jueves, 26 de marzo de 2009

Alas al palito

Como suele decir mi amiga Lechu, las casualidades no existen. Anteayer les hablaba de mariposas y hoy...

Hoy me despertaron los mosquitos. Me picaron, zumbaban cerca, gajes del oficio de los mosquitos hembra. Por esa razón, me levanté y encendí un espiral. No es algo que me plazca particularmente, pero algo tenía que hacer, y más con el dengue dando vueltas... Bueno, ya me había levantado y no sé si por el espiral o qué me acababa de sentar a la computadora para empezar mi jornada de trabajo cuando me dio como un vahído, un leve mareo. Como tengo baja presión y en cierta época me daba por desvanecerme en los lugares menos propicios, aprendí a escuchar mi cuerpo, así que me fui al balcón a que el aire frío me sopapeara un poco. Siempre me da resultado.

Ahí la vi. Una enorme mariposa parecida a ésta volando a la altura de mis ojos. Finalmente aterrizó en la medianera del edificio, resistía con proeza (uh, qué palabras altisonantes me salen hoy) la fuerza de la gravedad. Y me acordé de sacar o ponerle alas al palito. "Es un signo", pensé, "todo sucede por una razón". Hoy le pongo alas al palito. Hoy me toca la vida.

martes, 24 de marzo de 2009

Época de vacas flacas

El jueves pasado me despidieron del trabajo que tenía en relación de dependencia. Trabajaba en una empresa de 80 empleados, líder en lo suyo, dedicada a la industria del juego (léase casinos, bingos, etc.). Hacía los manuales. Amaba mi trabajo. El caso es que el jueves nos echaron a 40 trabajadores. Eso es el 50 por ciento de la empresa. Mucho.

Ya creo que pasé la etapa del lloro. Ahora estoy haciendo laburos de traducción y corrección, gracias a Dios puedo decir que me mantengo ocupada. Pero vengo de una racha, eh. En septiembre pasado, me robaron a mano armada. Recién hace unos días me entregaron el DNI y pude decir que estaba al día con mis cosas, basta de trámites, no debo nada... y me salen con esto. Otra vez al ruedo.

Dicen que los despidos son duelos. Llorás, extrañás, no podés volver, no podés cambiar la situación. Estás con el humor cambiante. Tu estado de ánimo cambia con la velocidad de encendido de una lamparita. Subís interruptor: eufórica. Bajás interruptor: deprimida.

Se viene la época de vacas flacas. Esto no me pasa sólo a mí. Pasa en el país. Pasa en el mundo. Cientos de trabajadores, sin sus fuentes de trabajo.

Hoy me conformo con seguir teniendo el pan y la poesía. Con esas cosas se puede seguir.

Todo depende de cómo se lo mire. Un profesor de poesía me enseñó que el punto de vista es central para ver la vida y la muerte en las mismas cosas. Si no (y espero no haberlo dicho antes en este diario), fijate:

(Muerte)

Una mariposa.
Le quito las alas.
Un palito.

(Vida)

Un palito.
Le pongo alas.
Una mariposa.
Claro está, me quedo con la vida.

viernes, 20 de marzo de 2009

Bloguer

Con la cámara en la mano,
ella pierde su eje.
Levanta el hombrito
ladea la cabeza
sonríe de costado
mira de reojo
hincha las tetas.
Bloguer
floguer
lover
fotofetichismo a temprana edad.

lunes, 9 de marzo de 2009

Metáforas

Dicen que los niños son crueles. No sé qué será esa crueldad. Tal vez es que los niños dicen las cosas como las ven y no hablan con máscaras, lo cual es totalmente meritorio. El caso es que las cosas que a uno le dicen de niño quedan grabadas para siempre en la memoria.

Yo era una inocente niña de seis o siete años cuando me dijeron que tenía pies de empanada. Fue una tragedia para mí. No quería tener pies de empanada, y sin embargo... algo en la forma de mis pies pequeños y redondeados hacía que la expresión fuera certera como una flecha en el blanco.

Tendría doce años cuando el hermano de una amiga miró mi nariz y me dijo que tenía nariz de sacapuntas. Otra tragedia. Yo quería tener nariz con forma de nariz, no de objeto. Me llevó un tiempo aceptar que la metáfora era tan certera como aquella de las empanadas.

Las metáforas inundan nuestra vida; no nos damos cuenta por lo general. Algunas son un poco más agradables que otras, pero están ahí, nos rodean. Siento fascinación por esta sabiduría popular, por esta creación del pueblo, casi a ciegas, casi por instinto.

En la construcción de un poema, nos puede sorprender un silencio de radio cuando pensamos en metáforas, comparaciones, cuando buscamos una imagen fuerte y precisa para decir lo que queremos. Las metáforas suelen parecernos distantes, lejanas, difíciles, frías. Vaya si requieren trabajo. Y por otro lado están ahí, en todos lados, en las charlas de todos los días. Nos hablan con metáforas el meteorólogo de la televisión, nuestro compañero de trabajo, nuestras primas... sin necesidad de dedicarse a la poesía.

Así, vamos por la vida con pies de empanada y narices de sacapuntas, o con lo que a cada uno le ha tocado, llevando las metáforas a cuestas, viviéndolas con intensidad, y cuántas veces sin siquiera sospecharlo.