sábado, 29 de agosto de 2009

Despedida

El viento empuja los autos en la ciudad,
y los paraguas.
Los hombres bajan la cabeza y corren;
las mujeres miran tristes sus sandalias
y los perros se sacuden y salpican.

Mi esquina empieza a inundarse.
Ya el agua me llega a las rodillas, va subiendo.

El mundo corre sin mí.
Hundida en aguas de despedida,
ya nada importa, amor, si te vas.

07 de abril de 2005

martes, 25 de agosto de 2009

Firmamentos del pasado

Parece que nuestra forma natural de ser argentinos es la confrontación. Sigue el conflicto con el campo. Siguen las aguas divididas aún después de terminado el juicio por las víctimas de la tragedia de Cromañón. La presidente sigue trayendo del pasado las diferencias que convirtieron a nuestro país en un charco de sangre.

Necesitamos concordia.

En 1994, con dieciséis años, escribí un poema sobre la concordia y nuestro pasado de enfrentamientos. Hoy lo releí después de más de diez años. Sigue vigente por lo visto.

Indios y blancos
Se hace escuchar un murmullo.
Un murmullo del desierto.
Se hace claro al acercarse:
“Han matado a los hermanos

del territorio indígena,
de estos indios inocentes
que juzgaron sin saberlos,
maldijeron entre dientes.”

Se escucha un ruido de cascos,
es un ruido ensordecedor,
con él se mezclan los gritos,
los alaridos del malón.

Entonces el cielo muere
y las nubes enlutecen
porque se saldan con sangre
las heridas que enceguecen.

El firmamento respira.
La pelea ha terminado.
El campo llora los restos
que la muerte ha abandonado.

El césped está teñido
de un oscuro rojo sangre:
el color de la incomprensión
entre un indio y entre un blanco.

Las aves guardan silencio
por respeto a estas dos razas
que lloran a sus difuntos
por estar equivocadas.

El viento quiere llevarse
los quejidos lastimeros.
Nadie merece escucharlos.
Debe llevarlos muy lejos.

Ya los cuerpos malolientes
que quedaron en el campo
comprendieron que el que pierde
no es ni el indio ni el soldado.

Porque todos han perdido
en la guerra de la vida
ya que ninguno ha podido
desterrar a las desdichas.

Vacío quedó el desierto,
tan desierto como él mismo
porque murieron los blancos,
porque murieron los indios.

Oscuridad trae la noche,
que, asustada, quiere ocultar
la venganza de los hombres
que no han sabido dialogar.

“¡Los salvajes!”, grita el blanco.
El indio grita: “¡Es el güinca!”
Odio y rencor han sembrado
en esta tierra argentina.

Firmamentos del pasado,
testigos de viejas riñas,
no vuelvan a atormentarnos
con errores y desdichas.

domingo, 23 de agosto de 2009

Martín Rodríguez: Principio

Principio
Yo creí al principio, desde el principio,
en el origen, que a los chicos
los hacen los padres.
Y supe más tarde,
que mi verdad son las cigüeñas,
ellas traen a los chicos,
ellas solas,
¿y los padres qué hacen?
Los padres sueñan, sueñan.

las cigüeñas
arrasan los cielos
cruzan las nubes,
pelean a picotazos a la cría,
mientras los padres sueñan.

(Publicado con la correspondiente autorización del autor y de la Editorial Vox).

Martín Rodríguez, Maternidad Sardá, Ed. Vox, 2005, p. 9.

Martín Rodríguez nació en Buenos Aires en 1978. Tiene los siguientes libros publicados: Agua Negra, editorial Siesta, 1998; Natatorio, editorial Siesta, 2000; El conejo, ediciones Del Diego, 2001 y Lampiño, editorial Siesta, 2004. Obtuvo el primer premio del concurso del Fondo Nacional de las Artes - 2003.

viernes, 21 de agosto de 2009

Feria


la feria
espera inútil rutinaria
hasta que un día

(lechugas tiernas tomates tímidos
naranjas dulces)

en el aire la albahaca pronunció
tu nombre
y brotaste para mí desde la tierra
el más tierno, el más dulce, el más tímido

fruto prohibido

31 Ene 05

Poemas perdidos y reencontrados

Resulta que yo tenía una PC viejita. Cuando me compré la que estoy usando ahora, desmantelé la anterior y conservé únicamente el disco duro. Ahí tenía de todo: poemas, cuentos, mis primeros garabatos en esta cuestión de la escritura.

Desde que me compré esta compu, ya pasaron dos años y el disco estuvo durmiendo la mona en un estante de mi ropero. Hace poco tuve que acudir a un técnico por un inconveniente que tuve con la PC y, aprovechando la oportunidad, le di el disco duro para que me pasara la información. Y voilá: recuperé todos mis escritos.

Ahora viene la pesada tarea de leer, releer, clasificar, ordenar y guardar debidamente todo lo que tengo.

Lo bueno es que estoy en esta etapa de enamoramiento de mi propia escritura, cosa que me pasa cada vez que releo, hasta con cierta extrañeza, cosas viejas. Y encontré poemas que me gustaron mucho. Bueno, tal vez los esté promocionando más de la cuenta. Ya mismo vienen a mi mente recuerdos de una clase de literatura en la que la profesora explicaba que, por lo general, los poemas que más aman los autores no son precisamente los mejor escritos.

En fin, todo esto para contarles que me encantó reencontrarme con este poema brevísimo.



Faro
ojo de las sombras
que circunda la tierra

viernes, 7 de agosto de 2009

Uno de Cortázar



1.
Ahora escribo pájaros.
No los veo venir, no los elijo,
de golpe están ahí, son esto,
una bandada de palabras
posándose
una
a
una
en los alambres de la página,
chirriando, picoteando, lluvia de alas
y yo sin pan que darles, solamente
dejándolos venir. Tal vez
sea eso un árbol

o tal vez
el amor.

Julio Cortázar
(de "Cinco últimos poemas para Cris")

Nota: La foto es mía. Podés usarla sólo si citás esta fuente.