viernes, 18 de septiembre de 2009

Estatuas



Las caras que el invierno se come de frío
(los ojos ausentes, el deseo vivo)
esperan que vuelva el tiempo infinito
que no llega nunca, que siempre es el mismo.

Los cabellos yertos sin gritos ni viento,
las manos que cuelgan en péndulo muerto
las túnicas adhieren a la quietud del cuerpo.
Los labios entreabiertos, las carnes henchidas,
insoportable llamado desde la fría orilla.

Pero siguen solas las estatuas bellas,
en sarcófago prieto, en prisión de piedra.
Y nada las rescata, nada las libera.
Sólo la lluvia llora por ellas.


Escrito el 18 de junio de 1998; revisado hoy, 18 de septiembre de 2009.

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