sábado, 29 de noviembre de 2008

Se va noviembre

Se nos va noviembre, mi mes favorito del año, en parte por el tiempo que hace y en parte por mi cumpleaños (¡ya tengo treinta, por Dios!).

Debo confesar que hace mucho que no escribo poesía. He estado muy atareada y con poco tiempo. Y ese poco tiempo lo estoy dedicando a leer, lo cual no está nada mal.

Son etapas. A veces toca de esto; a veces, de aquello.

Espero recuperar muy pronto mi escritura. Se viene el verano, época muy productiva para mí.

Mientras tanto, ténganme un poquito de paciencia, por favor...

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Borges es muy difícil

Ayer volví después de mucho tiempo a tomar clases de inglés. Pues bien, conversaba con George, mi profesor, y llegamos al tema de la poesía y el arte. Me preguntó si había leído a Sábato y a Borges. Le dije que del primero sólo leí El túnel y que leí algunos textos de Borges. "Borges es muy difícil, muy cerrado", acotó George.

Y me dejó pensando. Claro que Borges es un autor difícil de abordar, pero no imposible. Es difícil porque la mayoría de sus textos son diálogos con otros textos, hacen referencia a otros textos (la llamada hipertextualidad) y, si uno no los ha leído antes, se pierde lo más jugoso de la cuestión.

Entonces le contesté a George: "Borges no es inabordable. Yo recomiendo comenzar por sus poemas".

Ahora reflexiono: los primeros autores que uno lee tienen un impacto muy fuerte en uno. Leí en cuarto grado el poema "Un patio", de Borges, y para mí fue vital. Pedroni también influyó mucho en mi amor por el género. La edad "impresionable" es fantástica para iniciar el camino de la poesía. Y con edad impresionable me refiero a esa edad en la que uno todavía no tiene prejuicios. Cuando leí a Borges tenía 11 años. No sabía quién era Borges, ni siquiera sabía que era difícil.

Entonces, una conclusión y un consejo. Hay que leer poesía sin pensar demasiado en el autor en una primera lectura, hay que sacarse de la cabeza todo prejuicio (este autor es difícil, esta autora es de izquierda, este autor es homosexual). Leer como si uno tuviera 10 años. Leer como si sólo existiera ese texto. Y, si vas a leer a Borges, ¿por qué no dejás los cuentos para más adelante y no empezás mejor con sus poemas?

Dale, para que vayas empezando, te dejo éste de don Borges. Nota al margen: es admirable el uso de los adjetivos. Fijate, si no, ese "lacia" del final.

Sala vacía
Los muebles de caoba perpetúan
entre la indecisión del brocado
su tertulia de siempre.
Los daguerrotipos
mienten su falsa cercanía
de tiempo detenido en un espejo
y ante nuestro examen se pierden
como fechas inútiles
de borrosos aniversarios.
Desde hace largo tiempo
sus angustiadas voces nos buscan
y ahora apenas están
en las mañanas iniciales de nuestra infancia.
La luz del día de hoy
exalta los cristales de la ventana
desde la calle de clamor y vértigo
y arrincona y apaga la voz lacia
de los antepasados.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Deme un cucurucho de Lorca

Muchas personas sienten debilidad por un rico helado. ¿Cómo resistirse? Lo pienso y resulta imposible, especialmente en estos días calurosos que trajo el noviembre de este año.

Bueno, para mí García Lorca es como un rico helado de sambayón un día de 40 grados a la sombra. Sencillamente, no me puedo resistir. Tienen tanto ritmo sus poemas, te llevan tanto a un tablao español, que es casi una injusticia leerlos o "decirlos" en dialecto rioplatense.

Hace unos cuantos años ya fui a ver una obra de teatro independiente inspirada en las obras de García Lorca. Recuerdo que era en un teatro cerca de la calle Corrientes. Varios actores interpretaban textos de él. Fui con mi amiga Soledad, alias Amiguchis, y otras personas del grupo al que pertenecíamos en ese momento. Espectacular. García Lorca es para verlo sobre un escenario. Sus textos requieren una buena voz. Es condición sine qua non (mirá acá un claro ejemplo de buena voz). Ése es el grado sumo de un poeta, al menos para mí.

Digo esto porque la poesía es ritmo, es sonido. De hecho, la lírica debe su nombre a un instrumento musical (la lira) con que se acompañaba el recitado de poemas. Dice Joan Corominas en su Breve diccionario etimológico de la lengua castellana:
"Lírico. Término utilizado por primera vez en español en 1444. Derivado del griego lyrikós, 'relativo a la lira', 'que toca la lira, poeta lírico', por ser ésta la forma como recitaban los poetas de esta clase en la Antigüedad".
Sin ritmo, sin sonido, no hay poesía.

Si leemos un poema en silencio que no nos exige el recitado, que no nos da ganas de tararearlo... no hay poesía.

A veces me pregunto: ¿habrá alguien tarareando por ahí mis poemas? Quién sabe. Tal vez...

Pero mejor vayamos a los maestros, así aprendemos de ellos. Aquí un poema de García Lorca.

La guitarra
Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil callarla.
Es imposible
callarla.
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada.
Es imposible
callarla.
Llora por cosas
lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama.
¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas.

Aire y ausencia



El aire se ha llenado de ausencia
los recuerdos que en otro tiempo
habíamos colgado de los árboles
se han ido cayendo
o volando
junto con el otoño.
¿Y ahora qué ha quedado?
Este aire irrespirable
estos árboles desnudos
una mujer que te extraña.

(Del 10 de mayo de 2005).

¡Uno mío, después de tanto!

martes, 11 de noviembre de 2008

Carnicería

Un poema de Jorge Luis Borges que no se lee tanto, no sé por qué. A mí me gusta. Ese adjetivo "finales" tiene sinceramente una precisión quirúrgica única. Vaya, qué envidia.

Carnicería
Más vil que un lupanar
la carnicería rubrica como una afrenta la calle.
Sobre el dintel
una ciega cabeza de vaca
preside el aquelarre
de carne charra y mármoles finales
con la remota majestad de un ídolo.

martes, 4 de noviembre de 2008

Storni y la palabra

Estoy sin internet en el trabajo y con poco tiempo, por eso son tan espaciadas mis publicaciones por aquí, pero estoy, estoy.

Hoy, un poema de Alfonsina Storni. Debo decir que comulgo ciegamente con los cinco primeros versos.

La palabra
Naturaleza: gracias por este don supremo
del verso, que me diste:
yo soy la mujer triste
a quien Caronte ya mostró su remo.

¿Qué fuera de mi vida sin la dulce palabra?
Como el óxido labra
sus arabescos ocres,
yo me grabé en los hombres, sublimes o mediocres.

Mientras vaciaba el pomo, caliente, de mi pecho,
no sentía el acecho,
torvo y feroz, de la sirena negra.

Me salí de mi carne, gocé el goce más alto:
oponer una frase de basalto
al genio oscuro que nos desintegra.