martes, 28 de octubre de 2008

Te invito a mi cocina

Siempre me interesó saber cómo corrigen otros escritores, cómo llegan al producto final, a los versos definitivos.

Muchos llenan de misterio sus cocinas poéticas. Yo digo que no hay mayor misterio: hay técnica, hay inspiración, hay buen oído. Los mejores cocineros del mundo muestran el interior de sus cocinas. ¿Por qué los escritores no deberíamos hacer lo mismo?

Doy el primer paso. Tal vez alguien me siga y aprendamos todos.

Acá va, paso a paso, el caminito que seguí hasta llegar al texto definitivo de un poema. El tema es que a veces quedan cosas buenas en el camino.

Primer intento
Huecos huecos huecos
la mujer es un hueco
entrás en ella
corrés las cortinas
encendés las hornallas de la cocina.
Es una boca
un regazo
una pileta de agua tibia
te tirás de cabeza a nadar.

***
Me gustan mucho estos dos versos finales. Pero no hacen al poema.
***

Segundo intento
La mujer es un hueco.

¿una mujer o un hueco?
(entrar-salir-entrar)
una pileta de agua tibia
¡a nadar de cabeza!
¿te vas a tirar?

un hueco una boca
(palabras-sexo-saliva)
¿con qué lo vas a llenar?

huecos huecos huecos
no ves otra cosa
pero quién está vacío
por acá.

¿son heridas?

son heridas

son tajos heridas
que no estaban
la carne abierta al medio
y allí
un hueco

por qué insistir

huecos huecos huecos
no ves otra cosa

***
Aquí volví a la idea de la pileta, que tanto me gustaba, pero me convencí de que no servía. Y la pregunta "¿son heridas?" me sirvió para llegar a una afirmación más contundente: "son heridas".
***


Tercer intento

¿una mujer o un hueco?
(entrar-salir-entrar)

un hueco unala boca
(sexo-palabras-saliva)
lista para llenar

el vientre otro hueco
(entrar-dejarllenar-salir)
oh sí
y germinar...

pero
son heridas
tajos
la carne abierta al medio
huecos huecos huecos
no ves otra cosa

pero quién está vacío
por acá

***
Encontré los versos finales, pero faltaba podar un poco más.
***

Poema definitivo

¿una mujer o un hueco?

la boca
sexo palabras saliva
(entrar-salir-entrar)

el vientre otro hueco
(entrar-llenar-salir)
oh sí
germinará

es la carne abierta al medio
son tajos
heridas
tajos

ay pero
huecos huecos huecos
no ves otra cosa
y quién está vacío
por acá.

Del 9 de julio de 2006

domingo, 19 de octubre de 2008

Mamá, me robaron a mano armada

Una de cal y una de arena.

Cal
Ahora estoy bien, pero, desde el viernes estoy haciendo trámites. El jueves a la salida del trabajo, iba en el auto de una compañera y nos asaltaron. Fue en Mataderos. Eran dos hombres jóvenes. Uno de ellos abrió la puerta del acompañante (léase, la que escribe) y nos amenazó con el arma (una 9 o un 32). Me arrebataron el maletín y salieron corriendo. Se metieron por un pasillo que llevaba a la villa y ¡andá a cantarle a Gardel!

Todo un trastorno. Perdí mi única agenda, mezcla de teléfonos y anotaciones personales (cada día escribía una frase que significaba mucho para mí, recuerdos de mi día), mis anteojos para ver de lejos, el celular, una edición anotada carísima de Don Segundo Sombra y... lo que más lamento: un cuaderno que me hizo mi madre a mano para que yo pudiera anotar mis poemas. La mayor parte de mis poemas de Tierra Negra estaban allí. Me los robaron. No los tengo más.

Ahora soy una N.N. No tengo D.N.I., no puedo comprar con tarjeta de crédito, no puedo sacar plata del banco, no puedo enfermarme porque no tengo credencial de la obra social... Y tampoco puedo leer mis propios poemas. Ustedes tampoco. Está bien, los tengo en la computadora en un archivo, pero ésos eran los poemas de entrecasa, con mi letra, mi estado de ánimo, mis anotaciones, mis correcciones. Perdí mucho más que los versos de los poemas. El "aparato crítico", digamos.

Lo que más me duele de todo esto que pasó es que ese cuaderno no valía nada para los ladrones. Eran papeles nada más. Seguramente los quemaron. Y pensarlo me da ganas de llorar.

Estoy bien, gracias a Dios. No nos hicieron nada. Pero por dentro siento que me lastimaron en la parte más sensible de mí. Se llevaron mis poemas, lo más íntimo de mí que alguien puede conocer. Se llevaron mi arte, si es que se me permite esa licencia, mi expresión, mi palabra.

Me pongo a pensar y quién sabe. Tal vez el ladrón leyó algo de ese cuaderno, le gustó y se lo quedó. En ese caso, no hay mal que por bien no venga. Si ese cuadernito de poemas sirvió para algo... bueno, ése es mi sueño, así que de una manera indirecta, no pensada, inesperada y milagrosa, se habrá cumplido.

Pienso, pero la verdad es que nunca voy a saber qué pasó después de que el ladrón desapareció de mi vista. Sólo Dios lo sabe. Sus caminos son misteriosos. Quién sabe qué final les deparó a mis poemas y a ese pobre hombre que se gana la vida de una manera tan perjudicial para él y para la sociedad.

Arena
Les decía antes que ese cuaderno me lo hizo mi madre. Un acto simbólico para mí porque con ese cuaderno me permitió crear y expresarme en esta etapa adulta. Un gesto fantástico, que para mí resume nuestra relación. De mi madre (y de mi padre también, hay que decirlo), recibí el don de la palabra. Aprendí a expresarme, a decir el mundo, a llamar a las cosas por su nombre. Mi madre me enseñó a hablar con propiedad, corrigió mis errores, me enseñó cuán bello es hablar y escribir bien. Realmente, definió mis inclinaciones. Hoy escribo poemas, soy correctora y trabajo de redactora.

Por eso, ¡gracias, mamá! Gracias por todo lo que me das día a día. Gracias por darme vida, identidad y amor. Gracias por los "abrigate". Gracias por los "comé, no comiste nada". Gracias por las miles de comiditas que me diste a la salida del colegio, por los doscientos consejos que me diste y no te di bolilla, por dejarme volar cuando lo necesité.

Te quiero, mamá.
¡Feliz día para vos y para todas las madres!

miércoles, 15 de octubre de 2008

De paso

Hoy estoy de paso. Llevo la poesía conmigo. Estoy con poco tiempo, pero no quería dejar de pasar, de dejar huella.

Dentro de poco, algunas fotos de la primavera de Buenos Aires. Las tengo que bajar, nada más. Hay mucha poesía en el verde.

lunes, 13 de octubre de 2008

Hay que aprender a dar las gracias

He leído poco de Oliverio Girondo. Tengo el tomo uno de sus obras completas y va dando vueltas, me rodea, me esquiva. Termino leyendo los mismos poemas que me gustan. Eso es lo bueno de la poesía. Que uno termina volviendo a sus páginas favoritas y no hay pecado en no terminar el libro.

Hoy estuve de asado, reunión familiar de las lindas, íntimas, en las que se va el día conversando. De regreso a casa, abrí el libraco y el título me llamó. Es justo lo que siento.

Te presento a Oliverio.

Gratitud

Gracias aroma
azul,
fogata
encelo.

Gracias pelo
caballo
mandarino.

Gracias pudor
turquesa
embrujo
vela,
llamarada
quietud
azar
delirio.

Gracias a los racimos
a la tarde,
a la sed
al fervor
a las arrugas,
al silencio
a los senos
a la noche,
a la danza
a la lumbre
a la espesura.

Muchas gracias al humo
a los microbios,
al despertar
al cuerno
a la belleza,
a la esponja
a la duda
a la semilla,
a la sangre
a los toros
a la siesta.

Gracias por la ebriedad,
por la vagancia,
por el aire
la piel
las alamedas,
por el absurdo de hoy
y de mañana,
desazón
avidez
calma,
alegría,
nostalgia
desamor
ceniza
llanto.

Gracias a lo que nace,
a lo que muere,
a las uñas
las alas
las hormigas,
los reflejos
el viento
la rompiente,
el olvido
los granos
la locura.

Muchas gracias gusano.
Gracias huevo.
Gracias fango,
sonido.
Gracias piedra.
Muchas gracias por todo.
Muchas gracias.

Oliverio Girondo,
agradecido.

Anotaciones al margen: Este poema me encanta, no sólo porque Oliverio Girondo incluye su propio nombre en el poema como objeto/sujeto poético (recurso de él y otros poetas sobre el que alguna vez voy a escribir con más detalle), sino también por la palabra "microbios", aparentemente tan ajena al discurso poético. Oliverio destruye con maestría el mito de las palabras "poéticas" y las "no poéticas". Y allí están los microbios, nomás.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Lo trillado me da asco 2

Dicen que hay que pegar con los títulos para lograr que un lector se interese en una determinada lectura. ¿Cuántas veces vamos a una librería, curioseamos los títulos y sólo abrimos aquellos libros cuyos títulos nos llamaron la atención? El título es un gancho, un anzuelo. Tiene que ser muy atractivo para que venga el pez.

No me considero una buena tituladora. Es una materia pendiente. Trato de compensarlo con aplicación y persistencia. Ustedes saben que en los colegios suelen verse dos clases de buenos alumnos: los que estudian ochenta horas por día, quemándose las pestañas durante semanas y semanas, y los que tienen una memoria y una capacidad intelectual prodigiosa y estudian todo el día anterior. Ambos aprueban los exámenes y es muy posible que sepan las mismas cosas.

Bueno, para titular soy de las que estudian ochenta horas por día. Es algo que no vino conmigo y que me cuesta muchísimo incorporar. Será parte del "ojo de la cara" del que les hablé hace unos días.

La cuestión es que el lunes me arriesgué a un título fuerte, provocativo ("Lo trillado me da asco") y el resultado está a la vista: se ha armado un jaleo interesante, por el que les agradezco a Santiago y a Amilcar Escobar. Las diferencias de opinión expresadas con respeto siempre enriquecen.

El jaleo que se armó me obliga a aclarar y extender algunos puntos, que me parecen interesantes.
He llegado a la conclusión de que hay varias etapas en la vida de un poeta y la primera de ellas es la cursilería, pero no es la última. Eso es, para mí, lo que diferencia al poeta del principiante o de una persona que escribe cosas para sí. La escritura no le está negada a nadie, incluso creo que se debería alentar a todos aquellos que sientan la necesidad de escribir, pero ser poeta es buscar un refinamiento en la expresión, es buscar formas nuevas de expresar cosas viejas. Entiéndaseme: es buscar la excelencia del lenguaje.

Amilcar expresa lo siguiente: "Difiero de su criterio porque no creo que haya mejor o peor forma de decir algo...lo que importa es que cualquier cosa se diga". Estoy de acuerdo con que lo que importa es que se diga lo que hay que decir, pero no en que haya mejores o peores formas de decir algo. Justamente de eso se trata la poesía. Es la búsqueda del refinamiento (y no el remilgo) de la expresión.

Seguramente les ocurrió esto: están leyendo un poema y un verso en particular los cachetea, dice tan exactamente algo, expresa con tanta precisión un sentimiento o una situación que no podrían usar otras palabras. El poeta encontró nuevas palabras para expresar algo viejo, entonces el poema da la sensación de descubrimiento, de novedad.

El amor es uno de los grandes temas que trata la poesía, y la literatura en general. El más tentador y traicionero de los temas. ¿Por qué digo esto? Pues bien, es el más tentador porque el amor es un sentimiento tan embriagador, que transforma tanto nuestra vida, que no nos puede ser ajenos. Necesitamos hablar de él, escribir sobre él. Vomitarlo de algún modo. Es el tema más traicionero también porque sólo lo pueden abordar con éxito los escritores experimentados. Los novatos terminan todos diciendo las mismas cosas, de una manera poco feliz, poco original.

En esto coincide el personaje de Begnini en la película "El tigre y la nieve" cuando dice: "Despacio, con calma... No se apresuren, no escriban en seguida poemas de amor, que son los más difíciles; esperen al menos, al menos, unos ochenta años. Escríbanlos sobre otro tema, qué sé yo, sobre el mar, el viento, un termosifón, un tranvía demorado... porque no existe una cosa más poética que otra." (lean el resto del monólogo aquí).

Y ahí está el mito. Hay cosas más poéticas que otras, hay temas más poéticos que otros. Así pues cientos de poetas novatos se lanzan a la poesía pensando que la soledad, el amor y la tristeza son lo único que existe, lo único digno de lo que se debe escribir. No es así. Lamento tirarles abajo el mito, pero no es así. El mundo es un tanto más complejo y rico, y cuán maravilloso es que sea así.

Para terminar, quiero aclarar una cuestión. La lista de palabras que publiqué el lunes no es una lista de palabras vedadas. Ya nos prohiben tantas cosas en otros ámbitos, no llevemos la censura a la poesía. Con esa lista sólo quise probar este mito de que sólo hay que cantarle al amor, la soledad y la tristeza. De ninguna manera propongo prohibirlas.

He dicho e insisto: "lo trillado me da asco".

lunes, 6 de octubre de 2008

Lo trillado me da asco 1






Hoy venía en el colectivo pensando en una película que vi ayer sobre la fotógrafa estadounidense Diane Arbus. En inglés, la película se llama "Fur. An imaginary portrait of Diane Arbus". El término "fur" significa "piel", "pelaje". Pero tradujeron el título como "Diane Arbus: retrato de una pasión". Nada que ver. Le quitaron importancia a la palabra central de la película: "fur".
 
Eso me llevó a pensar que, si los que traducen los títulos de las películas hubieran sido contemporáneos de Dante, el poeta les habría asegurado un rinconcito en algún círculo del infierno. Cualquier película se termina llamando no sé qué de pasión, no sé qué letal, tal cosa mortal... Ufa con los lugares comunes.
 
En la poesía, pasa lo mismo. Los novatos se pasean por los lugares comunes con una altanería que da asco. Hagan la prueba. Busquen algún portal de poesía en internet y elijan un poema al azar. Tienen bajas probabilidades de que escape a los lugares comunes. Lagrimosos y trillados, no veo escapatoria.
 
Puedo resultar cruel con lo que digo, pero hacer la prueba para comprobarlo es muy sencillo. Así como los des-tituladores de películas caen siempre en "mortal", "fatal", "de riesgo", "pasión", "obsesión", algunos poetas caen en palabras altisonantes como éstas:
 
- libertad
- amor
- labios
- cielo
- corazón
- suavidad
- belleza
- lágrimas
- besar
- acariciar
- espejos
- mutismo
- vacíos
- viento
- brisa
- huella
 
Y me quedo corta. La lista sigue.
 
Dicen que hay que ver el lado positivo de las cosas. Al menos, entre tanta palabra vacía, brillan con más luz los verdaderos poetas, como Eugenia Coiro, Gabriela Franco, Marina Mariasch, Natalia Fortuny, por mencionar a algunos.
 
Igual te confieso algo: a veces no sé de qué lado estoy yo. Es algo que me pesa. Pero por lo menos sé algo: de qué lado quiero estar.

sábado, 4 de octubre de 2008

Olor a libro viejo


Me gustan las librerías de viejo. Entrar, ver los estantes, las pilas de libros, cierto desorden. Nada de libros recién salidos de imprenta, ni tapas impecables, envueltas en celofán. Yo me quedo mil veces con los libros amarillos. Para mí, tienen corazón de vainilla, son como fruta dulce, madura, que está lista para ser comida.

Tengo varios libros de éstos en casa. Hay uno al que le tengo especial cariño: Poemas arabigoandaluces, de Emilio García Gómez, editado por Espasa Calpe Argentina. Es más viejo que yo: dice "acabado de imprimir el día 15 de noviembre de 1940". Y sin embargo, hizo el caminito de libro bien aprendido y sobrevivió muchos años hasta llegar al lector que lo iba a amar de por vida.

Se trata de una antología de, como bien dice el título, poemas arabigoandaluces. Aquí van dos, elegidos al tuntún porque todos me gustan.

El nadador negro
Un negro nadaba en un estanque, cuya agua no ocultaba los guijarros del fondo.
El estanque tení la figura de una pupila azul, donde el negro era la niña.

De Ben Jafacha, de Alcira (1058-1138)

La tormenta
Cada flor abría en la oscuridad su boca, buscando las ubres de la lluvia fecunda.
Y los ejércitos de las negras nubes, cargadas de agua, desfilaban majestuosamente, armadas con los sables dorados del relámpago.

De Ben Suhayd, de Córdoba (992-1034)

miércoles, 1 de octubre de 2008

Verso a verso: la presentación


Ayer a la tarde estuve en la Editorial Dunken en la presentación de la antología Verso a verso. Podía llevar un acompañante nada más, así que sólo pude compartirlo con Sergio. Pero sacamos fotos, así que es como si hubieran estado.

En el acto, habló el prologuista, César Melis, quien estuvo a cargo de la selección de textos. Dijo que fue una tarea difícil elegir los poemas porque eran muchos: finalmente, de 400, quedaron 100. Un número interesante. Pero debo decir que cayó en lugares para nada afines a mi pensamiento, aunque lamentablemente comunes, como que, fuera de la poesía, todo es mediocridad; que la poesía es menospreciada por las editoriales; que algunos concursos están digitados (mencionó los premios Planeta y Alfaguara) y pude leer entre líneas la idea de que los poetas somos una élite inmaculada y perfecta.

Después anunció que leería un fragmento de su prólogo, fragmento que, según él, resumía todo lo que significaba para él la antología. Pero sin decir nada lo leyó completo, de pe a pa. Sí, "fragmento" fue un eufemismo, una excusa para leer todo su texto. ¡Ay, cuánto me disgusta la falsa modestia!

A continuación, Melis leyó algunos poemas, a modo de ejemplo de los variados estilos reflejados en el libro. Insistió en que no los leía por ser los mejores, sino por mostrar contrastes de estilo. Me gustaron algunos textos muy especialmente, como "Cirugía", de Rossana Martínez Flecha, y "Ellos, cuatro", de Rolando Revagliatti. Aplaudí a rabiar.
Por último, cada autor recibió su diploma y un ejemplar de Verso a verso.

El broche de oro fue conocer a Rossana Martínez Flecha, que administra el blog Palabras. Con ella, me saqué la última foto.