viernes, 8 de mayo de 2009

Se vienen las elecciones legislativas: ¡cuidado con los Ricardos!

Hoy amanecí pensando en qué candidato voy a votar para estas elecciones legislativas que se avecinan. Poder, justicia. Empieza la época de sacarse los ojos por tener poder. Época de tener en claro a Ricardo III; hay que estar alertas para no dejarnos engañar, para que no nos digan lo que queremos escuchar, sino las propuestas concretas que tienen nuestros futuros legisladores. Lógico: ¿quién mejor que Shakespeare reflejó estas lides por el poder.

Ricardo III es un personaje que admiro. Está construido con tanta perfección por Shakespeare que simplemente lo admiro. Hay algo de fascinación y horror mezclados en el personaje que lo vuelven, como a todos los malos malos, atractivo.

En 1998, escribí sobre este personaje un pequeño artículo que quiero publicar aquí. No se trata de un análisis de una obra del género lírico, pero al menos es un texto que usa el metro y el verso, así que por lo menos hay puntos en común (sólo eso).

Este artículo es inédito; bueno, lo era hasta recién.


La seducción de Ricardo, apuntes sobre Ricardo III, de William Shakespeare

¿Por qué Ricardo III es como es? ¿Por qué un hombre vil y monstruoso como él nos parece atractivo?

Por un lado, Ricardo es la representación de los mandamientos infernales: mata, miente, envidia, destruye a todos. Y sin embargo, Ricardo posee eso que tanto nos asombra: su don de palabras. Es capaz de poéticas mentiras y engaños retóricos. Cuando habla, nos convence de que es otra persona, de que no es tan malo, de que incluso es capaz de amar.

Su poder de convicción reside en su don de palabra. Es un hombre que conoce a sus víctimas, sabe sus puntos débiles, sabe qué necesitan escuchar para rendirse a sus pies. Sabe manejarlas psicológicamente para lograr su objetivos.

Con sus engaños, teje una red de intrigas que son la base de su poder. Así van cayendo:
  • Clarence, que cree que lo va a ayudar
  • Lady Anne, que se enamora de él
  • Isabel
  • Buckingham
La estructura de sus discursos es la siguiente:
  • alaba a su interlocutor aunque éste lo insulte
  • le miente y finge inocencia
  • lo interpela de manera brusca, utiliza la sorpresa
Con la sorpresa, logra descolocar a su interlocutor, que ya no puede discutirle o ya no sabe cómo contestarle y Ricardo aprovecha esta confusión y lo convence.

Sus víctimas (excepto Buckingham) quedan atontadas, como encantadas por él. Todos confían ciegamente en Ricardo y les cuesta, luego, convencerse de lo contrario. Por ejemplo, cuando Clarence se entera de quién le envía los asesinos.

Sus soliloquios nos dan la clave de su pensamiento. Como público, sabemos que engaña a todos cuando dialoga, sólo cuando queda solo nos hace partícipes de lo que realmente trama. De manera generosa, nos anticipa siempre qué va a hacer, luego lo hace y lo vemos actuar y después, cuando vuelve a quedar solo, comenta lo que acaba de hacer.

Ricardo III es un hombre temerario. En ningún momento, se nos presenta cobarde o temeroso. Sólo al final, cuando alcanza su pathos trágico, su soliloquio en la noche antes de morir nos conmueve porque vemos que el hombre fuerte y sin temores se ha vuelto débil y está casi arrepentido.

El gran monstruo ha caído, sufre, es atormentado por sus crímenes. Sólo la noche de los espectros toma conciencia de sus crímenes, de su maldad. Y tiene miedo. Sabe que ha quedado solo, que de todos los que lo rodeaban no le ha quedado ni el amor ni el respeto de nadie. Queda solo ante el miedo y la muerte. No sólo está solo, ha sabido ganarse el odio de cuantos lo respetaban.

Al final, se cumple la profecía. Ricardo desespera y muere, y a su muerte su gran poder ya de nada le sirve porque ese poder estaba basado en mentiras. Sus palabras no estaban sostenidas por verdades. Cuando ya están muertos los que él engañó y cuando ya están advertidos los vivos, ya nada puede hacer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario