martes, 24 de marzo de 2009

Época de vacas flacas

El jueves pasado me despidieron del trabajo que tenía en relación de dependencia. Trabajaba en una empresa de 80 empleados, líder en lo suyo, dedicada a la industria del juego (léase casinos, bingos, etc.). Hacía los manuales. Amaba mi trabajo. El caso es que el jueves nos echaron a 40 trabajadores. Eso es el 50 por ciento de la empresa. Mucho.

Ya creo que pasé la etapa del lloro. Ahora estoy haciendo laburos de traducción y corrección, gracias a Dios puedo decir que me mantengo ocupada. Pero vengo de una racha, eh. En septiembre pasado, me robaron a mano armada. Recién hace unos días me entregaron el DNI y pude decir que estaba al día con mis cosas, basta de trámites, no debo nada... y me salen con esto. Otra vez al ruedo.

Dicen que los despidos son duelos. Llorás, extrañás, no podés volver, no podés cambiar la situación. Estás con el humor cambiante. Tu estado de ánimo cambia con la velocidad de encendido de una lamparita. Subís interruptor: eufórica. Bajás interruptor: deprimida.

Se viene la época de vacas flacas. Esto no me pasa sólo a mí. Pasa en el país. Pasa en el mundo. Cientos de trabajadores, sin sus fuentes de trabajo.

Hoy me conformo con seguir teniendo el pan y la poesía. Con esas cosas se puede seguir.

Todo depende de cómo se lo mire. Un profesor de poesía me enseñó que el punto de vista es central para ver la vida y la muerte en las mismas cosas. Si no (y espero no haberlo dicho antes en este diario), fijate:

(Muerte)

Una mariposa.
Le quito las alas.
Un palito.

(Vida)

Un palito.
Le pongo alas.
Una mariposa.
Claro está, me quedo con la vida.

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