lunes, 13 de octubre de 2008

Hay que aprender a dar las gracias

He leído poco de Oliverio Girondo. Tengo el tomo uno de sus obras completas y va dando vueltas, me rodea, me esquiva. Termino leyendo los mismos poemas que me gustan. Eso es lo bueno de la poesía. Que uno termina volviendo a sus páginas favoritas y no hay pecado en no terminar el libro.

Hoy estuve de asado, reunión familiar de las lindas, íntimas, en las que se va el día conversando. De regreso a casa, abrí el libraco y el título me llamó. Es justo lo que siento.

Te presento a Oliverio.

Gratitud

Gracias aroma
azul,
fogata
encelo.

Gracias pelo
caballo
mandarino.

Gracias pudor
turquesa
embrujo
vela,
llamarada
quietud
azar
delirio.

Gracias a los racimos
a la tarde,
a la sed
al fervor
a las arrugas,
al silencio
a los senos
a la noche,
a la danza
a la lumbre
a la espesura.

Muchas gracias al humo
a los microbios,
al despertar
al cuerno
a la belleza,
a la esponja
a la duda
a la semilla,
a la sangre
a los toros
a la siesta.

Gracias por la ebriedad,
por la vagancia,
por el aire
la piel
las alamedas,
por el absurdo de hoy
y de mañana,
desazón
avidez
calma,
alegría,
nostalgia
desamor
ceniza
llanto.

Gracias a lo que nace,
a lo que muere,
a las uñas
las alas
las hormigas,
los reflejos
el viento
la rompiente,
el olvido
los granos
la locura.

Muchas gracias gusano.
Gracias huevo.
Gracias fango,
sonido.
Gracias piedra.
Muchas gracias por todo.
Muchas gracias.

Oliverio Girondo,
agradecido.

Anotaciones al margen: Este poema me encanta, no sólo porque Oliverio Girondo incluye su propio nombre en el poema como objeto/sujeto poético (recurso de él y otros poetas sobre el que alguna vez voy a escribir con más detalle), sino también por la palabra "microbios", aparentemente tan ajena al discurso poético. Oliverio destruye con maestría el mito de las palabras "poéticas" y las "no poéticas". Y allí están los microbios, nomás.

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