miércoles, 7 de julio de 2010

Lo invisible: eso que tanto tememos

Hace mucho vi un documental en el que una serie de directores de películas de terror explicaban que se teme más lo que no se ve que lo que se ve, por lo que la regla número 1 en el cine de miedo es demorar tanto cuanto sea posible la aparición del elemento que da miedo: sea el asesino, el monstruo o el ente. Una vez visto, pierde algo de su entidad terrible.

Recordé esto hoy, cuando leí el cuento "Janóvice" de Marco Denevi. Está en un librito titulado El emperador de la China y otros cuentos, de Librería Huemul, que conseguí este año en los puestos que estaban enfrente de la Feria del Libro (había tanta cola y yo tenía tan poco tiempo, que decidí pasearme tranquila y sin apretujones en la feria al aire libre).

El caso es que Bolislaw Janóvice (¡ah, si a Denevi no se le conocen personajes con nombres ordinarios ni comunes!) es un personaje que se vuelve invisible e intangible, y también omnipresente. Un oficinista que se jubila y que no puede vivir sin ir a su antigua oficina, a la que decide volver día tras día, como si todavía estuviera en actividad (recomiendo para una aproximación a la interpretación del cuento esta cita que figura en el libro Padre de mis hijos: ¿padre de mis padres? de Graciela Zarebski). Termina convirtiéndose en una molestia, una persona que ronda de oficina en oficina, tratando de continuar su vida laboral sin éxito, una persona antes respetada y que ahora todos denigran, evitan y, también, temen.

Al final del cuento, el señor Janóvice, que encarna el miedo a la vejez y a la jubilación propio y, por extensión, de la sociedad, es perseguido y buscado, pero no pueden dar con él, no consiguen apresarlo. Así se convierte en una presencia invisible, ha dejado de ser persona para ser un fenómeno, una presencia sin entidad humana. Y esa presencia, que no se puede ver ni tocar, aterra.

Nunca he tenido tino en las comparaciones académicas y literarias, pero me atrevo a afirmar que algo similar sucede en el cuento Casa tomada de Julio Cortázar. Allí esa presencia que no se puede identificar va ganando poco a poco todas las habitaciones de la casa y el miedo hace que los personajes de Irene y su hermano huyan, finalmente, de la casa. Ese final es inquietante, como todo final de cuento fantástico.

Los cuentos y los personajes poco tienen que ver, por lo que no sé si es lícito compararlos, pero sí está esto de la presencia invisible y temida. En el primer cuento, una persona se vuelve presencia invisible; en el segundo, nunca logramos identificar esa presencia (sólo mediante una interpretación, pero no está expresa en el cuento).

Para volver a lo que conté sobre el documental, creo que genera más miedo la presencia de "Casa tomada", tal vez porque nunca se la ha visto. En ese cuento, los protagonistas se enfrentan a lo desconocido. En "Janóvice", la presencia es conocida, fue alguna vez una persona de carne y hueso que trabajaba en esa oficina. Sin embargo, lo inquietante de este último cuento es la persistencia de la presencia; pasan los años y Janóvice no se va, no muere, porque la vejez no muere, la jubilación es una etapa que no desaparece por más que uno lo desee, está allí esperando a cada uno de nosotros.

Me interesan estas presencias invisibles. Tal vez me interesen hoy particularmente porque anoche tuve pesadillas y había presencias o fantasmas que venían por mí. Por eso, mejor no hago ninguna conexión con "La puerta condenada", de Cortázar...

2 comentarios:

  1. Gracias por tu publicación, Verónica. Vos sabés que "Casa Tomada" no lo recuerdo, hoy a la noche lo voy a buscar y leer.
    Respecto a Janóvice, lo leí en un libro con cuentos de Marco Denevi, publicado por el diario Popular, en una colección que se llamaba algo así como "Colección lecturas de verano".
    Gracias una vez más.

    Diego

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  2. Aquí pueden leer "Janóvice", el excelente cuento del gran Marco Denevi:

    http://www.lobosolitario.com/foro/general/'janovice'-por-marco-denevi/

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