miércoles, 13 de enero de 2010

Poema sobre una noche de trabajo y un náufrago

A Gabriel García Márquez

En esta noche de desvelo y traducciones,
con una planilla de cálculo abierta como herida
y un documento de güerd,
pienso en el relato de ese náufrago
que un hijo de Colombia supo escribir con dignidad.

Se me cierran los ojos impiadosos
y el tiempo apremia.
Como si fueran las cinco de la tarde
(pero son las dos y veintiuna, madrugada),
el cliente acecha como una manada de tiburones
y yo, sin una cabeza de gaviota para darle.

La luz del monitor es como aquel sol,
más metálico quizá.
Pasan las horas y tengo alucinaciones:
veo sombras moverse junto a mí, manchas en la pared.
Sobresaltos.

El día y sus primeras luces me encuentran
con esperanza,
sumergida en el final de la encuesta.
Miro el balcón desde mi balsa de escritorio,
miro la mañana que despierta a los vecinos
y respiro aliviada.

Veo tierra:
ahora envío mi trabajo terminado
y me voy a dormir.
13 de enero de 2010

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