jueves, 13 de noviembre de 2008

Deme un cucurucho de Lorca

Muchas personas sienten debilidad por un rico helado. ¿Cómo resistirse? Lo pienso y resulta imposible, especialmente en estos días calurosos que trajo el noviembre de este año.

Bueno, para mí García Lorca es como un rico helado de sambayón un día de 40 grados a la sombra. Sencillamente, no me puedo resistir. Tienen tanto ritmo sus poemas, te llevan tanto a un tablao español, que es casi una injusticia leerlos o "decirlos" en dialecto rioplatense.

Hace unos cuantos años ya fui a ver una obra de teatro independiente inspirada en las obras de García Lorca. Recuerdo que era en un teatro cerca de la calle Corrientes. Varios actores interpretaban textos de él. Fui con mi amiga Soledad, alias Amiguchis, y otras personas del grupo al que pertenecíamos en ese momento. Espectacular. García Lorca es para verlo sobre un escenario. Sus textos requieren una buena voz. Es condición sine qua non (mirá acá un claro ejemplo de buena voz). Ése es el grado sumo de un poeta, al menos para mí.

Digo esto porque la poesía es ritmo, es sonido. De hecho, la lírica debe su nombre a un instrumento musical (la lira) con que se acompañaba el recitado de poemas. Dice Joan Corominas en su Breve diccionario etimológico de la lengua castellana:
"Lírico. Término utilizado por primera vez en español en 1444. Derivado del griego lyrikós, 'relativo a la lira', 'que toca la lira, poeta lírico', por ser ésta la forma como recitaban los poetas de esta clase en la Antigüedad".
Sin ritmo, sin sonido, no hay poesía.

Si leemos un poema en silencio que no nos exige el recitado, que no nos da ganas de tararearlo... no hay poesía.

A veces me pregunto: ¿habrá alguien tarareando por ahí mis poemas? Quién sabe. Tal vez...

Pero mejor vayamos a los maestros, así aprendemos de ellos. Aquí un poema de García Lorca.

La guitarra
Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil callarla.
Es imposible
callarla.
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada.
Es imposible
callarla.
Llora por cosas
lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama.
¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas.

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