viernes, 29 de enero de 2010

La Eneida a paso de tortuga


Ayer estaba leyendo una traducción al español de la Eneida muy plácidamente en un club. Estaba sentada, con mi diccionario todo deslomado al lado y un lápiz mecánico en la mano, cerca del caminito que lleva a la pileta. Ya era el tercer día con la Eneida, feliz.

Un conocido nuestro nos vio y nos saludó (no es plural mayestático, estaba con Sergio). Volvió a verme con el libraco y me preguntó en un grito por qué página iba. "Cuarenta", le contesté. Se rió porque el día anterior me había dicho que no avanzaba demasiado con el libro y la esposa, con las ojotas en la mano, acotó: "Yo también tengo un libro que estoy leyendo lento". Y se fueron a la pileta.

Me sentí humillada. Siempre fui muy lenta para leer, pero había algo de burla en el comentario que me dejó pensando. ¿Acaso está mal leer despacio, a paso de tortuga?

No quiero hacer una apología de la lectura lenta ni quiero que esta entrada sea escrita por despecho, pero es que siempre sospeché de los lectores veloces. Si uno lee rápido se pierde los detalles o (estoy segura) no comprende las cuestiones de fondo. No advierte lo pequeño.

Yo estoy leyendo una traducción de la Eneida, es decir, algo así como una Eneida aproximada, porque las traducciones acercan, pero hasta ahí, al texto original. El recorte que hace el traductor es una aproximación, una sombra. Nunca una traducción equiparará el orginal, aunque sí puede acercársele con dignidad, y ese mérito hay que reconocerlo.

El texto de la Eneida es complejo por su sintaxis. Con el paso de los años, los lectores estamos exigiendo oraciones más cortas y una sintaxis simple. Vivimos un mundo de mensajes cortos y chat, no nos vengan con hipérbatos de ningún tipo, por favor. Y ahí estaba yo con la Eneida, poniendo a trabajar todos mis conocimientos de sintaxis para comprender el texto.

Supongo que, por mis estudios de lenguas extranjeras, me acostumbré a no deducir el significado de las palabras nuevas; las busco directamente en el diccionario. Sólo así logro incorporarlas. Subrayo, busco y anoto en el margen. La Eneida tiene muchas palabras que no uso a diario: bajel, debelar, artesón, broquel, segur... Debo buscarlas, y detener la lectura cada 7 u 8 renglones. Soy obsesiva en esto; no avanzo a menos que haya buscado y entendido la palabra. Además, me gusta entender cabalmente el significado de las frases. Soy una vaca lectora: rumio las palabras y no trago hasta haber masticado lo suficiente.

La traducción que manejo, por ejemplo, tiene un estilo que me distrae. Esta cosa que tanto me molesta de pensar que es poético anteponer los adjetivos:

"Huyen unos a las naves, buscando un refugio en la playa; otros con torpe miedo, escalan segunda vez el monstruoso caballo y se esconden en su conocido seno".
Yo me pregunto por qué el traductor no prefirió escribir así el pasaje:

"Huyen unos a las naves, buscando un refugio en la playa; otros, con miedo torpe, escalan por segunda vez el caballo monstruoso y se esconden en su seno conocido".
El libro está escrito originalmente en verso, sí, pero no pertenece al género lírico, es una narración. ¿Por qué no buscar el estilo que mejor se adapte a la narración? No es bueno buscar que el lector se detenga en las palabras, que se distraiga con ellas (con esto me refiero al estilo, no a las palabras que no conozco).

Este fenómeno se repite en la traducción con la anteposición de los pronombres. Por ejemplo: "seguímosle", "decórase", "vense", "pasmóse". ¿Es necesario? ¿No sería una prosa más adecuada a la narración decir "le seguimos", "se decora", "se ven" y "se pasmó"?

Otra cuestión que va en contra de la lectura ágil es el paso constante del pretérito perfecto simple al presente. La Eneida tiene pasajes que fluctúan entre ambos tiempos verbales. Es tarea del traductor decidirse por respetar el original o bregar por una coherencia textual. Yo, personalmente, me inclinaría por esta última. Si es algo que pasó, va en pretérito. No hay vuelta.

En este pasaje, por ejemplo, es necesario unificar el tiempo verbal y pasar esos dos presentes del final al pretérito:
"Allí vimos un combate tan porfiado y terrible cual si sólo allí se pelease y no hubiese víctimas en ningún otro punto de la ciudad; formando con sus escudos trabados una inmensa tortuga, sitiaban los griegos todas las puertas y pugnaban por escalar los tejados. Enganchando escalas en las paredes, trepan por ellas ante los mismos atrios, guareciéndose de los dardos con los broqueles, sostenidos con la izquierda, mientras con la diestra se asen a las techumbres."
Este continuo cambio del pasado al presente hace que uno se pierda y dificulta la lectura.

Cuestión que estoy releyendo muy lentamente la Eneida y con cierta indigación por este traductor que me lo hace más difícil todavía. Y, para mi sorpresa, hoy busqué su nombre y descubrí que no tengo mayores datos sobre mi edición, más que éstos:

"Por la presente edición: EUROLIBER, S.A.
ISBN: 84-7905-019-5
Depósito Legal: B. 32165-1990
Impreso en Printer, Industria Gráfica, s.a."

Pero del traductor, ni pío.

En fin, igual no es todo culpa del traductor. Soy una lectora lenta, siempre lo he sido, lo admito. Pero, bueno, voy por la página 44. Y con gusto. ¡Qué me vienen a decir!

5 comentarios:

  1. Ignoro de quién es, pero me parece bellísima esa traducción; no entiendo por qué alguien podría querer corregirla hasta transformarla en un prosaico folleto al alcance de todos cuando hay tantas ediciones baratas del libro en un estilo bastante pedestre y de fácil digestión.

    En cuanto al manejo de los tiempos verbales en el fragmento extraído, lo considero impecable: emplea el pretérito para describir acciones globales que se desarrollan en el transcurso de la visión, y el presente para aquellas más puntuales que tienen lugar en un instante preciso.

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  2. Hola Vero: me di una vuelta por tu antiguo sitio y veo que te mudaste. Así que decidí llegarme a tu nueva casa. Respecto a lo que decís de la cuestión "adjetivo + sustantivo", creo que en ciertas ocasiones no está mal la fórmula. Obviamente depende del ritmo, la musicalidad, el sentido, entre otras cosas. Hace poco me dediqué a traducir algunos poemas al catalán, y justamente el problema que he tenido ha sido el que señalás, ya que lo normal en catalán es sustantivo + adjetivo y los textos ha traducir tenían el orden inverso. Ni hablemos ya del sentido y de las sonoridades, TODO un problema.
    Sobre lo de ser un lector lento, no te hagas mucho drama porque las mejores cosas se hacen con lentitud. Cuando leí La Odisea estuve largo tiempo con el libro de aquí para allá y un profesor de Historia me dijo "¿Todavía con eso? Apúrese". Ya ves que abundan los apurados. Un saludo.

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  3. Gracias por comentar, E. Te doy la bienvenida a mi diario.

    No compartimos opinión, pero respeto la tuya.

    Baso mi postura en que el libro, si bien escrito originalmente en verso, es una obra narrativa, y la forma que más se adecua a la narrativa es, en mi opinión, la prosa en lenguaje llano (que no falto de valor literario, claro está).

    En cuanto al uso de los tiempos verbales, disiento de vos. El uso del presente para acciones pasadas es válido si se trata de un presente histórico y se mantiene en el texto. Tiene que haber una coherencia, un uso uniforme. Me parece que éste no es el caso.

    El pasado tiene varias formas y bastante ricas en español: el pretérito perfecto simple, el pretérito imperfecto, el pretérito pluscuamperfecto, todos del modo indicativo. Podríamos incluir también el pretérito perfecto simple, a medio camino entre el presente y el pasado.

    Es una cuestión de estilo en parte, especialmente en cuanto al orden de los sustantivos y los adjetivos, pero también una cuestión de correlaciones verbales y coherencia textual. Y en este último aspecto, pensamos de manera opuesta.

    Pero bienvenido el debate, que es la mejor manera de compartir ideas y conocimientos.

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  4. Gastón, muy buena tu anécdota sobre la lectura lenta. La Odisea es otro libro largo que requiere, como la Eneida, que todos los sentidos y la concentración estén despiertos. Pero ¡con qué gusto se saborea! Estas lecturas lentas y exigentes son las más provechosas, al menos para mí.

    Abundan los apurados, es verdad. Pero aquí estamos los lentos, resistiendo.

    Saludos.

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  5. ¡Qué barbaridad! Puse "ha traducir" en lugar de "a traducir". En fin, una vergüenza.
    Sobre el tema de debate, una sola cosa: considero que un texto debe exigir a su lector, pero no debe torturalo. Saludoss

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