domingo, 19 de octubre de 2008

Mamá, me robaron a mano armada

Una de cal y una de arena.

Cal
Ahora estoy bien, pero, desde el viernes estoy haciendo trámites. El jueves a la salida del trabajo, iba en el auto de una compañera y nos asaltaron. Fue en Mataderos. Eran dos hombres jóvenes. Uno de ellos abrió la puerta del acompañante (léase, la que escribe) y nos amenazó con el arma (una 9 o un 32). Me arrebataron el maletín y salieron corriendo. Se metieron por un pasillo que llevaba a la villa y ¡andá a cantarle a Gardel!

Todo un trastorno. Perdí mi única agenda, mezcla de teléfonos y anotaciones personales (cada día escribía una frase que significaba mucho para mí, recuerdos de mi día), mis anteojos para ver de lejos, el celular, una edición anotada carísima de Don Segundo Sombra y... lo que más lamento: un cuaderno que me hizo mi madre a mano para que yo pudiera anotar mis poemas. La mayor parte de mis poemas de Tierra Negra estaban allí. Me los robaron. No los tengo más.

Ahora soy una N.N. No tengo D.N.I., no puedo comprar con tarjeta de crédito, no puedo sacar plata del banco, no puedo enfermarme porque no tengo credencial de la obra social... Y tampoco puedo leer mis propios poemas. Ustedes tampoco. Está bien, los tengo en la computadora en un archivo, pero ésos eran los poemas de entrecasa, con mi letra, mi estado de ánimo, mis anotaciones, mis correcciones. Perdí mucho más que los versos de los poemas. El "aparato crítico", digamos.

Lo que más me duele de todo esto que pasó es que ese cuaderno no valía nada para los ladrones. Eran papeles nada más. Seguramente los quemaron. Y pensarlo me da ganas de llorar.

Estoy bien, gracias a Dios. No nos hicieron nada. Pero por dentro siento que me lastimaron en la parte más sensible de mí. Se llevaron mis poemas, lo más íntimo de mí que alguien puede conocer. Se llevaron mi arte, si es que se me permite esa licencia, mi expresión, mi palabra.

Me pongo a pensar y quién sabe. Tal vez el ladrón leyó algo de ese cuaderno, le gustó y se lo quedó. En ese caso, no hay mal que por bien no venga. Si ese cuadernito de poemas sirvió para algo... bueno, ése es mi sueño, así que de una manera indirecta, no pensada, inesperada y milagrosa, se habrá cumplido.

Pienso, pero la verdad es que nunca voy a saber qué pasó después de que el ladrón desapareció de mi vista. Sólo Dios lo sabe. Sus caminos son misteriosos. Quién sabe qué final les deparó a mis poemas y a ese pobre hombre que se gana la vida de una manera tan perjudicial para él y para la sociedad.

Arena
Les decía antes que ese cuaderno me lo hizo mi madre. Un acto simbólico para mí porque con ese cuaderno me permitió crear y expresarme en esta etapa adulta. Un gesto fantástico, que para mí resume nuestra relación. De mi madre (y de mi padre también, hay que decirlo), recibí el don de la palabra. Aprendí a expresarme, a decir el mundo, a llamar a las cosas por su nombre. Mi madre me enseñó a hablar con propiedad, corrigió mis errores, me enseñó cuán bello es hablar y escribir bien. Realmente, definió mis inclinaciones. Hoy escribo poemas, soy correctora y trabajo de redactora.

Por eso, ¡gracias, mamá! Gracias por todo lo que me das día a día. Gracias por darme vida, identidad y amor. Gracias por los "abrigate". Gracias por los "comé, no comiste nada". Gracias por las miles de comiditas que me diste a la salida del colegio, por los doscientos consejos que me diste y no te di bolilla, por dejarme volar cuando lo necesité.

Te quiero, mamá.
¡Feliz día para vos y para todas las madres!

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