jueves, 26 de marzo de 2009

Alas al palito

Como suele decir mi amiga Lechu, las casualidades no existen. Anteayer les hablaba de mariposas y hoy...

Hoy me despertaron los mosquitos. Me picaron, zumbaban cerca, gajes del oficio de los mosquitos hembra. Por esa razón, me levanté y encendí un espiral. No es algo que me plazca particularmente, pero algo tenía que hacer, y más con el dengue dando vueltas... Bueno, ya me había levantado y no sé si por el espiral o qué me acababa de sentar a la computadora para empezar mi jornada de trabajo cuando me dio como un vahído, un leve mareo. Como tengo baja presión y en cierta época me daba por desvanecerme en los lugares menos propicios, aprendí a escuchar mi cuerpo, así que me fui al balcón a que el aire frío me sopapeara un poco. Siempre me da resultado.

Ahí la vi. Una enorme mariposa parecida a ésta volando a la altura de mis ojos. Finalmente aterrizó en la medianera del edificio, resistía con proeza (uh, qué palabras altisonantes me salen hoy) la fuerza de la gravedad. Y me acordé de sacar o ponerle alas al palito. "Es un signo", pensé, "todo sucede por una razón". Hoy le pongo alas al palito. Hoy me toca la vida.

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