora

Rosa trabajaba como planchadora en casas de familia. No limpiaba, no lavaba, no cuidaba niños ni ancianos, solo planchaba ropa. Llegaba, abría la tabla, enchufaba la plancha y comenzaba. No se le escapaba una arruga, era prolija y rápida, pero una de sus mejores virtudes era ser obediente. Si una patrona le decía: "Quiero que planches los cuellos así", ella lo hacía. Si otra patrona le pedía las remeras de tal otra forma, ella lo hacía. Todos quedaban conformes y la recomendaban siempre. Por eso a Rosa nunca le faltó el trabajo.

Cuando conoció a su nueva patrona Estefanía, Rosa se enteró de que trabajaba en un hospital y que por eso no podía planchar su propia ropa. Era médica de guardia. Siempre estaba apurada.

—¿Quiere darme alguna indicación en particular? Yo plancho como usted me diga —dijo Rosa.
—Planchá todo. No es tanto. El tiempo te tiene que alcanzar —contestó y señaló el cesto de ropa. Estefanía le dejó un juego de llaves, le dio un beso rápido y se fue.

Una vez sola, Rosa abrió la tabla, enchufó la plancha y miró el hermoso comedor donde trabajaría: muebles finos, alfombras, cuadros, jarrones con flores. No todos tienen mi suerte. Rosa recordó el tiempo que tenía para planchar, hizo cuentas y comenzó su tarea. Primero fueron las veinticinco prendas que estaban en el cesto, mucha ropa de trabajo y ropa blanca. Después siguió con el mantel rojo que estaba puesto en la mesa. A continuación, las cuatro macetas con potus de la casa, que le llevaron algo de tiempo ya que tenían muchas hojas y tallos, pero lo logró. Después, la pared de salpicré, que quedó lisa como la seda, las patas torneadas de la mesa y las sillas, los almohadones de seda arrugada y la alfombra peluda. Se encargó en el baño del papel higiénico, que tenía unas rugosidades impresentables; bajó la temperatura de la plancha para esto. En la cocina encontró un par de coliflores blancos, algunas naranjas y kiwis, que dejó lacios y prolijos; también las bolsas de polietileno, que estaban hechas un bollo, y unas galletitas de miel, que tenían unas grietas importantes. Todo marchaba bien. Rosa estaba muy contenta, si seguía así el tiempo le alcanzaría.

El problema fue la esponja de acero, que la esperaba enrulada junto a la pileta de la cocina. O tal vez fue la plancha, que no era de vapor sino de las viejas de metal. Lamentablemente, Rosa nunca quiso admitir que hay cosas que deben quedar como están.

jueves, 18 de agosto de 2011

Bolsa

"Muchas maravillas hay en el universo;
pero la obra maestra de la creación es el corazón materno."
Ernest Bersot

La embarazada de nueve
con calcita fucsia de tiro bajo
y colaless
no aguanta más.

Ey,
salgo a tirar la basura,
¿me oís?

El plástico redondo
está lleno
y hiede.
Le da cosa.

La bolsa se rompe en la esquina.
Un perro duerme.
Y allá adentro
en la casilla
está la mano
que hace cantar los cardenales
y evita que se escapen.

La basura ha quedado
derramada
en el piso.
Hace demasiado frío esta noche.
Seguro pasará algún basurero
y se llevará
este grito pequeño
y rosado
recién parido.

lunes, 15 de agosto de 2011

Habitación 409

Jacinta
(que en otros tiempos fue
mujer de boca fácil,
pezones dulces,
y habitaciones breves)
no sabe en qué día está, solo su nombre.

Los enfermeros vienen a tocar su cuerpo viejo,
manosean sus pañales, huelen, miran,
a ver si hay deposiciones,
excrementos,
caca,
mierda.

A Jacinta le gusta el enfermero rubio,
que viene a revisarla a las diez treinta,
que le cambia los pañales y le canta
soy ese vicio de tu piel
que ya no puedes desprender
soy lo prohibido
al ritmo de la gota
del suero que cuelga.

Está muy lejos, Jacinta. Está perdida.
Pero la mujer de ochenta mira al médico,
mira la pared, no dice nada.
Ya se lo han dicho a los veinte las mil manos,
los hombres que llovieron en su cuerpo,
las vecinas que temían su presencia.

Jacinta mira la tevé y espera.
La silla de visita está vacía y qué importa.
No sabe bien qué día es; ella sonríe.
Son diez y cuarto y dios va a venir a verla.

jueves, 11 de agosto de 2011

A vaca lechera no se le miran los dientes

-¿Por qué las vacas lecheras tienen esa mirada húmeda tan característica?
-Es el terror.
-¿Terror?
-Claro. Ponen esa cara cuando les mirás los dientes.
-¡Qué decís!
-Los dientes de leche, querido. ¿No sabés que se caen? Eso y desangrarse es lo mismo para una vaca lechera.

El sueño de la pileta y los microrrelatos

Ya van dos noches seguidas que sueño que escribo microrrelatos. Son cortos, cortísimos y geniales. Los disfruto al escribirlos; los olvido por completo al despertar.

Anteanoche soñé además que estaba en una pileta cubierta. Era muy parecida a la del club donde aprendí a nadar, pero, como sucede en los sueños, no era la misma. Esta pileta era ocre, no azul. Yo nadaba y, más o menos cuando estaba en la mitad, el agua comenzaba a levantarse en unas olas gigantes, que avanzaban en cámara lenta hacia mí. Esa lentitud era más aplastante que las olas mismas. Yo debía nadar de vuelta y cuando la ola estaba por estallar y ahogarme, yo me aferraba a una de las ventanas, a las rejas (que curiosamente estaban del lado de adentro). La ola estaba cerca, pero tardaba. Entonces me ponía a charlar con otra chica que estaba aferrada a la ventana de al lado. Por último, tomaba aire, y no recuerdo nada más.

Tal vez morí en el sueño y no había paraíso, ni infierno, ni purgatorio, ni nada de eso. O tal vez todo eso sea despertar. Tal vez todo eso sea escribirlo después.

martes, 9 de agosto de 2011

Teresita

alguien quiso que fuera teresita
alguien quiso ese diminutivo
que le queda chico
que le ajusta como una camisa
de hace diez años

teresita
hilvana palabras
y hace collares larguísimos
como una mujer griega

ella sabe
odiseo no va a volver
si las cuentapalabras y el hilo
no llegan
no lo guían de regreso
a ítaca

sábado, 6 de agosto de 2011

Paradoja natatoria

Los pies se aferraron al borde del trampolín; la tabla bajó, subió y quedó vibrando. El hombre totalmente afeitado y en pantaloncito deportivo se estiró como una flecha y luego encorvó la espalda, escondió la cabeza, plegó las piernas. En cuatro círculos mortales, vio al público, a los jueces. Lleno de miedo y excitación, tragó, pero le faltó el aire, estaba atorado. Quiso toser, pero a esa altura solo atinó a aspirar el agua llena de cloro de la pileta.

A pesar del ahogo, sus notas fueron altas. Una pena que tuvieran que tirarse a rescatar al campeón.

viernes, 5 de agosto de 2011

Micro

"Voy a escribir un micro, pero esta vez será un modo totalmente nuevo", pensó el reconocido narrador de minificciones. Esa misma tarde se mezcló entre la gente de la terminal de ómnibus de Retiro, aerosol en mano.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Diálogo real: La amada de Dante según el Trivial

Reunión de amigos en casa. El tablero del Trivial (juego de preguntas y respuestas) en el centro de la mesa y dos parejas en pugna.

—¿Quién amaba a Beatriz en la Divina Comedia?
—¡Esa es fácil! Dejame contestar a mí —le digo a Sergio. —La respuesta es Dante.
—No, Virgilio. Perdieron el turno.
—No puede ser. Es Dante.
—Dice "Virgilio".
—¡Pero es Dante!
—Estarás confundida, Vero.
—No, ¡Dante y Beatrice!
—Dante es el autor, por eso te confundirás.
—Dante era el autor, pero también uno de los personajes.
—...
—Mejor sigamos jugando, es largo de explicar...

sábado, 30 de julio de 2011

La vecina

La vecina grita.
La vecina está nerviosa.
La vecina tiene tres hijos
y un marido que también grita.
La vecina se siente vieja.
Tiene más de treinta
no trabaja
no usa cremas.
La vecina cena temprano
todos
todos los días.
La vecina mira
juguetes de plástico
en su comedor.
La vecina piensa
su penúltimo novio
esa cama con edredón celeste
sus tetas paradas todavía.

La vecina grita.

29 Jul 11

viernes, 29 de julio de 2011

Verónica Cernadas Arcas: Entrevista

Hay una guerra en marcha
pero trataré de que te encuentres a gusto.
Leonard Cohen


tengo 17 años y es verano
la casa llama la atención en medio del pueblo
las ventanas y puertas abiertas
y pocos muebles

la arena del desierto nos visita
el futuro
es borroso y precioso
y entra por las ventanas
pero yo
en mi primera vez
solo te hablo del pasado

me siento extraña
me siento poderosa

como una piedra lanzada lejos
que todavía no ha caído

el té que me ofreces
el té más cálido que el día me quita el calor

tu sonrisa me lo pone otra vez


y el drama

el drama que se hace más grande cuando dices

no de eso no hablo


Verónica Cernadas Arcas nació en A Coruña, España, en 1977. Estudió Filosofía. Ha tenido mil trabajos, pero al momento de esta publicación está en el paro (desempleada, para los argentinos). 

Considera la poesía su refugio y su meta. Así lo evidencia en su esto ya no es solo una libretadepoemas, la bitácora mayormente de poesía que inició en noviembre de 2009. En ese espacio, publica desde entonces poemas intimistas, que abordan temas como la rutina, la femineidad, la falta de trabajo y el amor con un lenguaje descontracturado, sin tapujos, de tono experimental.

Su poesía se destaca, tal vez por influjo de sus estudios filosóficos, por una dialéctica fresca, con la que entreteje la propia voz con la del otro, en un avance y evolución constantes.

Liniers sobre la poesía

Maravilloso el Macanudo de hoy.

miércoles, 27 de julio de 2011

Del poeta y su melancolía. Cuasiprólogo

En octubre de 2000 escribí este prólogo para la reedición del libro de un poeta amigo de ese momento. Después de leerlo y evaluarlo, mi amigo lo rechazó. Le habían dicho que un prólogo así no le convenía a su libro y no fue publicado. Hoy, casi once años después, lo publico aquí para hacerle algo de justicia a mi texto (y solo a mi texto).

Del poeta y su melancolía
Cuasiprólogo

Dicen que hay una esquina de Buenos Aires que nadie ha visto, una encrucijada a la que nadie ha llegado. Allí moran los dioses. Algunos hombres poco juiciosos han intentado llegar a ella y se suben a los taxis de la ciudad pidiendo que los lleven a las esquinas más insólitas. Pero no pudieron verla. Otros, en cambio, sentados en la puertas de sus casas, aseguran que es invisible.

Enayre, efímero como el amor, se elevó del empedrado una noche sin luna. Desde entonces, el padre de los dioses sobrevuela la ciudad con sus sombras. Es guardián del orden y tiene en su poder dos grandes vasijas que contienen una, polvo de amor, la otra, de desengaño. Cuando un hombre nace en la ciudad, Enayre esparce sobre él un poco de uno y otro polvo. Algunos reciben más amor que desengaño, otros, más desengaño que amor y los más desafortunados, sólo desengaño. Nadie recibió sólo amor.

Aray, la de ojos de gato, es la diosa del dolor. Hija de Enayre, nació de los amores de aquel con la luz de un farol. Ella vaga por las calles arrastrando los pies, con las manos extendidas. Busca un hombre a quien besar, pero su beso, dulce al principio, deja en los labios un sabor amargo que crece hasta alcanzar el corazón. A cambio, otorga al besado el don de la poesía. El poeta nunca sabrá quién lo besó de ese modo y creerá que tuvo ese don desde siempre.

Estando yo en un bar viejo, cuyos ventanales daban a una estación de tren, escuché a unos viejos decir que solo los poetas podían ver a los dioses. Me acerqué y les pedí que me contaran más.

—Los poetas tienen un algo que les permite ver a los dioses.
—Es cierto, son tipos raros.
—¿Y cómo hacen para verlos?
—Los dioses siempre buscan a los poetas. Se les aparecen. Para que les canten, ¿vio?
—Sin los poetas los dioses no tendrían ojos de gato, ni serían efímeros como el amor, ni se parecerían al vuelo de las aves.

Recuerdo que un hombre borracho vociferó que no había que creerles a los poetas, que eran todos mentirosos. Una mujer de mala vida comentó que sin poetas no se podría vivir y otra, que la acompañaba, agregó que ella había conocido una vez a un poeta. El dueño del bar pidió silencio y dijo que él conocía a un hombre que había visto a los dioses. Unos muchachos que habían estado barajando se fueron al mazo, una señorona de sombrero verde acercó su silla y los borrachos vaciaron sus vasos y los llenaron de soda.

Yo conocí a un hombre que vio a los dioses —dijo el del bar—, era un hombre común. Bah, lo parecía. Venía siempre acá. Héctor... Sí, Héctor se llamaba. Siempre se sentaba en esa mesita, frente a la ventana. Venía con otros, jovencitos como él, y se ponían a jugar al ajedrez. Casi todas las veces ganaba él, a veces algún otro. Una tarde vino solo, se sentó y desplegó su tablero, ubicó las piezas y esperó. Yo me acerqué y le pregunté si quería ir tomando algo. Para la espera, ¿vio? Pero me dijo que no, que esperaba a alguien. Pero, ¿sabe? No miraba el reloj, como cuando uno tiene una cita o algo por el estilo. Él se sentó ahí, muy serio. Y mire que él tenía algo en la mirada, algo así como una melancolía, pero esa tarde estaba serio.

—¿Y quién apareció?
—Nadie entró pero en un momento veo desde la barra que el tipo empieza a mover las piezas.
—Estaba loco. Ésta es una historia de locos —se quejó un borracho y se sirvió más tinto.
—No. Yo pensé lo mismo en ese momento así que me acerqué nomás y fingí limpiar las mesas.
—¿Y qué vio?
—A él le habían tocado las blancas. Había movido dos peones nada más. Las negras estaban en su lugar pero le faltaban dos peones. Lo extraño era que a medida que el flaco movía sus piezas, las negras iban desapareciendo. Primero un par de peones, luego los caballos, los alfiles. Pensé que era un truco de magia y le hablé.
—¿Y qué le dijo el tipo?
—No me oía. Yo le hablaba, le preguntaba... No me oía. En eso, me fijo bien y empiezan a desaparecer las piezas de él. De a poco, primero un peón, uno que otro alfil. Cuando perdió la reina, le cambió la cara. Estuvo así como una hora. Después se quedó un rato mirando el tablero y finalmente me llamó.
—¿Y usted fue? –preguntó la señorona.
—Claro, pero no le dije nada. Me hice el otario, ¿saben? A ver si todavía... Estaba raro el pibe. Se lo notaba cambiado. Esa nota de melancolía de los ojos se le había acentuado. Seguramente habrá visto la curiosidad que yo tenía encima y me contó.
—¿Le dijo todo?
—Sí, se había encontrado con la diosa —dijo y se secó las manos con un repasador.
—¿Qué diosa?
—La del dolor.
—¿Y cómo la pudo ver si no era poeta?
—Pero ahí está la cosa. Quería serlo. Y la diosa le vio ese mirar lleno de melancolía. Él venía para la estación cuando, al doblar una esquina, sintió una presión en el pecho, retrocedió un paso y la vio.
—¿Cómo era?
—No me quiso decir, pero de seguro era lindísima. ¿Qué estaba diciendo yo? Ah, sí..., que la había visto. Entonces la diosa lo miró profundo y le habló. Le dijo que no había encontrado nunca un hombre así, que quisiera ser poeta. "Querer ser poeta es querer el dolor", le dijo la diosa.
—¿Y él qué le dijo?
—Que lo quería igual. En eso, ella lo toma de la mano, le acaricia la mejilla y lo besa.
—Pobrecito.
—Pero no termina ahí. Y me dijo él que se sintió muy bien pero tan triste al mismo tiempo. Y se le ocurrió un verso y otro y otro... Ella le sonrió y tuvo piedad de él. No quería que sufriera tanto. Porque los poetas sufren mucho, ¿saben? Entonces la diosa le dio otra oportunidad. Le dijo que jugarían una partida de ajedrez. Si él ganaba ella le iba a dar un poco de polvo de amor que le había robado a su padre, pero si ganaba ella, continuaría el efecto de su beso para siempre.
—¿Y ganó?
—Nadie sabe. Pero se sabe que amó.
—¿Y lo volvió a ver?
—No, pero me dejó una servilleta escrita al partir. A ver... la tenía por acá. Fíjense estos versos: “La imposibilidad de volver / A lo que quizás / Jamás existió,/ Esa melancolía.” Y de esta otra poesía me quedaron los versos finales, el resto se me borroneó (es una lástima), pero escuche, escuche esto: “Y aquí me he quedado / Casi loco / Ciego / Y mal habido”.
—¿Y usted qué cree? ¿Habrá ganado?