miércoles, 4 de febrero de 2009

Me gusta, no me gusta

Muchas veces me pregunto qué es lo que me acerca a un poema, qué es lo que hace que me guste especialmente un texto. ¿Es algo desconocido, fuera de toda lógica, que no se puede especificar? ¿O hay razones lógicas, de armado, de ritmo, etc.?

Esta pregunta se profundiza cuando me topo con textos que no me gustan o que no entiendo. Porque a veces hay poemas que no comprendo, no sé realmente qué corno quiso decir su autor, y sin embargo me gustan, me atraen y mucho. Por el contrario, a veces entiendo perfecto un poema y no me gusta para nada.

Dicen que la apariencia, lo visual, es lo primero que uno ve de las personas. Instantáneamente las personas te gustan, te atraen, te parecen simpáticas, buenas, lindas y después "los ves realmente" porque ves su interior. Recién ahí te gustan o te disgustan de verdad. Pues bien, creo que pasa lo mismo con los poemas. El primer contacto es lo externo: el ritmo, la rima (si la hay), las palabras que eligió el autor, la extensión de los versos, las estrofas (si hay más de una). Si todo esto es armónico, atrae. Todo eso conforma la música del poema, es el anzuelo que nos hace picar. Si picamos, empezamos a ir más adentro del poema. No nos quedamos con lo exterior. Nos queremos comer el corazón del alcaucil del poema y vamos al significado.

Ahí puede pasar una de dos cosas: el poema es hermético y nos quedamos con la belleza superficial o entendemos el poema y entonces llegamos al punto cúlmine de la poesía (ya no del poema).

Cada vez me convenzo más de que hay razones lógicas para gustar de un poema. Que eso se puede lograr deliberadamente. Seguiré pensando en esto.

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