miércoles, 17 de febrero de 2010

Compañeros de lectura

Es lindo cuando te prestan un libro. Lo es también sacar un libro de una biblioteca y saber que otras manos lo han tocado, leído, que otros han generado ideas a partir de su lectura. Esa cosa comunitaria, compartida pero a la vez individual, esa cosa de la masa, del pueblo que lee el mismo libro. Varias caras con ideas diferentes detrás de cada página, junto a mí a cada palabra. Me gusta mucho esa comunidad anónima, esos anónimos compañeros de lectura. Voces que acompañan, pero que no logro escuchar con claridad.

Convengamos: la lectura es una actividad de solitarios. No es más como esa actividad de los monjes de la Edad Media, que leían en voz alta y miniaban. Eso no existe más. Hoy la lectura es individual y solitaria, callada, íntima. Y hay quien dice que sólo los solitarios gustamos de la lectura. Es posible.

Será por eso que, en medio de tanta soledad, esa idea de la comunidad anónima me gusta tanto. Me arranca un poco de la lectura solitaria. Y toda compañía es buena.

Esta vez mi compañero no fue tan anónimo. Mirá, si no, este simpático ortóptero, que quiso compartir conmigo algunas páginas de La transformación de la guerra, de Martin van Creveld, uno de los libros que estuve analizando estos días.

Así da gusto leer.



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