martes, 25 de agosto de 2009

Firmamentos del pasado

Parece que nuestra forma natural de ser argentinos es la confrontación. Sigue el conflicto con el campo. Siguen las aguas divididas aún después de terminado el juicio por las víctimas de la tragedia de Cromañón. La presidente sigue trayendo del pasado las diferencias que convirtieron a nuestro país en un charco de sangre.

Necesitamos concordia.

En 1994, con dieciséis años, escribí un poema sobre la concordia y nuestro pasado de enfrentamientos. Hoy lo releí después de más de diez años. Sigue vigente por lo visto.

Indios y blancos
Se hace escuchar un murmullo.
Un murmullo del desierto.
Se hace claro al acercarse:
“Han matado a los hermanos

del territorio indígena,
de estos indios inocentes
que juzgaron sin saberlos,
maldijeron entre dientes.”

Se escucha un ruido de cascos,
es un ruido ensordecedor,
con él se mezclan los gritos,
los alaridos del malón.

Entonces el cielo muere
y las nubes enlutecen
porque se saldan con sangre
las heridas que enceguecen.

El firmamento respira.
La pelea ha terminado.
El campo llora los restos
que la muerte ha abandonado.

El césped está teñido
de un oscuro rojo sangre:
el color de la incomprensión
entre un indio y entre un blanco.

Las aves guardan silencio
por respeto a estas dos razas
que lloran a sus difuntos
por estar equivocadas.

El viento quiere llevarse
los quejidos lastimeros.
Nadie merece escucharlos.
Debe llevarlos muy lejos.

Ya los cuerpos malolientes
que quedaron en el campo
comprendieron que el que pierde
no es ni el indio ni el soldado.

Porque todos han perdido
en la guerra de la vida
ya que ninguno ha podido
desterrar a las desdichas.

Vacío quedó el desierto,
tan desierto como él mismo
porque murieron los blancos,
porque murieron los indios.

Oscuridad trae la noche,
que, asustada, quiere ocultar
la venganza de los hombres
que no han sabido dialogar.

“¡Los salvajes!”, grita el blanco.
El indio grita: “¡Es el güinca!”
Odio y rencor han sembrado
en esta tierra argentina.

Firmamentos del pasado,
testigos de viejas riñas,
no vuelvan a atormentarnos
con errores y desdichas.

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