martes, 8 de junio de 2010

Políglota

Hay una cosa petulante en las personas que hablan más de un idioma. No sé bien qué es, pero está ahí. Esa suficiencia típica en las personas que saben algo que el resto no: un secreto revelador o una gran verdad. Hay algo de eso. Y esa pulsión, ¡Dios!, esa pulsión de enrostrarte el otro idioma, de decirte cosas en el otro idioma, de usar esa pronunciación ajena, extraña, difícil, que no significa nada...

¿O eso está en nosotros? Claro, envidia. A veces pienso que la persona que habla más de un idioma es ese hombre encadenado al fondo de la cueva, que escapó, vio, volvió y nos quiere contar.

Pobre, pobre. Sólo le espera la muerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario